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La Defensa Belga

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Nace al final del año 2001, o principio del año 2002. No recuerdo la fecha concreta. En su origen, su concepto era notablemente diferente. Buscaba controlar el centro del tablero y solía producir partidas largas y defensivas que superaban los 50 movimientos. La Defensa Belga actual ha evolucionado a partir de esos mismos conceptos pero, por una extraña paradoja, ahora permite jugar partidas muy agresivas y aparentemente descontroladas.

La historia de esta evolución es curiosa. Había dejado de jugar una temporada al Ajedrez, al dejar de ser gratuita la aplicación On Line.  Cuando volví a la práctica,  contra un programa de ordenador estándar, me di cuenta que era incapaz de recordar el complejo entramado de conceptos defensivos que organizaban la Defensa Belga y conseguían el control del Centro. De modo, que basándome en los conceptos que recordaba, y jugando contra la Máquina, fui reinventando la Defensa.  Y un día se produjo un pequeño milagro. Gracias a Google recuperé una partida que había subido a la Red, y de la síntesis de los viejos conceptos y de los nuevos, nacieron otros mucho más elegantes y flexibles.

El resto es solo práctica y experimentación. Un día se me ocurrió jugarla como variante de ataque, que los días de gran inspiración tiene algo de magia. Un bello juego, el Ajedrez, que nos ayuda a entender como funciona nuestro cerebro.

https://es.lichess.org/Ib0HLXBY/black    Esta sea tal vez, por su sencillez conceptual,  una de las más bonitas que he facturado en las últimas semanas. Al rival le ofrecí tablas a cambio de la ventaja de tiempo de tenía, y por consideración a su nivel ELO. Las rehusó y perdió por mate, encerrado y cazado en el centro del tablero. Merece la pena conservarla.

No conozco lo suficiente la teoría del ajedrez ni sus desarrollos modernos como para atreverme a afirmar que el concepto básico de la Defensa Belga es revolucionario. Se basa en una idea original: renunciar a controlar el centro del tablero es la manera más eficaz, paradójicamente, de controlarlo. Los números experimentos que he realizado han sido concluyentes: MENOS es MAS.  Abandonar el Centro al rival le obliga a – sin saberlo – a delatar los puntos débiles de la estructura de su propio juego. En todo momento, actuará como si hubiera un rival disputándole los escaques determinantes en SU juego.

Entre la primera versión de la Defensa Belga, que intentaba blindar el Centro, y esta última evolución, que renuncia a disputarlo, se gana en velocidad y capacidad para disfrazar los ataques en función del juego del rival, y se dominan los tiempos del juego.  Sirve lo mismo para el achique de espacios que para el juego abierto con una variante que podríamos llamar como “enroque de centro”.

(c) Belge. 23-02-2017

 

Wim Mertens

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Wim Mertens es un genio inclasificable. Lo descubrí, de sopetón, en la Grand Place de Bruxelles. Un concierto gratuito e inolvidable.

Con el paso de los años, el músico belga se está convirtiendo en un Mito Universal. El próximo 25 de noviembre toca en Murcia

 

 

¿Es buen momento para entrar en bolsa?

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(Sintaxis y gramática generativa de la operativa de futuros (IV)

Cuentan que el legendario magnate John Rockefeller se libró del Crac del 29 cuando su limpiabotas favoritos le preguntó si era buen momento para entrar en bolsa:  decidió que había llegado la hora de vender y salir. Es probablemente la pregunta más formulada en los mercados financieros: “¿Es buen momento…?”.

En bolsa, todos los momentos son iguales, pero unos son más iguales que otros. Dos evidencias empíricas, aparentemente contradictorias. A largo plazo, la suma de momentos arroja una diferencia de rentabilidad media inferior al 2%. Da lo mismo tener puntería que invertir al azar. A largo plazo, el 90% de los valores cotizados habrá desaparecido o valdrá 0.

¿Qué significa esto?  Desde el punto de vista de la lógica, algo  obvio y práctico:  el momento actual pesa mucho más que el momento futuro.  Dicho de otro modo: la tendencia NO es la amiga de los inversores, solo su amante. Y es bastante puta. El inversor que se enamora de la tendencia acaba desplumado.

