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Cronología de una impostura mediática


La historia del número 46 de la Calle Alcalde de Baranda en El Retiro de Madrid es puro esperpento, pero es la que mejor condensa y retrata el siniestro régimen político que padecen los españoles desde el atentado del 11 de marzo de 2004, hace ya 22 años.

La primera pregunta sin respuesta es: “¿Por qué los seudo periodistas que cobran de los medios en España no han preguntado a los vecinos si la impostora vivió con su madre y en que años lo hizo? La finca tenía portero y, como en la Rua del Percebe, es probable que lo supiera todo de la vida y milagros de cada uno de los personajes del edificio.
La respuesta es obvia: Porque el relato ya estaba escrito antes de llamar al quinto para expulsar a la okupa. “Setenta años en la misma casa” cabe en un titular. “Empadronada en Collado hasta 2001, divorciada de vuelta al piso de la madre dos años antes de morir, con subrogación en 2005” exige padrón, sentencia y un vecino que no salga en la foto. Lo segundo no moviliza. Lo primero sí.

Preguntar a los vecinos no es un capricho periodístico: en estos contratos la convivencia no se debe presumir sino acreditar. El portero es el que mira el buzón, quién baja la basura, quién abre de madrugada. Si nadie lo pregunta, es porque no interesa, no porque los hechos no existan; los datos estorban en las pancartas. Al final, la resolución del expediente judicial gira sobre el tope de la segunda subrogación y el 65 % de la supuesta discapacidad. Nadie menciona que la impostora estuvo casada y empadronada en Collado Mediano hasta 2001, porque desmiente que el titular redactado por el Sindicato Creado Ad Hoc a imagen de la Asociación de Afectados por la Hipoteca.
Cronología razonable del 46 de Alcalde Sainz de Baranda

El contratista Fernando Gil González, natural del Badajoz, pide licencia en 1946 para levantar 27 viviendas y dos locales en el número 46 de la calle Alcalde de Baranda, y al finalizar las obras en los años 50, alquila esos pisos a razón de 200 pesetas al mes, incluidos los gastos de comunidad.

Entre las 200 pesetas que se pagaban en 1952 por un piso de 90 metros y los 2000 euros que se pagan ahora en Madrid, hay un 10% de inflación anual. Ni mucho, ni poco: es lo que hay.

Muere uno de los inquilinos y “hereda” el arriendo la viuda conforme a la Ley de 1964 (Renta Antigua) que aprueba Francisco Franco para resolver el cuello de botella de la falta de viviendas en Madrid y proteger a los inquilinos (la parte más débil), presuponiendo que los propietarios pueden soportar mejor los costes y propiciando que decenas de miles de emigrantes fueran damnificados.

Llegan los socialistas al poder y el Decreto Boyer pretende “blanquear” la realidad, permitiendo que sobrevivan los contratos de renta antigua, pero obligando en algunos casos a que paguen los gastos de comunidad (no por bondad, sino para evitar males mayores bastante evidentes).

24 de noviembre de 1994. Gobierno de Felipe González. Ley 29/1994 de Arrendamientos Urbanos. La subrogación se acota. El contrato deja de ser un derecho indefinido para nietos y sobrinos. Curiosidad: es la propia madre del actual ministro portavoz del mencionado Sindicato Ad Hoc de Supuesto Inquilino, aberchalado y nieto de un destacado franquista, para más inri.

La tercera generación de Fernando Gil González, que se presume prole numerosa, no solo hereda la valiosa finca de El Retiro, sino IBI, derramas, comunidad de un edificio que envejece en una de las calles más caras de Madrid, y los cuantiosos Impuestos sobre sucesiones y donaciones (que puede llegar al 30% del valor atribuido al Bien por la Administración de forma unilateral). En 2018, los gastos anuales ascienden a 100.000 euros y el alquiler que paga la impostora, sin contar sus consumos, es de 200 euros al mes.

Vender un piso con inquilino de renta antigua es como intentar vender un Ferrari con el depósito vacío y el motor embargado. Por piezas.

