Los 7 pecados capitales del terrobajismo

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ZP se ha quitado de en medio. Tras un año de dura campaña electoral, se toma su merecido descanso hasta septiembre. Ha dejado de guardia a otros para poner buena cara al mal tiempo, y lidiar con los temas de menor enjundia. La crisis terrobajista causa estragos y cada vez resulta más difícil prometer un mañana risueño con cara de póker. Solbes lo sabe y hace lo que puede. No hay que hacer sangre de quién no aprovechó nunca la coyuntura favorable para echar las campanas al vuelo y atribuirse méritos. A un político así hay que tenerle ley, como dice Sabina.

Los otros, lo que no supieron defender como políticos, lo lloran ahora como terrobajistas. ¡Será por circunstancias atenuantes! Frente a las inclemencias del tiempo, ¡se han puesto a rezar los muy cobardes y ateos! Virgencita, virgencita… Cuando en 1996 se abrieron de par en par las puertas de la inmigración ilegal, miraban para otro lado con pose torera… Cuando se trucaba el IPC y se marcaban las cartas, negociaban contrapartidas personales para su silencio… Cuando se congelaban los salarios, aceptan sin pensárselo dos veces el mal menor… Cuando por fin les robaron las elecciones en Madrid, en lugar de plantarse con pose torera, negociar una salida digna al embrollo electoral, o elegir el mal menor, se achicaron, se retiraron a rumiar su frustración y ocultar sus vergüenzas. De todos esos polvos, estos lodos.

Tengo para mí que es un auténtico milagro que la economía española haya aguantado una campaña de acoso y derribo que ha durado 5 años. Al promotor cobrando, y con el mazo dando. Como en el monólogo del panadero argelino del genial e irrepetible Raymond Devos. Tanta calumnia aguanta el hombre, que acaba regresando a su país dejando al maldiciente pueblo francés sin SU pan. Hacer puntería con las tejas de nuestro tejado, que diríamos por aquí, no es afición exclusiva de los españoles, claro está, aunque sí solemos hacerla a destiempo aprovechando que los demás hacen de su capa un sayo.

Lo del aterrizaje suave era una manera de esconder un as en cada manga. Frente al certero reproche de que el parón inmobiliario pondría en grave riesgo los ingresos del estado y el mismo empleo de las gentes más humildes, pareja de ases. Nadie quiere la muerte de promotor, digo pecador, pero es necesario forzar un aterrizaje suave. ¿Quién iba a hacer caso a los agoreros que se empeñaban en decir que lograr un aterrizaje suave era más improbable que conseguir una Escalera Real sin descarte? Nadie. Hace ya tiempo que la economía no es más que un amasijo de conceptos hueros y de dogmas que sirven de coartada para practicar la política de los hechos consumados.

A los terrobajistas debemos agradecer que hayan dejado al descubierto el cordón umbilical que une la política económica y monetaria a la moral cristiana. Y poco más. Los monos con veleidades sindicales a los que aludía la semana pasada se atribuyen el mérito de plantear un debate necesario y poner el dedo en la llaga, pero es rigurosamente falso. Los pecados capitales del terrobajimo que hemos descrito son la envidia y la codicia, la mentira y el resentimiento, la cobardía y la pereza, y por encima de todo, claro está, el empecinamiento. Resulta más sencillo señalar culpables con el dedo que tener el valor de aplicar soluciones reales.

Los desequilibrios del mercado de la vivienda en España no hunden sus raíces en la luciferina especulación, ni tan siquiera en el oportuno conchabeo de políticos y funcionarios corruptos, sino en la ausencia de una verdadera política de vivienda social en España. Blindar a los inquilinos morosos frente a los legítimos propietarios, regalar viviendas con el dinero de los contribuyentes, permitir la reventa y el tráfico de vivienda protegida no es hacer política social, sino todo lo contrario. La promoción de las necesarias viviendas de alquiler protegido exige de la administración un control riguroso y permanente de las rentas de los beneficiarios que solicitaron la ayuda del estado y la solidaridad del resto de los españoles. Si eso falla, todo lo demás es sólo una manera de marear la perdiz.

(c) Belge. El Sábado.es  Febrero 2008
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