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El peligro de las cláusulas suelo

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anticipa

Hace ahora justo 8 años, en medio de una feroz campaña de populismo demagógico, escribía e intentaba explicar lo siguiente :

“¿Qué es lo que está ocurriendo en nuestro mercado inmobiliario a tenor de la caída de los datos hipotecarios que se va conociendo?  La  obra nueva se ha parado en seco, y los propietarios están amortizando deuda a marchas forzadas, dejando en evidencia la falacia de buena parte de los estudios sobre el tan cacareado y pernicioso endeudamiento de las familias españolas. De hecho, el verdadero problema hipotecario empieza aquí. Los ciudadanos más solventes, que sostienen sobre sus espaldas al sistema financiero, perciben que la deuda más liviana es ya un riesgo insoportable por la fuerte recesión venidera. No confían en el futuro y deshacen el camino andado. Los recursos que de otro modo dedicarían a invertir y consumir, se los devuelven a  unos bancos en los que se van quedando las deudas de peor calidad. Al incremento de la morosidad y al mayor coste de los pasivos, hay que añadir ahora la previsible caída de la rentabilidad de los mejores productos financieros”.

¿Qué significa esto? Algo tan claro como que una decisión judicial estúpida, populista o escasamente meditada,  puede convertir los clientes “buenos” de las entidades financieras en clientes “malos” y potencialmente “tóxicos”.  Contrariamente a lo que pueda parecer leyendo estúpidos  comentarios en los periódicos, es buena noticia para los bancos y pésima para los clientes hipotecados.  En efecto, ninguna entidad tiene “interés” en tener “malos clientes” en cartera, de modo que crece el incentivo para que se vayan voluntariamente a otras entidades.  Esto es algo que ya estaba ocurriendo en algunas cajas catalanas con algunos clientes “potencialmente” tóxicos.  Y publicamos hace muy pocos meses la exclusiva que lo confirma.

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2016, balance de un año que terminaba en 13

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Lo mejor que podrá decirse de 2016 es que ha sido el año que hizo buenos a Vladimir Putin y Donald Trump y en el que millones de europeos  acabaron por celebrar el BREXIT.   Y desde Inlucro.org nos hemos esforzado, con más de 500 artículos, en analizar las razones y claves del desaguisado que han llevado a la ciudadanía a poner pie en pared y en decir alto y claro que no le gusta la deriva totalitaria y liberticida que llaman eufemísticamente “globalización”.

El BREXIT es sólo el punto lógico donde nos ha llevado  Alemania con su modelo de Europa de Dos Velocidades. La Europa de los Ricos y la Europa de los Pobres. La Europa Protestante del Norte y la Europa Católica del Sur.  La Europa de los Acreedores y la Europa de los Consumidores.  Demasiados intereses y demasiado poco cariño. El Proyecto Europeo, antaño un faro para la Humanidad, ha muerto de codicia.

La principal lección que nos deja el Referéndum británico es que en la Europa Marxista y  Luterana del Bundesbank todos quieren ser la excepción Suiza. Fue casi divertido escuchar como la Canciller alemana amenazaba a Londres con aplicarle el terrible estatus noruego.

La reciente y previsible elección de Donald Trump en EEUU, frente a la cínica y corrupta Hillary Clinton, ha vuelto a demostrar que en una sociedad de ganadores predestinados y perdedores contumaces es un error permitir que los ciudadanos puedan acudir a la Urnas a votar su desagrado.  El régimen nacional socialista, en cualquiera de sus variantes y bajo cualquiera de sus avatares, es absolutamente incompatible con la Democracia Parlamentaria.  La Masa necesita Chivos Expiatorios a los que sacrificar, no Representantes a los que escuchar. La Verdad solo es un recurso retórico.

Son muchas las cosas que han ocurrido en el mundo y pocas las que han resultado ser positivas.  En España, sin embargo, se han sucedido los giros políticos y golpes teatrales más inesperados. En resumen: es un verdadero Milagro que no estemos igual que Grecia,  convertidos en un Protectorado alemán, con un líder marxistóide pastoreando al rebaño.  La inspiración divina y el temple que dan años de experiencia política ayudaron a Rajoy a buscar la distancia exacta a meta. Por suerte para España y sus descendientes, un fogoso Pablo Iglesias lanzó demasiado pronto el sprint y un taimado Felipe González no dudó en tirar a la cuneta al marrullero Sánchez.

