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La estafa del Euro explicada a un matemático

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¿Se manipuló la Contabilidad Nacional en España para forzar la adhesión de nuestro país a la Unión Monetaria? La pregunta no es retórica: surge al comparar las series estadísticas que aparecen en anuarios y publicaciones académicas con las cifras macro económicos que se pueden consultar en distintas bases de datos en Internet. ¿Por qué motivo no son congruentes?  Para muestra un botón: los 82.650.263 millones de pesetas que anota Fernando Carrasco para el PIB de 1998 en su estudio sobre Consumo y Precios  pasan a ser 554.024 millones de euros (92.181.837 millones de pesetas) para la excelente web datosmacro.com.

El PIB de España se multiplica por tres desde que se implementa el Plan de estabilización de 1959 hasta 1968  (de 665.236 a 2.079.630 millones de pesetas).  Es un periodo de fuerte crecimiento, con una inflación de dos dígitos.  Entre 1969 y 1978, con mayor inflación,  el PIB se multiplica 5,42 hasta los 11.284.995 millones de pesetas.

Con la aprobación de la Constitución y los Pactos de La Moncloa, el PIB de la economía española se incrementa cada año en unos 3 billones de pesetas, hasta alcanzar los 40.158.739 millones de pesetas en 1988. Ese ritmo se incrementa de media hasta los 4 billones anuales en la siguiente década. En 1998, el PIB de España suma  los 82.650.263 millones de pesetas mencionados antes.

En 1998, se aprueba definitivamente la paridad fija con la que España entrará a formar parte de la Unión Monetaria. 166,386 pesetas por euro.  A partir de ese mismo momento, empiezan a ocurrir muchas cosas en España, tanto en el ámbito institucional como en su economía y contabilidad.  Y en 2008, la citada web reporta que el PIB de España alcanzaba 1.116.225 millones de euros (185.724.213 millones de pesetas).

Raro es, por ejemplo, que entre 1999 y 2008 España incrementara su PIB en más de 103.000.000 millones de pesetas con una inflación inferior al 3% anual, una tasa históricamente baja que no se había experimentado en España desde las primeras décadas del siglo XX.  El PIB de España se incrementa cada año en 10 billones de pesetas.  ¿Qué ocurre en 1999 en la economía española para que su crecimiento se duplique?

Raro, pero no menos que lo que ocurre en la legislatura 2008/2011.  Si entre 1998 y 2008, un 40% de crecimiento oficial logra duplicar el PIB, el colapso mundial que provoca la crisis subrime y la fuerte recesión en nuestro país solo le resta 46.000 millones de euros al PIB de España. Finaliza 2011 en unos milagrosos 1070449 millones de euros.

PIB 1898-2017

Periodo Variación del PIB a precios de mercado Incremento anual del PIB a precios mercado
2014 – 2017 3,4% + 4 billones
1898 – 1920 2,05%
1921 – 1935 2, 62%
1936 – 1950 0,52%
1951 – 1959 5,82% + 0,03 billones
1960 – 1975 6,13% + 0,3 billones
1976 – 1985 1,62% + 2 billones
1986 – 1998 3,37% + 4 billones
1999 – 2008 3,77 % + 11 billones
2008 – 2013 – 2,1% – 3 billones

Series Históricas Españolas 1898 a 1998 de Julio Alcaide Inchausti

Como se aprecia en la serie histórica de Alcaide, publicada en el año 2000, antes de la conversión al Euro, las cifras y magnitudes difieren y revelan que se produce una anomalía entre 1999 y 2008 coincidiendo con la puesta en marcha de la Unión Monetaria. Podemos entender la actualización de los precios de productos y servicios, incluidos los impuestos, pero no es posible sostener que se incrementara la masa salarial en esas mismas proporciones.

