El IBEX 35 da mucho miedo

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El momento no puede ser peor.  Los nubarrones cargados de agua que se están formando en el horizonte no presagian acontecimientos demasiado halagüeños.  En el plano doméstico, la repetición de las elecciones no ha abierto nuevas perspectivas. Las dos fuerzas en liza se han resignado a mantener el pulso como mínimo hasta final de 2016.  Ambas interpretan el empate como un escenario favorable, pero como ya ocurrió en el año 2008, la pesada factura la pagaremos en un par de años.

A partir de septiembre, cuando los políticos vuelvan de sus merecidas vacaciones, estará sobre la mesa la nueva cita electoral en Cataluña, prometida para el verano siguiente, y la aprobación de unos Presupuestos Generales para 2017.  Huelga decir que el 50% de la facturación real de las empresas españolas depende de esos Presupuestos. Si pudiéramos comparar una ratio de rentabilidad sobre recursos públicos con otra de rentabilidad sobre recursos estrictamente privados, comprobaríamos la enorme dependencia  del dinero público.

Algunos inversores han desarrollado un sexto sentido (sentimiento de mercado) y otros no conciben, por ejemplo, que el Ibex 35 pudiera desplomarse por debajo de los 3.000 puntos, comportándose como un vulgar chicharro completamente descapitalizado.  Sin embargo, en términos estadísticos, es el escenario bursátil más probable.  Es más: si se excluyera el dinero público del circuito,  al mercado español le costaría salvar el nivel de los 2.000 puntos. El 90% de las empresas cotizaría por debajo de 1 euro.

En la siguiente tabla, analizamos la zona de mínimos a la que se podría entrar en los próximos 4 meses.  

Valor Valor fundamental Media 15 años Entradas Salidas Perspectiva general
Abertis 8 euros 9 euros 9 euros 14 euros No tocar
Acciona 58 euros 40 euros 40 euros 80 euros Caro
Acerinox 3,6 euros 6 euros 6 euros 12 euros Caro
ACS 22 euros 14 euros 14 euros 28 euros No tocar
Aena 72 euros 50 euros 50 euros 100 euros No tocar
Amadeus 27 euros 12 euros 12 euros 25 euros No tocar
Arcelor Mittal 16 euros 8 euros 8 euros 18 euros Caro
Sabadell 0,9 euros 1 euro 1 euro 1,5 euros Caro
Bankia 2,7 euros 3 euros 3 euros 4,3 euros Caro
Bankinter 5,5 euros 3 euros 3 euros 6 euros Caro
BBVA 5,4 euros 4 euros 4 euros 8 euros Caro
CaixaBank 1,1 euros 2 euros 2 euros 4 euros No tocar
CellneX 2 euros 5 euros 5 euros 8 euros No tocar
Día 3,3 euros 2 euros 2 euros 4 euros Caro
Enagas 16 euros 6 euros 6 euros 12 euros No tocar
Endesa 12 euros 4 euros 4 euros 8 euros No tocar
Ferrovial 5 euros 8 euros 8 euros 14 euros Caro
Gamesa 4,2 euros 6 euros 6 euros 10 euros Caro
Gas Natural 13 euros 6 euros 6 euros 12 euros No tocar
Grifols 11 euros 4 euros 4 euros 8 euros No tocar
Iberdrola 4,1 euros 3 euros 3 euros 6 euros Caro
IBEX 6.300 6.300 10.600 Caro
Inditex 12 euros 12 euros 12 euros 24 euros Caro
Indra 4 euros 4 euros 4 euros 8 euros Caro
Iberia 7,2 euros 2 euros 2 euros 4 euros Caro
Mapfre 2,5 euros 2 euros 2 euros 3 euros Caro
Mediaset 4,2 euros 4 euros 4 euros 8 euros No tocar
Meliá 4 euros 4 euros 4 euros 8 euros Caro
Merlin 2,5 euros 3 euros 3 euros 6 euros No tocar
REE 11 euros 6 euros 6 euros 12 euros Caro
REPSOL 11 euros 8 euros 8 euros 16 euros Caro
Santander 3,7 euros 3 euros 3 euros 5 euros Caro
Técnicas Reunidas 22 euros 15 euros 15 euros 23 euros Caro
Telefónica 4,3 euros 4 euros 4 euros 8 euros Caro
Viscofan 31 euros 20 euros 20 euros 45 euros Caro

Brexit: hacia el IV Reich alemán

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David Cameron tiene razón. Desde InLucro teníamos en mente escribir este mismo análisis desde hace un par de semanas, pero el Premier británico se nos adelantado con su clarividente declaración. Si el Reino Unido sale de la UE, la paz en Europa estará gravemente hipotecada. Dos veces en el pasado eligió la sociedad británica aislarse del continente para esquivar el agresivo imperialismo germano, pero al final se vio arrastrada y tuvo que intervenir militarmente.  Gran Bretaña pagó, en términos de dominio colonial, un elevado precio por las dos contiendas europeas, en beneficio de EEUU.