La explicación lógica de este tipo de paradojas habituales es sencilla: un mercado eficiente – y la bolsa lo es – es ese universo en el que coinciden simultáneamente todas las tendencias. Todo es posible, en todo momento. Puede parecer un inconveniente, es una ventaja.

Si sabemos, empíricamente, que todos los valores cotizado acabarán valiendo 0 y que los índices distorsionan el momento actual, no se verifica el concepto de “suma cero”. En realidad, sale del mercado mucho más dinero que el que entra.  Lo que importa, de verdad, es conocer la velocidad a la que entra y sale. Buenos momentos son, por definición, aquellas fases en la que el dinero entra en bolsa con mucha rapidez y sale despacio. A la inversa, malos son los momentos en que el dinero entra a cámara lenta y sale deprisa.

De esa regla de los mercados eficientes, se deduce una estrategia básica que suele influir en las aperturas y cierres.  Los Creadores de Mercado son como los castores:  intentan regular el curso del río con pequeños diques que van construyendo sobre la marcha. Cuando el agua se estanca, sueltan una presa.

El pequeño inversor que se acerca a la bolsa debe medir la velocidad a la que entra y sale el dinero. Nunca es del todo fácil, aunque con el tiempo desarrolla una fuerte intuición.  En todo caso, el método más fiable es observar el paciente trabajo de los castores y donde van construyendo sus pequeñas presas.

A modo de ejemplo: en la sesión de  hoy, en la bolsa española,  los gestores están construyendo un pequeño dique de retención entre 9200 y 9240, al tiempo que suman posiciones compradoras en un valor tractor como Telefónica.  El objetivo es que el agua tenga suficiente velocidad como para arrastrar el Ibex hasta la zona de los 9800 puntos.

(c) Belge

 

 

Sintaxis y gramática generativa de la operativa de futuros (III)

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3. Reglas básicas para perder dinero

La operativa con futuros presenta notables diferencias con la compra venta habitual de acciones.  Si hubiera que condensar en una solo concepto la naturaleza de dichas diferencias, este sería sin duda el de asimetría entre contratos comprados y vendidos.  Por ello, se imponen una serie de recomendaciones fundamentales .

1.Perder la concentración

El mercado es un organismo “vivo” y “eficiente” que expresa su estado de ánimo  con diversas señales.  Casi nada ocurre por azar o accidente.  Cuando el inversor opera de un modo mecánico,  ya sea por  ludopatía, cansancio, rutina o tedio, deja de percibir esos pequeños avisos y se convierte en masa fácil de manipular.  Tendrá la sensación de entrar siempre a contrapié.

A diferencia del trading con acciones, en la operativa con futuros no hay margen para corregir los errores que se cometen por distracción.  Se traducen en fuertes pérdidas económicas y en la construcción de posiciones endebles, con mucho riesgo y poco beneficio.Lo primero que debe testar el inversor es su capacidad para mantener la concentración, y ajustar su operativa a sus propias facultades.  Si aguanta entero 90 minutos, no debe estar operando 8 horas seguidas.

2.Operar compulsivamente

La suma de comisiones que se paga al operar de modo diario es muy alta.  Con un 50% de aciertos y un 50% de errores en la operativa, supera el valor de la garantía en depósito.  Eso implica que el inversor compulsivo se ve obligado a “ganar” un 100% solo para compensar gastos y comisiones.  1 operación de compra venta diaria son 1200 euros al año; 2 operaciones son 2400 euros; 3 operaciones son 3.600 euros, etc.

Al operar por sistema, se incrementan el porcentaje de aciertos…y las comisiones.  3600 euros son 3.600 puntos de saldo neto al año.  Si nuestra ratio es de 70/30, necesitaremos acertar unos 7.000 puntos….para quedar a cero.   En términos, porcentuales, la ecuación sería:  0,996^n…siendo n el número de contratos.  Si n=600 (3 operaciones por día), la suma de comisiones supera el 90% del importe de las garantías depositadas.

En sentido contrario, rolar 1 solo contrato desde el 2 de enero al 31 de diciembre generaría, por volatilidad, el mismo coste estadístico (15% del IBEX son 1300 puntos) pero permite maximizar la ganancia.  Y con ello, la asimetría salta a la vista: en el primer caso mencionado, la ganancia neta tras el abono de comisiones será 0 y en el segundo, 1300 euros.

