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Análisis post mortem

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El análisis pre-mortem es, a diferencia del análisis post mortem, una técnica que se asemeja bastante al brainstorming pero en menos caótico y creativo. Sus partidarios suelen decir que consiste en examinar, de un modo anticipado, porqué un proyecto va a fallar. Se trata de aflorar ese sentimiento difuso y esa intuición de que algo va a salir mal, y verbalizar esas dudas latentes que nadie se atreve a exponer.  Pero, a diferencia del análisis forense, el  hecho que el sujeto de estudio siga vivo puede constituir un severo inconveniente.

Todo lo que puede salir mal en Cataluña, va a salir mal. El virus de la codicia ha infectado de tal modo al paciente que la fiebre le mantiene en un estado de delirio comatoso.  No sabe quién es ni donde vive; no es capaz de razonar ni de comunicarse.  Cataluña es un zombi que deambula por la calle con un cuchillo jamonero en la mano. Va dando tumbos por Las Ramblas, gruñendo incongruencias y asustando a los turistas que lo han confundido con un mimo.  La metáfora no es muy original.

Fue el 4 de marzo de 2012, en un programa de La Sexta. El catalanismo se quitó el antifaz y Jordi Pujol amenazó a todos los españoles. La bolsa o la vida, dijo, mientras otro Jordi le reía las gracias. Dos meses después de que, tal día como hoy, Mariano Rajoy abriera la puerta de La Moncloa, y en medio de la mayor crisis económica de los últimos 100 años,  el catalanismo nos prometía un choque de trenes que destruyera las vías y arruinara el tráfico.

Desde aquel día hasta el recuento de anoche, han pasado 5 años, 9 meses y 17 días. Nada ha servido para que los nacionalistas catalanes cambiaran de semblante, parecer o sensibilidad. No han manifestado ni atisbo de gratitud por el esfuerzo solidario del resto de España. No es solo que el Estado aportara el dinero del FLA y pagara los bonos patrióticos con los que los nacionalistas estafaron a los inversores en su huida hacia adelante, es que se han mofado abiertamente de las penurias que han sufrido el resto de españoles por rescatarles. El desprecio, las mentiras y los insultos racistas a los que nos tenían acostumbrados han devenido manifestaciones de odio africano y proclamas de guerra.

El daño que el catalanismo busca infligir deliberadamente a España en la escena internacional basta y sobra para que los nacionalistas deban ser considerados enemigos de los españoles. Nada se gana con mirar para otro lado, fingiendo que depondrán alguna vez su actitud hostil. No se dialoga ni razona con el enemigo: debe ser derrotado militarmente.

Si la solución al problema de los catalanes fuera tan sencilla como darles la independencia, todos seríamos muy felices. Pero, al día siguiente, tendríamos un enemigo en la frontera, intentando provocar una guerra de exterminio y forzar la intervención militar de la OTAN en suelo español. No habríamos adelantado nada, y miles de españoles habrían derramado su sangre en vano.

(A esta introducción siguen un análisis político y otro bursátil)

© Belge
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