Cuando los herederos ya no pueden hacer frente a las facturas que les IMPONE la Administración, aparece el CAPITAL INSTITUCIONAL (los buitres que alimenta la propia Administración). En este caso, es Renta Corporación la que compra el edificio en 2018, según consta en la Memoria anual presentada a sus accionistas. Alardean de ello. Y, por el precio de reventa ofrecido a los inquilinos, podemos perimetrar el presunto valor de la inversión: del orden de los 5 millones de euros.

La finca original, que le costo entre 6 y 7 millones de pesetas a Fernando Gil González entre 1946 y 1950, ha “rentado” un 6% bruto anual, antes de gastos e impuestos, frente a una inflación media del 10%. La pérdida patrimonial neta acumulada equivale al 98% del capital.

¿Quién gana y quien pierde? Pierde la “propiedad” y ganan los “inquilinos” y la “Administración”. Es un relato MUY diferente al que nos venden las Juventudes Aberchaladas del Psoe y su Sindicato Ad Hoc.
Renta Corporación, el capital institucional que gravita alrededor del poder del PSOE en España, no quiere ver manchada su imagen ni dañada la cotización de sus acciones y menudea su inversión para la reventa. Los hermanos Pinzones, abogados de profesión, son siempre los que acaban tramitando este tipo de desahucio.

Colorín Colorado, este esperpento no ha acabado. Chaperos y fulanas a destajo en las tertulias para que, al final, los políticos de turno tengan que “pronunciarse” y anunciar, “eventualmente” que están pensando en “recomprar” la finca para que la Impostora Supuestamente Invalida pueda seguir viviendo en la casa de su difunta madre, sirviendo de escarmiento para los demás pringaos que se resistan a pagar el Impuesto Revolucionario.
Madrid, Barcelona, la España de los prodigios.

Posdata: Foto de todas las “maricármenes” del PSOE y del Sindicato Ad Hoc.

La NADA


La regla del juego político es fácil de recordar: todo lo que es legítimo está prohibido y todo lo criminal, consentido. No es nada nuevo, pero con la acelerada decadencia de la sociedad español, adquiere tintes esperpénticos. Los desastrosos incendios del Valle del Alberche, del Valle del Tiétar y de la Sierra de Madrid nos han recordado el alto coste de consentir los desmanes de una administración impune en la que cada títere con un ápice de poder de decisión ha convertido sus atribuciones en una pequeña Taifa impune.

Hace algo más de cien años, el Borbón que ocupó el trono impulsó la Ley de Parques Naturales, bajo la influencia de los lamentables puritanos norteamericanos. Los entornos rurales dejaban de pertenecer a los pueblos nativos que los habían cuidado y moldeado durante siglos, con mimo y tesón, sin jamás pedir un céntimo a nadie, para convertirse en cotos reservados supuestamente protegidos.

Esa milonga de que había que “proteger” la naturaleza se ha repetido como excusa durante cien años, hasta convertirse en un mantra y en el dogma más reconocible de las sectas ecologistas. En realidad, desde hace cien años, los “entornos protegidos” son “espacios intervenidos” por la administración para hacer la vida imposible a las poblaciones locales. En EEUU, se trataba de expulsar a los indios nativos de sus tierras y en España, más de lo mismo.

La ideología neofeudal que inspira todos esos delirios ecologistas ha llenado los “parques naturales” de alimañas y parásitos, de zarzas y malas hierbas. El Valle del Iruelas, antaño un jardín cuidado, es desde hace años un coto de caza privado en el que cuatro políticos corruptos y sus lacayos van a pegar tiros y a coger boletus.

Con el pretexto de “proteger el entorno”, impiden que los vecinos de esos pueblos puedan mejorar sus circunstancias con arreglo a las comodidades del siglo, ni dedicarse a nada que rompa la estampa turística que reclaman los urbanitas. Como escribí hace más de veinte años con motivo de la modernización de la Plaza Santa Teresa, los más listos y aprovechados se convierten en figurantes de 8 a 3.

Durante la reciente visita que hicimos al abrasado Valle Iruelas, nos sorprendió descubrir que, en la Casa del Parque, con horario de oficina, lo único que se puede visitar es al funcionario de la Junta de Castilla y León que allí espera la jubilación. Se revuelven en su tumba todos esos hombres que, azadón en mano, cuidaron el monte durante siglos.
El Valle Iruelas, que presumía de ser un “entorno protegido” solo era un espacio intervenido por la administración. Ha bastado una chispa para reducirlo a cenizas.