No ha sido una casualidad que las misteriosas fuentes que han desvelado los Papeles de Panamá, y que antes ya dinamitaron el Secreto Bancario de Suiza, hayan involucrado al líder de los conservadores británicos responsable de impulsar el referéndum sobre la salida de la UE. El Reino Unido es una cabeza de puente básica para impulsar el Tratado Atlántico de Libre Comercio y mantener toda la Política Comunitaria en sintonía con los preceptos arancelarios norteamericanos. Lo que ha venido ocurriendo desde la Unificación de la RFA y la DDR es que los británicos se habían acostumbrado a jugar con dos barajas, en función de sus intereses, y se han acabado por liar. La jugada de autoexcluir a la Libra de la futura Unión Monetaria, con la complicidad de Soros, fue una auténtica genialidad que los historiadores del futuro explicaran en detalle.  Fuera pero dentro. Sigue leyendo Brexit: hacia el IV Reich alemán

Operación Syriza: la vuelta de Grecia al Dracma

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El Plan C o como Tsipras y Merkel se la pueden pegar a Varoufakis

Muñecas rusas. El Plan B que esconde la gira diplomática de Syriza por las capitales europeas oculta un Plan C. Los portavoces oficiosos de la Canciller Ángela Merkel ya se encargaron, durante la campaña electoral griega, que eran partidarios de una vuelta temporal de Grecia al Dracma. La teoría alemana de una Unión Monetaria de dos velocidades confluye de facto con el diagnóstico de la crisis monetaria que han podido ofrecer, en uno u otro momento, los líderes del actual Gobierno de Atenas. Se intuye, sin embargo, que la mayor dificultad debe girar en torno a las condiciones de la devaluación y vuelta al Dracma. Apoyo del BCE para estabilizar la nueva moneda a cambio de asumir la Deuda y mantener las reformas en curso.

Los primeros ecos que llegan y los comentarios a pie de foto apuntan a que las conversaciones en curso deben estar muy avanzadas. El apretón de manos entre Yanis Varoufakis y Wolfgang Schaeuble, celebrando que no saben si están en desacuerdo en todo, es significativo. El nuevo ministro de finanzas está pidiendo, de un modo razonado y razonable, canjear la Deuda Griega por bonos ligados al crecimiento del PIB, al estilo de lo que se acordó en 1953 en Londres para ayudar a la República Federal de Alemania. El rechazo de Schaeuble a ese plan, exigiendo el cumplimiento del Memorando firmado con la Troika, parece revelar que en realidad se está negociando otra cosa. Si Grecia sale del euro y vuelve al Dracma nacional, las dos prioridades son: estabilizar la nueva moneda y asumir una Deuda Pública denominada en euros y dólares. La ayuda de Alemania se antoja esencial.

Varoufakis ya anunciado hoy que presentará un nuevo plan al Eurogrupo la semana que viene. El gobierno griego está ganando tiempo. Desde que se anunciaron las elecciones en diciembre, han pasado 2 meses, y los ciudadanos están teniendo la oportunidad de retirar sus depósitos de los bancos griegos. Es el propio BCE el que se encarga de garantizar la liquidez. La situación que se ha creado, de facto, es tal que si en las próximas semanas se anunciara un “corralito” y la vuelta al Dracma, el daño entre la población sería relativamente escaso. La mayor parte del ahorro de los ciudadanos quedaría relativamente a salvo.

El verdadero problema que plantea ese Plan C de Syriza es el efecto contagio. El famoso riesgo moral. Alemania está atrapada en su propio cepo y los términos de cualquier acuerdo formal que beneficie a Grecia se van a analizar con lupa. Varios ministros y miembros destacados del PP en España han dejado de la inquietud que genera el actual runrún. Pero la alternativa puede ser incluso peor, si cabe: lo que sería una estrategia de hechos consumados daría alas a todos los movimientos políticos que están proponiendo, con distintas fórmulas nacionales, saltarse la pared. Grecia finge haber puesto en jaque a la UE y a Alemania, pero el mayor riesgo para Europa es el efecto contagio. La escenificación de los desacuerdos es un paso claro hacía la política de los hechos consumados. Provocar un corralito sería un primer paso para amagar con una salida forzosa del euro y obligar a los socios europeos a tener que aprobar un nuevo rescate.

© Belge. Enero 2015.

Repsol, un negocio estancado

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Si existiera un ranking español de las mayores decepciones bursátiles, la clasificación la encabezaría de un modo casi perene la petrolera Repsol. Creada en 1986, reagrupando varias participaciones del Estado, solo dio alegrías a los accionistas hasta poco después de su completa privatización. Hace 20 años, valía el doble que hoy, a pesar de que el barril de petróleo cotizaba entre 15 y 25 dólares.  Y 20 años son muchos años para esperar milagros de la gestión.

La aventura argentina de Repsol, que acabó de un modo abrupto en 2012, supuso ampliar capital por 300 millones de títulos a 19 euros la acción, la compra de YPF por 20.000 millones de euros, una inversión directa de otros 20.000 entre 2000 y 2012,  contratar a 16.000 trabajadores en aquel país y abastecer el país de carburantes prácticamente a precio de coste. Ni los accionistas ni los consumidores españoles se beneficiaron nunca del petróleo barato de YPF en el Cono Sur.

Los beneficios que ha presentado Repsol en los dos últimos trimestres naturales, en torno a los 450 millones de euros, están en línea con lo que la petrolera española ganaba hace 20 años con un barril de petróleo a la mitad de precio.  El BPA se ha reducido en un tercio debido al incremento del número de títulos, y de nuevo se comenta que podrían dejarse de pagar dividendos.  Basta comparar gráficos de unas y otras petroleras en las distintas plazas bursátiles para valorar la magnitud del desastre.

Valor Trading Timing Entrada Estado
Zardoya Otis UltraCorto 10h55 7,88 pdte
Abengoa B UltraCorto 10h55 0,112 pdte
Sniace Ultracorto 10h55 0,089 pdte
Telepizza Ultracorto 10h55 4,95 pdte
Amper Ultracorto 10h55 0,057 pdte
Ercros Ultracorto 10h55 0,48 pdte
Medici Ultracorto 10h55 0,205 pdte
Tubacex Ultracorto 10h55 1,41 pdte

Nuevos daños colaterales de la repetición de las elecciones. Al cierre queda un gráfico muy feo. Eso si, el dinero de la reciente ampliación está a buen recaudo.

Nunca formaría parte de un club que me admitiera como socio. Pero toda regla tiene su excepción.