Recordemos que el PIB es el valor monetario de los bienes y servicios producidos en un país en un periodo determinado, y se puede expresar como la suma del Consumo de las Familias, el Consumo de las Administraciones, la formación neta de Capital  y la diferencia entre Exportaciones e Importaciones. Y si por algo se caracterizó el periodo 2001-2008 es por el disparatado crecimiento del déficit comercial, que llegó a restar casi 100.000 millones de euros por año.  Sube con fuerza la presión fiscal, cae el ahorro nacional y la economía española se apalanca a crédito para sostener el Gasto en euros.

En 2007 y 2008, como hemos explicado tantas veces, la suma de los impuestos que pagan las familias y empresas españolas (entre 70 y 75 billones de pesetas) compromete una proporción del 83%  del PIB consolidado a finales del siglo XX.  Esto significa que, dependiendo de como le haya ido a cada individuo en la Feria del Euro, y de la peculiar evolución de su estructura de Gastos y de Ingresos, la presión fiscal que padece puede situarse muy por encima de la media oficial.  Eso significa también que, durante ese periodo de desbarajuste contable,  el peso del Gasto Público recayó sobre una parte de la sociedad que no coincide necesariamente con aquellos estratos o regiones que se beneficiaron de un extraordinario incremento de sus ingresos recurrentes y beneficios.

Esa situación, manejada por Zapatero y sus aliados de ERC, se tradujo en un considerable incremento del Déficit Público Real, por encima del 15% del Gasto, con el objetivo nada inocente de mantener la “ilusión contable”.   Es lo que definimos en su día como proceso de transferencias encubiertas.  Entre 1999 y 2008, engordaron el PIB en cerca de 60 billones de pesetas y, a resultas de ello, una región como Cataluña, que representa el 20% PIB, pasó a recibir el 20% del Gasto Público Real, compuesto por Gasto Público Presupuestado y la Deuda Pública Diferida.  Una diferencia de hasta 600.000 millones de euros en 8 años.

El principal corolario de este análisis es que España habrá superado definitivamente la crisis provocada por la entrada en la Unión Monetaria Alemana en el año 2020, pero no sin secuelas políticas, económicas y psicológicas. La principal de ella es, sin ninguna duda,  la gran fractura social que ha originado tanta codicia y engaño mal disimulados. Tardará una generación entera en cicatrizar.

(c) Belge

Evolución de la estructura económica de población en España

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La mal llamada economía capitalista, que debería definirse como economía urbana, se puede analizar como una función del crecimiento de la población de consumidores dependientes. Esto se debe, por pura lógica, a que en un entorno urbano masificado el porcentaje de la población que precisa de mediación para su supervivencia tiende al 100%. De ahí emana la imagen o concepto de ideología concentracionaria que usamos en ocasiones para definir ese modelo económico. En un entorno rural tradicional y universal, el grado de soberanía personal y colectiva determina determina un coeficiente de mediación comprendido entre 0 y 1.

No es algo obvio. La mayoría de economistas, pensadores, filósofos, políticos y militares que han reflexionado sobre estos temas, preocupados por el “atraso” de España, siempre se ha visto deslumbrada por el fuerte desarrollo de las sociedades industriales “militarizadas” del Norte de Europa. El fuerte incremento de la población, confinada en pequeños espacios urbanos, provoca cambios profundos en la manera de vivir y de pensar.

Como buen iconoclasta que no renuncia a pensar por su cuenta, entiendo que la función de crecimiento concentracionario es muy engañosa, porque un coeficiente de mediación próximo a 1 (100%) implica un cambio de naturaleza religiosa que aboca al nihilismo y a la destrucción. No es un argumento nuevo en la naturaleza: la población de ratas en un entorno favorable tiende a crecer de un modo exponencial hasta que el medio deja de ser propicio. Entonces, su población colapsa de golpe. Se desatan guerras y las madres abortan su descendencia.

