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¿Qué pasará el 23 de septiembre?

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Se acaba el verano. Desde que Pablo Iglesias armó la Moción de Censura del 1 de junio de 2018, la Democracia en España sigue en funciones. 3 fueron sus solemnes promesas al PNV, a CS y a ERC.  A Albert Rivera y al lobby catalanista que lo patrocina desde 2006, les ofreció la convocatoria inmediata de elecciones. Al PNV y a la burguesía vasca, les juró que no tocarían los Presupuestos Generales del Estado recién aprobados de Mariano Rajoy. A sus socios de ERC, les vendió el indulto a Oriol Junqueras.

El Pacto de Sangre que firmó Podemos con los nacionalistas para descabalgar a Rajoy incluía a Pedro Sánchez y a esa facción socialista que le ayudó a manipular las Primarias en Cataluña y Valencia. Sin el concurso de Pablo Iglesias y de todos esos antiguos militantes que pusieron al día sus cuentas en el PSOE para poder contrarrestar la ventaja de Susana Díaz, jamás habría regresado de su destierro.

Pero la falta de lealtad del actual Secretario General del Partido Socialista Obrero Española es proverbial. Por más que se prodiguen las chicas de Sánchez en televisiones y periódicos, con aspavientos retóricos y mamadas, Pablo Iglesias empieza a meditar que Maquiavelo tenía razón. El destino de aquellos que ayudan a otro a alcanzar el poder es causar su propia ruina. Detrás del rechazo al gobierno de coalición se oculta la negativa del Psoe a cumplir la palabra dada a Junqueras.

Para Pablo Iglesias, firmar un cheque en blanco sería tanto como firmar su propia ejecución política al amanecer. Y la de su esposa. El lobby catalán y germano, que también patrocina al PSOE, le ha prometido pasta gansa si avala la investidura de Pedro Sánchez, pero de sobra sabe que Roma nunca paga a los traidores. Es un testigo incómodo: sabe demasiadas cosas y es adicto a los focos de televisión.

La estrategia del Psoe pasa por escenificar que negocia con Iglesias para que corran baldíos los plazos. Felipe VI no puede iniciar su ronda de consultas antes del lunes 16 de septiembre y se ha quedado sin margen de maniobra para explorar una candidatura alternativa, tal y como exige el Artículo 99. De ese modo, Pedro Sánchez no sólo está usurpando la función de mediación política que la Constitución reserva al Rey sino que se salta el trámite parlamentario para dejar fuera de juego a Unida Podemos. Si Pablo Iglesias rechaza convertirse en objeto sexual, será satanizado a conciencia, culpable de frustrar el Progreso y de agraviar a los más pobres.

Resulta obsceno que, en pleno siglo XXI, un político de escasa legitimidad opte a presidir una nación tan vieja como España de prestado, sin Presupuestos Generales y sin dar a conocer un programa de gobierno real. Se llama Dictadura. Nadie lo habría creído posible hace tan solo 4 años, pero tampoco pensaron que un patán al frente del Partido Socialista Obrero Alemán pudiera poner en jaque a toda Europa. En política ocurren las cosas que dejan que ocurran: las explicaciones y los análisis siempre llegan a título póstumo.

Dicho esto, me arriesgo a afirmar que Pablo Iglesias tiene sólidas bazas para evitar la repetición de las elecciones. La entrada de Podemos en el Gobierno, en representación de ERC, es la mejor garantía de que Pedro Sánchez cumpla lo pactado. En realidad, no hay otra: El Psoe está varado, a la espera de conocer el alcance de la sentencia del Tribunal Supremo, e interpreta el fracaso de la Investidura de un modo tan cínico como pragmático. En el peor de los casos, el PSOE analiza que estaría en las mismas circunstancias políticas, pero despejada la incógnita judicial. En el mejor, Podemos saldría debilitado de las urnas y Sánchez, reforzado.

Más allá de lo razonable y evidente, a Pablo Iglesias le quedan solo dos semanas de tiempo para entender que el Psoe le está haciendo la cama y mover sus fichas en el tablero. Albert Rivera se ha convertido, de facto, en un improvisado aliado. A ninguno de los dos les conviene arriesgar su posición personal en una nueva contienda electoral, pero tampoco pueden suicidarse facilitando la investidura de Sánchez. La solución sería, en este caso, que Rivera pida al Rey dar un paso al frente y que Podemos se las ingenie para “abstenerse” de votar. Sería algo así como una Moción de Censura de la Moción del 1 de junio, en términos muy parecidos. Los Presupuestos “sociales” de Rajoy, una nueva convocatoria de elecciones pasado un tiempo, y una salida “honorable” para Oriol Junqueras.

© Belge

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