Un vecino de La Rinconada cogió un bote de pintura blanca y, en un arranque de inesperada lucidez, dejó retrata a esa España que castiga lo legítimo y premia lo criminal. La Rinconada, ese pueblo idílico que vio nacer a María Valles,mi abuela, ha quedado en Nada.

El Borbón impune que intervino el Valle a sueldo de los puritanos nihilistas se descojona en su tumba de El Escorial.

Garbage in, garbage out


Los primeros programadores de IBM lo dejaron dicho para la posteridad. Mierda por dentro, mierda por fuera. O cómo la inteligencia artificial convierte una cagada humana de toda la vida en una masacre de 180 niñas en una escuela de Irán. Los primeros programadores de IBM ya conocían el percal del mundo que se nos venía encima.

Recordemos los hechos. El 28 de febrero de 2026, durante el primer día de la campaña de bombardeos sobre Irán, un misil Tomahawk (made in USA) impacta de lleno en la escuela primaria Shajareh Tayyebeh de Minab. Resultado: entre 165 y 180 niñas de entre 7 y 12 años muertas. El objetivo, según la base de datos de inteligencia, era “una instalación naval del IRGC”, pero esa “instalación” había dejado de serlo hace más de diez años. La escuela se separó de la base militar con muros, se convirtió en centro educativo civil y llevaba una década funcionando como tal. En la base de datos de Palantir Gotham, la IA que usan los generales del Pentágono, seguía apareciendo como objetivo militar. Datos viejos. Basura de 2013. Nadie la había actualizado desde la época de Obama.

En teoría, la IA no decide sola, no pulsa el botón, solo procesa los datos que le metieron. Garbage in, garbage out. Pero si los políticos y generales de turno, gente más vaga que racional, supervisa lo justo y se limita a darle el OK, porque el algoritmo es muy listo y lo sabe todo, puede ocurrir lo que les decía el legendario Alfredo Di Stefano a sus porteros: “Che, las pelotas que vayan dentro, déjelas, pero por favor, no te metas las que vayan fuera”.

Eso de las guerras preventivas, sobre el papel suena siempre genial. Pretendían ser ángeles tecnológicos: guerra quirúrgica, inteligencia aumentada, targeting preciso, “nunca más errores como en Irak y en Afganistán”. Iban a elevarse por encima del bien y del mal, por encima de la estupidez humana, con algoritmos y big data. Iban a ser razonables, modernos, eficientes. Pero en lugar de eso, ha ocurrido exactamente lo que decía el filósofo Blaise Pascal: «L’homme n’est ni ange ni bête, et le malheur veut que qui veut faire l’ange fait la bête». La mayor bestialidad que, en realidad, es la misma estupidez de siempre,- mezcla explosiva de pereza, incompetencia y exceso de confianza —, solo que ahora va turboalimentada por Palantir Gotham. La cagada humana clásica se ha convertido en cagada aumentada. Mierda por dentro (datos viejos), mierda por fuera (168 niñas muertas).

Sin embargo, aquí es donde la cosa se pone política y merece párrafo aparte, porque no estamos hablando de un simple fallo técnico. Esta no fue una operación de respuesta a un ataque inminente. Esta es una guerra preventiva decidida y ejecutada bajo la doctrina Trump 2.0: “golpea primero, piensa después”. Si el instrumento elegido para golpear primero es, precisamente, Palantir Gotham, la misma IA que fusiona en tiempo real miles de fuentes de inteligencia, prioriza objetivos y sugiere strikes masivos, entonces tenemos un problema. Si la decisión estratégica de lanzar esta campaña preventiva —y la selección concreta de más de mil objetivos en las primeras horas— dependió en grado tan alto de una herramienta cuyo input estaba comprometido (o manipulado) desde hace una década, entonces el comandante en jefe que la autorizó tiene un problema de incapacidad manifiesta.