La lucha competitiva de los individuos por el reparto de víveres en un metafórico Campo de Concentración no constituye un “mercado”.  Como todo el mundo sabe, “mercado” era en sus origen no metafórico un espacio en el que unos agricultores, ganaderos y artesanos soberanos venían a intercambiar sus pequeños excedentes de producción. La lucha competitiva se asemeja al reparto reglado de un botín entre los supervivientes de un ejército en campaña. En uno y otro caso, las reglas de supervivencia y la lógica “religiosa” son muy diferentes.  El pequeño productor cree en la “libertad” y confía en los beneficios de un “mercado abierto”.  El soldado o mercenario es un nihilista que busca quedarse con la mayor parte del botín y busca la destrucción del mayor número de competidores.

La actual estructura económica de las distintas regiones en España viene determinada por el crecimiento de su población. Pero, a diferencia de lo que ha ocurrido en grandes países del entorno, como Francia, Alemania y Reino Unido, en nuestro país dicha evolución no ha sido un fenómeno natural ni equilibrado. La mayoría de los analistas basan sus razonamientos en tópicos y mitos demográficos. Así, la despoblación de la España Interior no es progresiva a medida que la economía se moderniza, sino que se origina de golpe con la aprobación de las Leyes de Concentración Parcelaria. El peso conjunto del interior de la península entre 1857 y 1953, sin Madrid Capital,  varía del 39 al 38%, pero cae al 25 % en 1975 y al 20% en 2001 y al 18% en la actualidad.

En el siguiente cuadro, se aprecia mejor esa evolución.

Región 1857 1900 1920 1930 1940 1952 1965 1975 1990 2000 2017
Andalucía 18,9 18,8 19,3 19,4 20 20 18,6 16,8 17,9 18,3 18,2
Aragón 5,7 4,9 4,7 4,4 4,1 3,9 3,4 3 3 2,9 2,8
Asturias 3,4 3,4 3,6 3,5 3,3 3,2 3,1 3 2,8 2,7 2,2
Baleares 1,7 1,7 1,6 1,6 1,6 1,5 1,5 1,7 1,8 2 2,5
Canarias 1,5 1,9 2,2 2,4 2,6 2,9 3,1 3,6 3,8 4,1 4,6
Cantabria 1,4 1,5 1,6 1,5 1,5 1,4 1,4 1,3 1,3 1,3 1,2
Castilla Mancha 7,8 7,4 7,6 7,7 7,4 7,4 5,9 4,6 4,3 4,3 4,3
Castilla León 13,5 12,5 11,2 10,8 10,5 10,3 8,7 7 6,6 6,2 5,2
Cataluña 10,7 10,6 10,8 11,4 11,1 11,5 13,7 15,6 15,6 15,3 16,1
Extremadura 4,5 4,7 4,8 4,8 4,8 4,9 4 3 2,7 2,6 2,3
Galicia 11,5 11 10,7 10,3 10 9,6 8,4 7,6 7,1 6,8 5,8
Madrid 3,1 4,1 4,8 5,4 6 6,5 9,3 11,8 12,8 12,8 13,9
Murcia 2,5 3,1 3 2,7 2,8 2,7 2,5 2,4 2,7 2,8 3,2
Navarra 1,9 1,7 1,5 1,5 1,4 1,4 1,3 1,3 1,3 1,3 1,3
País Vasco 2,7 3,2 3,6 3,7 3,6 3,7 4,9 5,6 5,4 5,2 4,6
Rioja 1,1 1 0,9 0,9 0,9 0,8 0,7 0,7 0,7 0,6 0,6
Valencia 8,1 8,5 8,1 8 8,4 8,2 8,6 9,2 9,9 10 10,7

De la integración social al desequilibrio territorial y presupuestario

El análisis de la realidad demográfica de España y su evolución histórica no deja lugar a dudas. Al elegir un modelo “europeo” de sociedad “militarizada”, la principal conclusión es que bajo el eufemismo de “polos de desarrollo” se esconde una ideología que promueve la desertificación del territorio.  Si al finalizar el siglo XVIII, antes de la invasión de las tropas de Napoleón, se observa una distribución de la población relativamente homogénea  en todas  las provincias, al finalizar el siglo XX se aprecia con nitidez que al menos 15 provincias han sido despobladas por debajo del 0,5% y envejecidas por encima de la media nacional.