Si en 2015 finalizaba con una Rusia que parecía aislada y derrotada diplomáticamente,  el año que acaba certifica que Rusia ha vuelto como Potencia Militar a la escena internacional, poniendo punto final a la guerra en Siria.  No es una circunstancia menor, como demuestra el autogolpe de estado que dio Erdogan en una Turquía cada vez más inestable y preocupante.

En los mercados, los monetaristas y falsificadores de moneda siempre parecen a punto de culminar su golpe de mano contra el Valor. 2016 ha sido otro ejercicio más lleno de volatilidad en la que el BCE y el Bundesbank han manipulado a su antojo las cotizaciones por el procedimiento de generar expectativas y brindar una generosa contrapartida a los especuladores e intermediarios oficiales.

A pocos economistas les quedan dudas sobre la gran estafa que son los tipos negativos.  2016 queda como el año en que la Justicia sentenció que se manipuló y condicionó el mercado interbancario durante la crisis subprime para favorecer la posición de los acreedores y de los países del Norte. Conspiraron para provocar la fuga de capitales desde el Sur, estigmatizados como PIGS, hacia los bancos de un Norte especulador y quebrado. La moraleja es evidente: difícilmente se va a construir nada positivo en el continente con esos mimbres.

 

 

El Consejo de Ministros aprueba hoy un corralito de 1000 euros

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Guerra sucia al efectivo. La medida anunciada por Cristobal Montoro, y que aprobará hoy el Consejo de Ministros,  es un sindiós económico, moral y financiero. Es, con toda probabilidad, una medida anticonstitucional. El papel moneda, fiduciario por esencia e imposición de los gobiernos desde hace algo más de 100 años, no es nominal: es dinero al portador y no crédito.  En la obra literaria de Emilio Zola, pródiga en denuncias sociales, aparece esa figura del empresario esclavista que obliga a los obreros a gastarse el sueldo de miseria en sus propios almacenes.

La comodidad de pagar con tarjeta de crédito o débito es muy relativa: cualquier consumidor que haya tenido que devolver un producto defectuoso conoce los inconvenientes, al margen de las comisiones, de los límites de disposición o de que no funcione en los momentos más inoportunos. Todas estas cosas ocurren con mucha frecuencia, solo que nadie les da mayor importancia.

A través del burdo y cínico pretexto de luchar contra un inexistente fraude fiscal, las castas políticas y empresariales pretenden cercenar la libertad política, económica y religiosa de los individuos. El IVA es un impuesto que nunca ha funcionado como tributo: en los diversos países europeos solo se recauda un 5% escaso del PIB REAL, a pesar un tipo que se ha generalizado por encima del 20%.  En España, para más inri, la corrupta organización territorial permite que regiones enteras como Cataluña no solo no liquiden nada, sino que se apropien del IVA pagado en otras comunidades autónomas.  Si el gobierno pretendiese realmente luchar contra el fraude fiscal, aplicaría el artículo 155 de la Constitución e intervendría  la economía en toda la franja mediterránea.

Limitar a 1000 euros el pago en efectivo supone, en la práctica, imponer un corralito. Apuntan en esa dirección los datos sobre salidas de capital en octubre y noviembre. Con la victoria de Donald Trump se han disparado la prima de riesgo en diversos países de la eurozona: inquieta la política monetaria de los republicanos y su propósito declarado de poner fin a la estrategia de Deflación.

Pero, al margen de estos apuntes financieros bastante evidentes, imponer un límite de 1000 euros a las transacciones comerciales es absurdo y contraproducente.  ¿Qué consumidor en su sano juicio va a comprar un portátil, un televisor o  un electrodoméstico sin factura ni garantía?  Y en sentido contrario: ¿Qué consumidor racional va a pedir una factura en la adquisición de un producto de segunda mano?  Se incrementará el fraude  y el consumidor estará más desprotegido. El mercado de segunda mano no solo es una válvula de escape para las economías más precarias, sino que facilita la venta de mercancía nueva.

 

La paradoja anterior se puede ilustrar con unos sencillos ejemplos. Nadie compra un coche nuevo si antes no vende su coche usado.  Cualquier concesionario conoce esa lógica: no es tanto que se pague con cierta generosidad el valor residual del vehículo, sino que se remueve un obstáculo infranqueable.  Los 10.000 km que el conductor puede recorrer con su viejo coche siempre le van a costar la mitad que con un coche nuevo.  Si en la práctica no se puede vender, solo queda la opción de amortizarlo.  Y lo mismo ocurre en el sector inmobiliario, si no se consigue dar salida al piso de segunda mano.  Penalizar ese tipo de transacción natural solo conduce a deprimir el consumo y favorecer la importación de mercancía en detrimento de la producción local.

© Belge. 02/12/2016