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El ladrillo superó a la bolsa entre 1995 y 2015

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Memoria histórica de la economía. El gran debate político en España no es ideológico: es inmobiliario. Los ciudadanos españoles entienden, intuyen o barruntan confusamente que han sido manipulados y engañados por el runrún de los medios de comunicación en la última década. Esa sospecha acaba, por lo general, cristalizando en forma de pregunta o inquietud de naturaleza financiera o contable. ¿Ha sido y sigue siendo más rentable y provechoso comprar la vivienda o vivir de alquiler y destinar el excedente de recursos a la inversión financiera, en cualquiera de sus modalidades? La respuesta es contundente.  A pesar de ello, el debate y la confusión duran ya 20 años.

El valor más solvente de la Bolsa Española, y el preferido por la clase media como recordaba uno de nuestros usuarios, fue siempre el Banco Popular. Hasta el año 2006, el trato al accionista minoritario, difícil de mejorar, y la rentabilidad financiera a partir de 1990, difícil de superar.  1 millón de pesetas ahorradas e invertidas el 2 de enero de 1995 en la adquisición de 1000 títulos del Banco Popular Español se han convertido hoy en 2700 euros. Se puede calcular con facilidad si la suma de dividendos abonados y la resta de impuestos liquidados compensa la diferencia, pero de entrada se constata de un simple vistazo que la rentabilidad financiera acumulada ha sido mediocre y posiblemente negativa. Otros muchos valores, de peor calidad y trayectoria, sencillamente han desaparecido con los años, quebrando los sueños y el bolsillo de los inversores.

Un estudio ya antiguo de la Universidad de Navarra revelaba que la rentabilidad media de los Fondos en España se situaba ligeramente por debajo del retorno de los humildes y conservadores FIAMM, debido a los errores de gestión y al cobro de comisiones. Lo mismo podría decirse de la gestión directa de una cartera de acciones por parte de los particulares. Un periodo de 20 o 25 años es tan dilatado que da tiempo para cometer muchos errores y caer en la tentación de la codicia y del dinero fácil de multiplicar. Sumando errores y aciertos, y pagando siempre impuestos y comisiones, es muy difícil (por no decir imposible) que los particulares e inversores minoritarios puedan mejorar el target de los gestores profesionales.

La inversión inmobiliaria es harina de otro costal. 1 millón de pesetas ahorradas e invertidas el 2 de enero de 1995 en la adquisición de la vivienda habitual se han convertido en 9.000 euros, tras 7 años de deflación, ajustes económicos, y fuertes recortes en el sector constructor. La suma de alquileres ahorrados al comprar la vivienda equivale en 20 años al importe de la inversión inicial. De modo que en ese periodo, en que el retorno de los mejores instrumentos financieros ha sido 0 o negativo, la rentabilidad anual neta media compuesta de la inversión inmobiliaria ha sido del 4,7%.  A pesar de la crisis económica reciente, y de los excesos crediticios manifiestos de los últimos 10 años, el “ladrillo” le gana por goleada a cualquier modalidad de inversión financiera y bancaria.

(c) Belge.  In Lucro.