La estructura de la población tiene una importancia fundamental en una economía en la que el peso del sector Servicios, financiado a fondo perdido desde los Presupuestos del Estado, representa hasta un 70% del PIB y del Empleo.  El ejemplo más evidente es el de la Cataluña de los años 1998 y 1999, estancada en 6 millones de habitantes, que responde al crecimiento demográfico de Madrid llegando a un acuerdo migratorio secreto con Marruecos.

Al margen del problema político específico que ha generado la polémica decisión demográfica de Jordi Pujol de dopar el censo de Cataluña con una inmigración de origen marroquí, se ha generado un monstruoso desequilibrio territorial que ha agravado el déficit de recursos existentes. La población que reside todo el año en la franja más turística del Mediterráneo supera los 20 millones de habitantes, con una población activa empleada que no alcanza los 6 millones de trabajadores.

Para sostener el negocio del Turismo, se financian y mantienen onerosas infraestructuras, se suministra agua y energía por debajo de los costes de producción, se pagan los abundantes intereses de la Deuda Pública que origina la importación de un petróleo caro, se subvenciona el empleo temporal y se consiente el fraude fiscal de los empresarios locales.  En esas circunstancias específicas, el Gasto Público por Persona Pasiva supera los 20.000 euros al año, frente a una media nacional de 14.000 euros.

El crecimiento económico de Madrid, como polo de desarrollo, no compensa los problemas sociales que provocan la pérdida de peso específico de la región castellana y el sobrepeso de una Cataluña desfigurada por el nacionalismo político más radical. Del equilibrio milenario entre las 4 o 5 grandes regiones de la Península Ibérica hemos pasado a un predominio artificial y agresivo de un área de menos de 50.000 km2. Y lejos de servir para impulsar el crecimiento económico conjunto de la nación, y crear empleo, está propiciando deflación y déficit público.

La España Vacía y el problema catalán

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La despoblación, el catalanismo y la crisis económica son tres objetos políticos relacionados entre sí. Las frías estadísticas y el estudio histórico del censo de población bastan para desmontar muchos tópicos y constituyen el mejor antídoto contra el veneno de algunos debates actuales. Así, hablar de España Vacía  es una manera ladina de desvirtuar el concepto de “despoblación”, eliminando su dimensión política. La “despoblación” de vastos territorios históricos pasa a ser una fatalidad evolutiva que descansa sobre nuevos enfoques de la Economía Productiva. Argumentarán que la pobreza del suelo de algunas regiones y las dificultades de su orografía explican esa evolución demográfica, los mismos editores que pasan por alto que la mitad del territorio catalán es montañoso y que sus comunicaciones naturales son pésimas. La población que reside de facto en esas cuatro provincias ha pasado de representar un 10,6% en 1900, un 11% en 1952 a un 19,4% en la actualidad. En sentido contrario, ambas Castillas que alcanzaban un 20% relativo a finales del siglo XIX, hoy pesan menos del 10% y presentan tasas de envejecimiento superiores a la media nacional.

Todo se puede argumentar desde la retórica, pero el hecho incuestionable es que por cada persona activa que genera ingresos hay 3,3 personas pasivas que solo generan gastos. Ningún modelo económico permite justificar semejante déficit estructural. Hablar de la geografía para justificar según qué decisiones políticas, es olvidar que la naturaleza de Israel, una de las economías más prósperas del Mediterráneo, es completamente inhóspita. Por no hablar de las fastuosas obras de ingeniería que están cambiando la desértica península arábiga. Un país privilegiado como EEUU ofrece, en la mayor parte de su rico territorio, una densidad de población inferior a la de Castilla y León.