3.Informarse en los foros

Los inversores que operan con futuros y derivados no deberían leer la prensa salmón ni participar en los foros de bolsa. Ganar dinero es un trabajo a tiempo completo para el que se necesita información de calidad.  Me gusta citar un mismo ejemplo siempre:  cuando se produjo la famosa ampliación de capital de KPN, tras la OPV paneuropea, no hubo ni una sola reseña en la prensa económica durante los dos meses que duró el pulso entre los bancos intermediarios y los accionistas.

Y en los foros de bolsa, casi peor:  una serie de trolls e infiltrados a sueldo se dedicaban full time a intoxicar a los sufridos inversores con noticias falsas y mal intencionadas. Hicieron perder dinero a muchos inversores. Han pasado 15 años de aquellos acontecimientos y todo ha empeorado con la proliferación de RRSS especializadas o no.

4.Ser supersticioso

El camino siempre es el mismo.  Al principio, el inversor tiene un golpe de suerte. No sabe como lo ha hecho, pero ha ganado dinero. Luego, intenta repetir y casi lo gana. A partir de ahí, le va a ocurrir algo que le marcará de por vida: será captado por la secta del Análisis Técnico o por los seguidores del Análisis Fundamental.  En el primer caso, se volverá supersticioso y ciclotímico, y en el segundo, pesimista y fatalista; en ambos casos, acabará arruinado pero contento.

Inversores supersticiosos y fatalistas comparten una misma aversión por la teoría del mercado eficiente: creen que las cotizaciones están determinadas por fuerzas malignas que condicionan los mercados de un modo oscuro y subterráneo.  Es el miedo a la libertad de Erich Fromm. Decía Jean Paul Sartre que el hombre libre lleva el peso del mundo sobre sus hombros.  Al accionista libre le corresponde cargar con el peso de sus errores y aciertos.

El Análisis Técnico y el Análisis Fundamental no sirven ni para ganar dinero en los mercados ni para gestionar una cartera de valores. Consuelan a los inversores pero impiden aprender de los errores.

5.Seguir la tendencia

Uno de los tópicos más repetidos entre los inversores que operan con futuros y derivados es que “la tendencia es tu amiga”.  La tendencia es una característica del observador, nunca del objeto observado. No existe tendencia, existe estructura. El mercado no “va” a ninguna parte. Si tiramos 100.000 veces una moneda al aire, tenemos un magnífico gráfico con todas las figuras y tendencias que podamos imaginar.  Lo único que no conseguiremos es acertar el siguiente suceso.

Como señalamos en la introducción, el mercado es lenguaje y su estructura es de tipo: P(p(p(p(p(x))))).   Las consecuencias lógicas son varias. La más directa y evidente: para ganar dinero en bolsa hay que construir posiciones favorables.  Los arbitrajes positivos son posibles  porque el mercado es eficiente y podemos anticipar y medir el impacto de cualquier expectativa.

6.Usar Stop Loss

Una de las prácticas inversoras más difícil de erradicar es la de aplicar stop loss.  Nace de un concepto equivocado.  Como norma general, vender y asumir pérdidas en una posición determinada es reconocer un fracaso. Es el último recurso, tanto si se trata de la compra de acciones como de la inversión en futuros.

Todo sistema de trading que propicie un apalancamiento inadecuado recomendará a los incautos que extremen las precauciones y apliquen stop loss “automáticos” y “ajustados”.   Pero ¿que significa exactamente ajustado?  Un hueco (gap) de 250 puntos en el IBEX 35, bastante frecuente, equivale a 2500 euros en un Contrato de Futuros, pero  para asumir ese nivel de pérdida operativa, el inversor experimentado debe contar con un “colchón” de 120.000 euros.  Si el inversor carece de la experiencia y habilidad necesaria,  esa cantidad debería  elevarse a un mínimo de 200.000 euros. Aprender cuesta dinero.

