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Los principios de Peter

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A estas alturas del anecdotario, creo haber acreditado que El Principio de Peter del Management anglosajón es una falacia retórica que nace de un equívoco inicial: la idea errónea de que las Organizaciones persiguen el Bien Común, el Interés General, el Progreso, o cualquier otra figura de estilo al uso.   Peter es deshonesto y carece de principios morales; y su falta de escrúpulos es directamente proporcional a su desmedida codicia.

Decíamos en un anterior análisis, que el Pensamiento Mágico de los Directivos trincones  propicia el ascenso,  pero es la codicia natural de Peter  la que impulsa a aceptar un cargo para el que no está capacitado. Su primer reflejo es intentar rodearse de un Guardia Pretoriana.  Buscará comprar lealtades y ascender a los machacas que le hacían el trabajo en el puesto anterior, pero ya no funciona la Magia.

En empresas donde la mayoría de los empleados son trabajadores precarios que cobraban poco, tarde y mal, este tipo de jefe tiene un terreno abonado para que otros le hagan su trabajo aunque no consiga nunca ocultar su indigencia intelectual y su absoluta incompetencia.  No dudará en apropiarse del trabajo ajeno y culpar a los desafectos de todos lo que funciona mal.

No me había ocurrido nunca antes, aunque si había leído alguna cosa sobre el tema. Corría el año 2008.  Me enteré por terceros que alguien se estaba haciendo pasar por “Belge”,  aprovechando el deliberado y humilde anonimato del nick, en un periódico económico de tirada nacional.  Era una burda imitación, por la que cobraba unos 80 euros.  Debió durar poco la ilusión, por lo que me instó a hacerle de “negro” y escribirle los artículos.  Me negué, por supuesto, y decidí entonces que había llegado la hora de firmar mis análisis diario, como Belge, para que no quedara ningún género de duda.

Paso por alto las broncas, los malos rollos y las quejas que originó aquello a los dos días, para centrarme en el curioso intercambio de favores que se derivó de aquel episodio.  A los pocos años, el responsable de abonar tan generosa colaboración entró directamente en nómina, pasando por delante de otros compañeros que llevaban años esperando.

La ironía del caso es que, a uno de esos compañeros al que echaron por cantarles las 40 a los Directivos, lo tuvieron que ir a repescar hace un par de años cuando quedó patente que nuestro amigo Peter era completamente incapaz el solo ni siquiera de cortar los teletipos de agencia cuando la persona que había enchufado se cogió una baja de dos meses en pleno verano.

(Sigue)

(C) Belge
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