La relación entre el mundo rural y el mundo urbano constituye una obsesión patológica para todos los políticos y economistas de la Escuela Marxista. La NEP (Nueva Política Económica) de Lenin y Stalin consistió en intentar vaciar los campos de Ucrania y Bielorrusia, llenando los cementerios. En la República de 1936, controlada por el Partido Comunista y los nacionalistas catalanes, millones de habitantes de las zonas rurales de Castilla, Extremadura, Andalucía y Aragón, en menor medida, fueron forzadas a desplazarse a Madrid, Levante y Cataluña. Mujeres y niños se pasaron los tres años de la Guerra Civil trabajando en fábricas, almacenes, casas y campos, antes de poder regresar a sus pueblos. No existen cifras ni estudios sobre aquella peculiar realidad económica.

El problema del nacionalismo catalán, que acaba de reventar como un grano infectado de pus, no es otro que el de la manipulación demográfico del territorio nacional y el control de los Presupuestos Generales del Estado. No es inocuo que tres regiones como Cataluña, Levante y Baleares, que ocupan poco más de 60.000 km² (12%), hayan pasado a estar pobladas por un contingente de 18 millones de residentes en el que trabajan poco más de 5 millones de ciudadanos. Toda la actividad económica que gravita alrededor del Sector Turístico deja una gran riqueza a las élites y empresas locales, pero se salda con un monstruoso déficit público para el resto de regiones a las que han cortado el acceso al mar.

De 1900 a 2017, el peso de la Agricultura y de los Servicios en el PIB se ha invertido desde un 66 a un 8% en un caso, y desde el 17 al 66% en el otro. ¿Se desconocía esa tendencia en 1976 cuando se definen y acotan las 17 regiones que componen el Territorio? Es imposible. Las dados estaban marcados. La economía terciaria depende básicamente de dos factores: el perímetro de población (consumidores y contribuyentes) y los Presupuestos Generales del Estado. La España Interior, que pesaba un 33% en 1900, se ha visto reducida a la mitad, al mismo tiempo que veía su PIB mermado por la necesidad de suministrar recursos a las ciudades por debajo de costes. Más que vacía, es la España vaciada y descapitalizada.

La Obra Residencial, y los Servicios que de la Construcción dependían fueron la tabla de salvación de esas 4 CCAA pobres sin acceso al mar en los 80 y 90. Pero en el siglo XXI, el nacionalismo catalán declara la guerra al sector constructor y con ello sabotea todos los esfuerzos por fijar población en muchos municipios. Sin Industria subvencionada, sin turismo de masas, sin actividad constructora, sin transferencias de dinero público a fondo perdido, con una producción agraria perjudicada por las importaciones, la economía de la España “vacía” languidece por falta de consumidores.

En una sociedad de consumo, como la que impera en la actualidad, hasta los marxistas de libro reconocen que cada ciudadano es un consumidor que alimenta el engranaje económico de la Globalización.  Los comisionistas han impuesto sus tesis mercantilistas y monetaristas, en detrimento de la lógica económica del mundo rural.  Una vez cortado ese cordón umbilical, las sociedades más pobladas son las que más crecen. Podría definirse ese inminente patrón de crecimiento como “nominalismo económico”.

El siguiente cuadro muestra la evolución de las magnitudes demográficas en los últimos 70 años de vida de España, y su correspondiente déficit de población activa financiado desde los PGE.