En pocos cursos de trading le explicarán al alumnado algo tan básico como que no se deben aplicar stop loss.  Tampoco le explicarán el coste de los errores que inevitablemente va a cometer en su proceso de aprendizaje.   Si un especulador con oficio puede alcanzar una ratio de 70 aciertos por 30 fallos, el pequeño inversor que se inicia fallará 70 veces o más  y tendrá éxito en 30 ocasiones.  En el primer caso, conseguirá  250 euros netos (sobre 1350); en el segundo, perderá 2250 euros.

7.Apalancar la inversión

A menudo, los pequeños inversores desaprovechan su mayor ventaja competitiva: su tamaño.  Se dejan “comer la oreja” por los intermediarios y vendedores de cursos y acaban librando sus batallas a campo descubierto y a merced del pesado fuego de artillería.  Pequeños inversores,  pequeños ganaderos o pequeños empresarios, todos acaban por ceder a los cantos de sirena que les empujan a “ganar” tamaño.  No es ninguna casualidad:  al apalancar su inversión, el pequeño comerciante y el simple ahorrador quedan expuestos a los vaivenes y reveses de los mercados.  Pierden la capacidad de conocer, controlar y gestionar el riesgo en beneficio propio.

En la operativa de futuros, trabajar con un apalancamiento de 25, 50 o 100 euros por cada punto conduce inexorablemente a hipotecar cualquier decisión.  Para el pequeño inversor, tendría más sentido apostar en una ruleta trucada o vérselas a la carrera con unos simpáticos trileros.  Para cuando quiera aprender la primera lección,  unos traders palabreros le habrán birlado la cartera.

Al contrario que el Gestor profesional, no  tiene una agenda y unas prioridades completamente definidas y no tiene que lidiar con unos objetivos financieros casi imposibles de cumplir.  Puede hibernar en invierno,  cazar en primavera  y descansar en verano.

8.Creer en los Reyes Magos

Groucho Marx era un avezado especulador que se arruinó en el famoso Crash del 29.  De aquella experiencia  debió nacer el personaje más reconocible del artista: el divertido  y dicharachero cínico que le cuenta a los niños que los Reyes Magos son los Padres. A la mayoría de los inversores les convendría morder un lapicero, plantarse cada mañana delante del espejo, y decir aquello de:  “¿A quien vas a creer: a mi o a los que ven tus ojos?

Al pequeño inversor le cuesta mucho tomar decisiones de un modo racional.  Si tiene que elegir entre lo que le dice el bolsillo o la cuenta de resultados, y lo que sueña con ganar, se decantará por seguir  creyendo en los Reyes Magos.  Pero la indecisión, en bolsa,  es un lujo que muy pocos pueden permitirse.  La regla mnemotécnica es sencilla:  el inversor en futuros que no duda sólo se equivoca una vez.

9. Querer tener razón

Uno de las causas más frecuentes por las que se pierde dinero en inversiones apalancadas, ya sea con futuros o derivados, es por la negativa a escuchar lo que dice el mercado. Pocas veces nos está diciendo lo que queremos oír o lo que creemos que dice.  Cuando apostamos al alza o a la baja, tenemos una posibilidad sobre dos de acertar, y si estamos en racha, podemos encadenar aciertos.  Eso no significa que la lectura sea correcta.

Por algún motivo psicológico, el inversor quiere que el mercado se ajuste a sus previsiones. Le gusta tener razón. Pero que la bolsa siga el patrón que ha intuido solo corrobora la necesidad de estar alerta e identificar la siguiente pauta.

10.Operar en la apertura y cierre de mercado

Los primeros minutos de contratación y el cierre de la sesión son muy golosos para los traders con más oficio. Son capaces de anticipar algunas estrategias y aprovechar la tremenda volatilidad de los índices. Pero en la misma medida, está asumiendo unos riesgos desproporcionados. Recibir el mercado a Puerta Gayola es una de las maneras más acreditadas de acabar, antes o después, en la enfermería.

Se han llegado a registrar pre aperturas con caídas de dos dígitos. Hace justo 4 meses, el 23 de junio, los índices bursátiles batían su propio record histórico y  abrían con un descenso del 15%. Esas cornadas pueden ser fatales de necesidad. Decía Saez del Castillo que con una sola vez que nos corten la cabeza, sobra.

(c) Belge. 14/10/2016