Donald Trump debe dimitir o ser cesado. No por “delegar en la IA” como si fuera un autómata malvado, sino por algo mucho más grave: por haber convertido la presidencia en un cargo de mero validador de algoritmos sin exigir que la cadena de mando humana hiciera su fucking job. Cuando el presidente de Estados Unidos permite que una guerra preventiva de esta magnitud se lance sobre la base de datos caducados que nadie se ha molestado en actualizar, ya no estamos ante el error de inteligencia, la clásica y repetida cagada política. Estamos ante una abdicación de responsabilidad presidencial. Eso es incapacidad manifiesta para ejercer el cargo.

Los mismos generales que ayer presumían de “revolución en asuntos militares” hoy hablan de “investigación en curso” y “datos desactualizados”. Claro. Como si el problema fuera un archivo mal etiquetado y no la arrogancia de creer que la tecnología nos iba a redimir de ser humanos. No falló la máquina, falló la supervisión humana. Falló la humildad. Falló la capacidad de admitir que, por muy sofisticado que sea un algoritmo, al final siempre hay un señor con galones que tiene que mirar la pantalla y decir, como en las pelis americanas de jolivú: “Un momento…”.

Lástima que en la vida real haya más bestias sedientas de sangre que ángeles.

(Belge)

Inmigración


Con todo el respeto: el debate sobre la inmigración es un debate absurdo y mal planteado. En España, hay 13 millones de inmigrantes y naturalizados. Son nuevos españoles. Desconocer que no tiene marcha atrás es hacer trampas al solitario. Dudo mucho que la mitad (50%) de los que residen hoy en la Península Ibérica (incluyendo Portugal) sean “ibéricos” en un sentido pragmático nada complicado (nacidos aquí de padres y abuelos españoles o portugueses).

Aznar abrió la puerta del continente americano para que los nuevos ricos tuvieran su chacha ecuatoriana, porque no quedaban “tontas del bote” en la España interior. Han pasado 30 años de aquello y, lógicamente, no hay forma de volver a poner las puertas al campo. La reacción de los más pobres y de la clase media empobrecida es siempre la misma: arremeter.

Las nuevas generaciones, elitistas y mimadas, pero sin parné, se empiezan a “derechizar” para intentar preservar sus (inmerecidos) privilegios. Les regalan todo (incluidas las plazas de funcionarios ESPAÑOLES en oposiciones amañadas) y aún así lloran porque los nuevos españoles empujan con mas fuerza y mérito que ellos para ganarse un sitio al sol.

Como es jodido competir de verdad, lo fácil es tirar del BOE y usar a los partidos políticos para ganar tiempo.

A los pobres y no tan pobres ya les toca compartir barrios con gente maleducada, pobre, ruidosa, y con un discurso antiespañol aprendido que ellos mismo usaron (Cataluña, País Vasco, etc). Los mismos que en su día votaron al PSOE y aplaudieron todas sus políticas nazis y puritanas, ahora empiezan a respingar, jejeje. Ya empiezan a hablar de inmigrantes de 2 y 3 generación. No falla. En todos los sitios son iguales.

Como inmigrante, hijo de emigrantes/inmigrantes, nieto de inmigrantes, bisnieto de inmigrantes, jeje, diría que mi punto de vista es el que es, aunque sea neutral. Cuando veo a inmigrantes que se desloman por estas tierras, y pasean a sus críos de 2 o 3 años, sin miedo al futuro, siento una extraña ternura que ningún español me transmite. Nadie les está regalando nada.

Pero eso no es el núcleo duro del debate. La GRAN VERDAD es poética. La sociedad española MALTRATÓ y ABUSÓ de sus propios emigrantes, les negó el pan y la sal, y nunca tuvo la puta decencia de darles las gracias por su sacrificio. La sociedad española se ha ganado CON CRECES la realidad que se le ha venido encima como una ola. Ahora SÍ va a saber qué es la inmigración/emigración.

Los pseudo intelectuales y demás tertulianos pueden pedorrear lo que quieran, la realidad es ya un tsunami.
Las reacciones son reacciones. Cuando la ola te sobrepasa, gritas porque el agua está fría y estás mojado. Si sabes nadar, flotas, y si no, te ahogas:-)