  Renta Interior Bruta (MM ptas) 1954 Renta Interior Bruta (MM ptas) 2001   Población 1954 Población 2001 Empleo 1954 Empleo 2001 Déficit Estructural
(Pasivos) 2001
Castilla y León 35.754 MM ptas 4882348 MM CyL 2.865.705 ha 2.458.391 ha 1.134.266 920.269
Castilla la Mancha 19.172 MM ptas 2818869 MM CLM 2.018.225 ha 1.719.756 ha 735.392 599.019
Extremadura 11.573 MM ptas 1592124 MM EXT 1.373.181 1.069.098 496.811 350.582
Aragón 15.722 MM ptas 2833356 MM Aragón 1.100.393 1.176.814 462.609 501.016
España Interior 82.221 MM PTAS 12.126.697 MM España Interior 7.357.504 6.424.059 2.829.078 2.370.886 4.053.173 (-)
Cataluña 79.047 MM PTAS 16694573 MM Cataluña 3.493.769 6.204.987 1.501.571 2.655.998
Valencia 38.493 MM PTAS 8498595 MM Valencia 2.367.183 4.083.902 1.072.296 1.549.903
Baleares 7.212 MM PTAS 2424474 MM Baleares 430.185 851.033 184.844 364.383
España Mediterránea 124.752 MM PTAS 27.617.642 MM Arco Mediterráneo 6.291.137 11.139.922 2.758.711 4.570.284 6.569.638 (+)

Las conclusiones son demoledoras.  En el año 2001, cuando España abandona la peseta y se dispone a adoptar el Euro, el problema catalán ya es latente y evidente. Existe un fuerte déficit estructural, provocado por el incremento artificial de población en tres regiones del Mediterráneo.   Los nacionalistas se disponen a plantear un cuestión económica y una cuestión política. Arranca la Hoja de Ruta del Independentismo.

Desde 2001, la población de Cataluña ha seguido creciendo en 2 millones de habitantes, gracias a los acuerdos secretos que firma Jordi Pujol con el Reino de Marruecos. A su vez, la población de Valencia y Baleares se incrementa en más de 1 millón de habitantes.  Por lo tanto, puede decirse que, cuando estalla la Crisis Subprime, en 2007, su población conjunta supera los 14 millones de habitantes y el déficit estructural de población activa roza los 9 millones.  Es decir: 9 millones de ciudadanos, sin contar con los turistas, viven exclusivamente del Gasto Público financiado por los PGE.

Pero ese contingente de población excedente no vive de cualquier manera. Su nivel de vida viene determinado por el entorno turístico y corresponde a un patrón de consumo que se puede calcular con precisión. Le cuestan al Estado un mínimo de 20.000 euros per cápita, que se suma al propio gasto que ocasionan los turistas (30.000 MM de euros en esas regiones).  En total, un déficit público estructural, ligado al crecimiento artificial de la población, de más de 200.000 millones de euros.

En el periodo 2007-2014, de fuerte destrucción de empleo y de salida de capitales hacia Alemania, el déficit estructural de Cataluña, Valencia y Baleares, le cuesta a España engordar su Deuda Pública con la friolera de 1,5 billones de euros.

La tentación del nacionalismo catalán era tan previsible como obvia: intentar poner los contadores a cero, para luego proceder a expulsar de aquellas regiones a inmigrantes y “españoles”.

El Teorema Tricheto. 10 años después

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“Naturam expellas furca, tamen usque recurret”. El argumento, atribuido a Horacio, ha dado mucho juego literario. “Chassez le naturel par la porte, il reviendra para la fenêtre”.  La esencia lógica de la realidad surte consecuencias, aunque no sepamos verlas o nos esforcemos por maquillarlas. Es solo cuestión de tiempo que lo que es inevitable ocurra inexorablemente. La trampa de liquidez, que Keynes definía como el grado cero de la apetencia inversora, no es tanto una preferencia por el dinero al contado como una aversión al riesgo. Es un vano intento de retener el valor de dinero frente al des-crédito de la moneda que provoca la Deflación.

