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Toque de Queda. 17. Eutanazia (3)

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Eutanazia: Genocidio de ancianos. Como suponíamos, los datos y los hechos estaban escondidos a la vista. Para esclarecer la extraña pauta de contagio, formulamos tres preguntas en su día. ¿Porque mueren menos ancianos en Alemania? ¿Porque 2 de cada 3 fallecidos en todo el mundo son católicos? ¿Porque la Red Mundial de Vigilancia de Epidemias no alertó del inicio de la Pandemia de SARS COV 2? Las tres preguntas ya tienen respuesta. El tiempo dirá si INLUCRO y un humilde servidor tenían razón.

La respuesta a la primera pregunta es relativamente sencilla. En Alemania, los abuelos no mueren por Coronavirus porque ya están muertos. Lo mismo pasa en Rusia, en Bulgaria y Rumanía. Pero, a diferencia de los antiguos satélites de la URSS, en Alemania la esperanza de vida supera los 81 años, aunque dos años inferior al resto de grandes países de la Unión Europea. Muere antes de tiempo hasta un 50% de la población mayor de 74 años. Son 200.000 ancianos al año. Por lógica, no se puede hablar de política de Eutanasia Pasiva y sí se debe manejar el concepto de Eutanasia Activa. Si presuponemos que el resto de países protestantes de la Unión Europea promueven políticas pasivas en hospitales y residencias geriátricas, el salto cuantitativo observado en Alemania permite deducir que debe existir un salto cualitativo en los cuidados paliativos.

Que se den prisa y se mueran ya“. Largarta

La respuesta a la segunda pregunta es harto compleja. Nos ha traído de cabeza durante 3 meses. Es cierto que los médicos españoles han descubierto que los latinos tenemos un gen que nos predispone a padecer una letal tormenta de citoquinas, pero es mucho presuponer que todos católicos son latinos y que todos los latinos creen en lo mismo. La mayor longevidad y calidad de la vida social son factores determinantes, si, como ya ocurrió en el medievo con la epidemias de Peste Negra, pero no explica las diferentes tasas de letalidad en una comunidad tan homogénea en la actualidad como la europea. Que se contagien más es razonable, pero que mueran más, chirría.

La explicación real se halla en Portugal y en Grecia, oculta en sus correlaciones estadísticas. Desde que esos dos países fueron intervenidos, su tasa de mortalidad se ha elevado de manera significativa y se ha reducido su esperanza media de vida, similares ya ambas a las de Alemania. Mueren prematuramente 25.000 personas, un 10% más cada año, un abuelo por cada mil habitantes. Sumando todas las muertes por COVID 19 de Italia, España y Francia, el incremento no llega ni a la mitad y la tasa de mortalidad conjunta se queda muy por debajo del 1%. Los países católicos, que se han resistido a aplicar políticas de eutanasia pasiva, han sufrido mucho más que el resto las consecuencias del colapso hospitalario.

La respuesta a la tercera pregunta hay que buscarla en distintas bases de datos, buceando en Internet. El eco de los conceptos que manejan esas Redes de Vigilancia Epidemiológica se encontraban ya en muchas webs y blogs especializados antes de que saltara la noticia de que un chino se había comido un animalito en el mercado de Wuhan. Algunos teorías ya estaban desarrolladas, adornadas con modelos matemáticos. Pero ¿tenía sentido prejuzgar en noviembre la tasa de contagio y la letalidad? Sin duda. Los datos erróneos y las premisas no verificadas, anteriores a la alarma social y a los avisos de la OMS, sirvieron para endosarnos la Teoría de la Inmunidad de Rebaño y ocultarnos los riesgos reales. Sólo era una gripe estacional.

Disfrazado de coartada razonable, el colapso hospitalario parece la consecuencia de la improvisación, de una gestión negligente y de los recortes presupuestarios. Un simple accidente. No es una situación premeditada, no es un incendio provocado. El gobierno marxista de Pedro Sánchez no pretendía sabotear la compra de material sanitario; sus voceras mediáticas no animaron a manifestarse el 8-M. El PSOE no fletó autocares en toda España. El 12 de febrero, no presentó y votó en el Congreso una Proposición de Ley de Eutanasia. La administración no mandó circulares firmadas recomendando liberar camas. Fue mala suerte, un simple tropiezo. No hubo mala intención.

Todos los gobiernos tomaron las mismas decisiones, dicen. Si, pero…Si nada es fortuito y la Red de Vigilancia Epidemiológica alertó con tiempo, todas las decisiones que se tomaron son compatibles con una política de eugenia y explican el patrón de contagio. Al provocar el colapso del sistema hospitalario, los países católicos se vieron desbordados. Los países protestantes, que llevan años practicando políticas de eutanasia pasiva o encubiertas, no se vieron afectados. Su tasa de mortalidad natural es mayor y su esperanza de vida menor: no es fácil discernir si los abuelos se han muerto con o por Coronavirus. Las estadísticas del EuroMoMo reflejan esa realidad con total y fría precisión.

En España, el gobierno marxista de Pedro Sánchez se ha plegado con entusiasmo a las instrucciones de Alemania, y ya ha proclamado en distintos foros internacionales que está esperando su “rescate” como agua en Mayo. Ha aprovechado la nueva política común para instrumentar el Estado de Alarma y dejar fuera del Congreso de los Diputados a la Oposición. No solo ha impulsado la Eutanasia Activa y se ha pasado por el Foro los principios y leyes fundamentales que consagra la Constitución España,empezando por el Derecho a la Vida, sino que pretende aprovechar la Emergencia Económica y Social que ha causado para perpetuar su nuevo Régimen Totalitario hasta el final de la legislatura.

Si esta teoría es correcta, y sirve para explicar el extraño patrón de contagio, lo comprobaremos en pocos meses, cuando la tasa de mortalidad en países profundamente católicos como Italia, Francia y España, la tasa de mortalidad se acerque a los 10 jubilados muertos por cada 1000 habitantes. Es estos momentos, es de 7.

© Belge
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