sin perdon

Unforgiven

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Sin perdón no es lo mismo que imperdonable. Los traductores de pelis al castellano merecen un cate general desde hace muchos años. Estaría por ver si han traducido alguna cinta con un mínimo de acierto. Que si el autor o guionista le puso un título al largometraje, será por algo.

Clint Eastwood rodó una tragedia moderna, sin fisura, cargada de melancolía. Todos sus protagonistas vagan por un mundo demasiado grande para ellos, demasiado vacío, que les va aplastando plano a plano. Buscan refugio, unos junto a otros en el burdel del pueblo, pero en la penumbra del Saloon, siempre acecha el Destino. Ninguno puede escapar de él. “Quien quiera vivir, que salga de aquí” es, de hecho, la réplica con la que el Viejo Pistolero abre las puertas del infierno.

El primero que cae a balazos, es el codicioso tabernero proxeneta que ha organizado el lío.  Trata a las prostitutas que trabajan para él como ganado. Se lamenta que la puta insumisa a la que un vaquero borracho ha marcado la cara por reírse de su pene ya no le sirve: es una mercancía dañada, sin valor. No vale más que los caballos que los clientes le van a dar como indemnización.  El último en hacerlo, es Little Bill, el Sherrif que impone el orden en Big Wiskey.  Es víctima de su prepotencia, tras años de poder absoluto, lamenta su injusto destino. Para mantener la paz y preservar los intereses económicos del pequeño pueblo, lo más fácil era sacrificar a la parte más débil. “Son hombres que trabajan duro en el rancho, son buenos chicos y lo que ha ocurrido ha sido “una tontería”; la multa es suficiente castigo”. ¿Qué podían valer la dignidad y los sueños de la joven prostituta frente a todos esos valores superiores que él debía administrar?

Los personajes que interpretan Clint Eastwood y Morgan Freeman cabalgan hacia su propio destino, con las alforjas cargadas de culpas y crímenes que no logran olvidar. Fingen que buscan una recompensa pero solo están huyendo de los pecados que no logran perdonarse. No hay redención posible para ellos. William Munny siente que está en deuda con su difunta compañera, Claudia, a la que identifica con la joven prostituta de Big Wiskey.

La moraleja de la historia es que todos mueren y que las putas se quedan sin trabajo. El aprendiz de pistolero, el fanfarrón que soñaba con emular a los míticos forajidos del Oeste,  que huye al final de la película, es el único personaje que recibe una segunda oportunidad, que le brinda Munny. La prostituta, que ha sido manipulada por sus compañeras, se estremece al contemplar la matanza que ha desencadenado e intenta sacudirse las culpas: “Se lo merecían”.  “Todos nos lo hemos merecido” sentencia William Munny.

P.D. Cualquier parecido con la realidad no es casualidad

(c) Belge
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