En los 12 años que han transcurrido desde que en mayo de 2005 formulé el Teorema Tricheto para burlarme de los monetaristas y alertar de la enorme crisis sistémica que iban a desencadenar, todo el mundo ha podido comprobar que de la Deflación a la Guerra solo hay un paso. Las consecuencias financieras, políticas y religiosas de la Crisis Subprime, que hemos glosado todos estos años, son manifiestas en todo el mundo. Las economías del imperio anglosajón de la Triple A lograron sacar la cabeza del agua para respirar, pero ha sido al precio de provocar un tsunami de liquidez, sin parangón en la Historia de la Humanidad, que ha dejado sin nervio el tejido productivo de muchas regiones del planeta. En tan solo una década, la globalización ha dejado de ser una tendencia irresistible del comercio para devenir un espacio político cerrado en el que prima el control social de la población.  Los malos sueños de la ciencia ficción hace 50 años buscan hoy los cauces y subterfugios legales para implementarse.

La Resaca monetaria, que ya anuncian con gran cinismo distintos centros de poder, dejará al descubierto toda la miseria humana de unas sociedades inermes, que han renunciado a todo a cambio de nada. La deflación ha metabolizado el miedo y la codicia de toda una generación en un sálvese quien pueda que preludia convulsiones y agitación política. Con la excusa de luchar contra la inflación, la FED y el Bundesbank han intervenido y monetarizado cualquier reducto de rentabilidad empresarial.  La suma de los bonos emitidos con tipos de interés negativo se acerca ya a los 10 billones de euros, una cantidad superior a la Deuda Pública de Alemania, Reino Unido, Francía, Italia y España. No existe ningún negocio privado que pueda rivalizar con la rentabilidad que ofrece la impresión y distribución de dinero. No es invertir capital disruptivo, en los nuevos sectores de la economía digital: es blanquear falsa moneda, a secas.

Con la voladura controlada de Lehman Brothers, el Imperio de la Triple A emprendió una loca huida hacia delante que está transformando la mayoría de los paradigmas conocidos. Pudo optar por intentar enjugar los excesos financieros y estabilizar el comercio mundial, pero eligió experimentar la perversa lógica de los tipos de interés negativos y comprometer cualquier atisbo de soberanía. Las mentes pensantes de la Globalización Monetaria fingen desconocer que la Deflación es la principal característica económica de las guerras.

 

En paralelo al discurso oficial,  han reintroducido en el sistema financiero un nuevo Patrón Oro, que permite atesorar valor de forma segura.  La creación de criptomonedas como Bitcoin, mediante la tecnología blockchain, garantiza a sus tenedores un número finito de unidades, que depende de la capacidad de superordenador para descifrar algoritmos cada vez más complejos.  El “trabajo” individual de buscar un metal tan escaso como el oro, de distribuirlo y custodiarlo, ha sido sustituido por la capacidad de producir la mayor cantidad de energía eléctrica del modo más barato.  Casualidad o no, la primera criptomoneda, bitcoin, es concebida pocas semanas después de caer Lehman Brothers como consecuencia de la Crisis Subprime.

En última instancia, el valor de Bitcoin o de cualquier otra criptomoneda depende de la capacidad de EEUU y de sus aliados de mantener en funcionamiento una Red segura. Pero dicha tesis debería interpretarse al revés: la Red depende, en realidad, de que EEUU no quiera destruir militarmente las comunicaciones de un país o una región.  Nadie puede atesorar individualmente un Bitcoin, porque no es un Estado representado de forma democrática el que garantiza la soberanía monetaria en función del interés general. La tecnología blockchain recuerda mucho de los conceptos que manejaba Henri Bergson sobre la Memoria Colectiva. Lo que olvidan decir sus partidarios, o ignoran, es que la información desaparece cuando el grupo se desintegra.

El fin de la política monetaria acomodaticia de la FED, del BCE y del BOJ, y la subida de tipos de interés, traerán consigo un desplome de los activos financieros y una subida ciega de los precios. Las circunstancias políticas de tal acontecimiento son fáciles de imaginar: de seguir adelante el BREXIT, un episodio de hiperinflación quedaría enmascarado por una nueva crisis del Euro y la vuelta de París al Franco francés.

 

(c) Belge