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Manifiesto contra el pensamiento reaccionario

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Son cinco las maneras naturales que tenemos de pensar.  Cada sentido dominante determina la forma de comprender el mundo y de recordar el tiempo. Lo que vemos, sentimos y escuchamos son las minúsculas piezas de un inmenso puzzle que guardamos en los cajones. Decía Kant que conocer no es lo mismo que pensar, pero la ciencia moderna ha demostrado que el cerebro procesa la información de un modo pasivo y automático el 99% del tiempo. La consciencia activa es la minúscula punta del iceberg.

Tenía un profe de filosofía, forofo de Sartre, que consideraba a Freud y demás psicólogos poco menos que unos embaucadores intelectuales. Decía: si no somos libres y soberanos, no somos nunca responsables de nuestros actos ni decisiones. Tenía razón, mucha razón…pero sacas al determinismo por la puerta y entra por la ventana. Eppur si muove. El lenguaje piensa por nosotros, ergo, conoce. Y al contrario de lo que afirmaba Kant, no un proceso activo. El puzzle se arma solo por la noche.

El pensamiento analítico intenta distinguir cada pieza y el pensamiento sintético, juntarlas por sus formas y colores. El problema es que se parecen todas. Y hay demasiadas. 500 o 1000 piezas son un juego de niño, un amable pasatiempo. Cuando son millones, el truco es fingir que nos conformamos con ensamblar unas pocas. La Ciencia, con mayúscula, es un trabajo colectivo.

El pensamiento político es un relato religioso de buenos y malos que se ajusta bastante a la estructura narrativa que describe Julien Greimas. Nos dice cómo es la imagen en la caja del puzzle, y que no es necesario guardar todas las piezas, solo las más grandes y coloridas.

Siguiendo con el símil, el pensamiento tópico y automático encaja el puzzle por un sencillo sistema de prueba y ensayo. Funciona sin descanso, las 24 horas del días. Cuando acierta a unir unas piezas, nos alerta para que memoricemos la relación y el significado creado. Un triángulo colocado en la calzada, por ejemplo, nos interpela y avisa de que se ha originado una situación de peligro.

En sentido contrario, el pensamiento reaccionario alcanza su perfección cuando encaja las piezas al modo de un patchwork. ¿Cómo es eso posible? Del mismo modo que el pensamiento tópico intenta descubrir la imagen del puzzle, dar sentido al mundo que nos rodea, el pensamiento reaccionario recrea el sentido de las cosas y proyecta una imagen fabulosa que nadie puede ver. Es un pensamiento reflejo. Simplifica la información relevante, la reduce a señal invisible. Es información codificada que no se percibe pero que nos activa. Con el semáforo en rojo, frenamos, y con el verde, aceleramos, mientras pensamos en las circunstancias del día a día, oyendo en la radio el relato de turno.

Los medios de comunicación alimentan el pensamiento reaccionario y varían su intensidad. En una época de crisis como la actual, manipulan el pensamiento analítico, infantilizan el pensamiento político e intensifican el reflejo reaccionario. Repiten las mismas falsedades y simplifican el relato. Lo reducen a un cuento maniqueo lleno de reproches. Dividen a la sociedad en almas puras fáciles de movilizar y poderosos corruptos culpables de todos los males de la Tierra. Los periódicos y las redes sociales son instrumentos muy eficaces para propagar el nihilismo e incitar al odio poco a poco.

La crisis del periodismo, tan acusada en España y otros países, es consecuencia directa de esa falta de independencia. Los periodistas renunciaron a ejercitar el pensamiento crítico de sus lectores por pura pereza y comodidad. Deconstruir tópicos y buscar relatos alternativos es realmente fatigoso: prefirieron venderse por un plato de lentejas. A periodismo peleón lo suplanta primero la aburrida y dócil comunicación social, pero el aluvión de los contenidos en red acaba por barrer la propaganda política e imponer el pensamiento reaccionario en sus formas actuales.

Los últimos datos sobre la difusión de periódicos en España, con desplome de las ventas de El País, están ya más allá del balance empresarial, a un simple paso de la Justicia Poética. No está claro que la Quiebra del sector sea reversible. Son demasiados los pecados que nadie ha querido purgar. El periódico ya no informa: sólo distrae al cliente mientras se toma un café en el bar. Una marca al servicio de un lobby. No quisieron entender lo que era el periodismo en tiempo real, y ha acabado por ocurrir lo inevitable: La publicidad se ha comido el periodismo.

© Belge
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