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¿Subirá el precio del Alquiler en España?

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La Paradoja del agua y del aire. Durante siglos, los pensadores de la cosa económica han intentado resolver una célebre aporía que arruinaba todas sus teorías y mitos, como la oferta y la demanda, la necesidad, la utilidad y el valor marginal de los bienes y servicios. Bienes tan vitales como el aire que respiramos varias veces por minutos, o el agua que bebemos, no disparan su precio. La utilidad marginal del agua en el desierto es infinita, pero contrariamente a lo que sostienen los economistas anglosajones y germánicos, esa circunstancia no dispara su precio. Si unos beduinos se encontraran a Bill Gates vagando perdido por el Sáhara, muerto de sed, le darían de beber gratis, sin poner precio a sus reservas de agua.

La principal consecuencia de esta Ley, negada siempre por los economistas a pesar de su verificación empírica, es que todo empresario que se dedique a comercializar agua en el desierto se arruinará, con independencia de los medios y esfuerzos que le dedique. La razón es, por así decirlo, la falta de liquidez. Al no existir creadores de mercado, el agua resultará demasiado cara para el que la compra por necesidad y demasiado barata para el que la vende por negocio.

El mercado inmobiliario en España ha sido, por razones históricas, un mercado extremadamente líquido hasta iniciarse el siglo XXI. Era una institución jurídico financiera en la que los propios particulares ejercían de creadores de mercado, facilitando agua abundante en el desierto y evitando que los empresarios se arruinarán.

Hace justo 20 años, coincidiendo con la adhesión a la Unión Monetaria, todo empezó a cambiar. Como escribió García Lorca en el Romancero Gitano: la ciudad, libre de miedo, multiplicaba sus puertas. Cuarenta guardias civiles entraron a saco por ellas. Los relojes se pararon, y el coñac de las botellas se disfrazó de noviembre para no infundir sospechas.

Políticos y petits maîtres del PSOE y del lobby catalán contratados por los Protestantes del Norte empezaron a hacer campaña contra el Mercado Inmobiliario y el sector constructor en España. Empezaron a difundir tantas mentiras como medias verdades, y quienes quieran conocer los hechos de primera mano, sin filtro, solo tienen que leer al catalanista García Montalvo. Pretendía sacar pecho por su papel destacado en la conjura, pensando que la historia tenía un final feliz, y ha dejado un testimonio único, fundamental para rastrear el origen de la campaña de agitación.

Los españoles no estaban preparados. Los mercenarios del EURO entraron a saco en la Institución, minando poco a poco la confianza natural que sentían inquilinos y caseros, pequeños ahorradores o simples inversores, por el mercado. La propia exageración de los precios publicitados en las incipientes RRSS, ajenas al cruce verdadero de posiciones entre particulares, logró quemar la demanda real. Una vez preguntado el precio de un piso, nadie vuelve a llamar para conocer si el vendedor se ha bajado de la burra. Poco a poco, se dejó de vender agua en el desierto.

La primera oleada de la Crisis Subprime dejó a la población aterrada. El mercado inmobiliario en España se fue parando, hasta que se detuvo, dejando en evidencia que el pufo crediticio en las cajas de ahorros manoseadas por los políticos superaba varias veces el valor teórico de las existencias a valor de mercado. No había piso por construir para tanto pufo.

Ese es el auténtico motivo por el que los mercenarios del Euro al servicio de Berlín insistieron tanto y siguen insistiendo en la necesidad de malvender las carteras inmobiliarias a los Fondos Buitres y en fijar los precios del Alquiler por Decreto Ley.  Del pufo que se inventaron en el Banco Popular para justificar su quiebra, han llegado a decir y escribir que alcanzaba los 30.000 millones de euros. Una pérdida neta del 70% a valor de mercado implicaría que el Banco Popular tuviera en cartera 200.000 pisos embargados.

Al destruir la Institución inmobiliaria entre particulares, los Mercenarios del Euro han conseguido que el mercado español pase bajo control de los Fondos de Inversión y de los colonos británicos y alemanes. Tres han sido las consecuencias. La principal, era completamente lógica y predecible: anglosajones y germanos prefieren alquilar sus propiedades a sus compatriotas antes que a españoles o inmigrantes. De ese modo, ganan en tranquilidad, rentabilidad y seguridad jurídica, pero también evitan pagar a Hacienda. La segunda consecuencia, es que la transformación del mercado inmobiliario español no solo ha afectado a la demanda, sino que ha cambiado por contagio toda la oferta disponible.

A diferencia de lo que ha ocurrido en otro países del entorno europeo, la fuerte inmigración no originó en España un fuerte choque inmobiliario de tintes xenófobos, ni se vaciaron barrios enteros. La mayoría de los inmigrantes se ha integrado y ha existido una cohabitación relativamente pacífica en pueblos y ciudades. La cosa ha empezado a cambiar porque  las viviendas disponibles en la zona centro de las ciudades, sin cochera, son un activo muy apreciado por los turistas y trabajadores de élite desplazados. Ese nuevo mercado, que han creado distintas plataformas digitales controladas por capital puritano, está expulsando hacia las afueras a los hogares más pobres que se habían acomodado en pisos viejos y barrios con déficit de infraestructuras.

El cartero inmobiliario ha llamado dos veces. Por más que todos esos mercenarios del Euro jueguen a culpar a turistas y especuladores, y reclamen más regulación, lo cierto es que son los únicos responsables de la subida del precio del alquiler en las ciudades españolas. Ellos han sido los únicos promotores de la despoblación de la España interior. También son los únicos responsables de que un sector constructor completamente satanizado y ridiculizado dejara de promover la edificación de nuevas viviendas, como ocurrió en Seseña. Son también responsables, por pura codicia y corrupción, de concentrar las generosas subvenciones y ayudas del Estado en la rehabilitación de los centros urbanos.

Se reían mucho cuando algunos analistas intentaban explicar las consecuencias de la despoblación de la España Interior y del enorme déficit de viviendas habitables en ciudades como Madrid. El futuro ya está aquí y no tiene remedio. Promover vivienda para el alquiler, en detrimento de la propiedad, es un error de bulto. Si algo ha demostrado la corrupta Administración controlada por el lobby nacionalista es su incapacidad para dotar al territorio de las infraestructuras necesarias, con un criterio de equidad y eficiencia. Es la codicia de los mercenarios del Euro, la que ha impedido interpretar correctamente el momento que vivía España, favoreciendo el endeudamiento de España e impulsando una colonización encubierta de todo el litoral mediterráneo.

Si los precios del alquiler en Copenhague, Londres, Munich, Zurich o Viena son 5 veces más altos, y se tarda menos en volar a Paris desde Madrid que en viajar a Salamanca o Cáceres,  la subida de los precios en los barrios de moda es inevitable y se contagiará al resto de calles del entorno urbano. Los precios en el Centro histórico podrían alcanzar fácilmente una media de 25/30 euros por M2 al mes.
(c) Belge
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