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¿Qué es ser de izquierdas y de derechas en el siglo XXI?

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Como todo el mundo sabe pero ignora, izquierda y derecha pueden ser al mismo tiempo adjetivos, adverbios o sustantivos. Se da la circunstancia que el sustantivo genérico que se usa para definir una maraña de conceptos políticos nace de una humilde locución adverbial. Justo antes de la Revolución Francesa, “a la izquierda” del Rey Louis XVI  en el Parlamento se sentaban los diputados liberales, y “a la derecha”, los representantes de la Iglesia y de la Aristocracia.

Con dos ejes, se puede definir un plano cartesiano bidimensional que sirve para explicar muchas funciones matemáticas y orientarse en el espacio.  Las coordenadas cartesianas son útiles para crear un sistema de referencias en base a la ubicación de cada unos de los puntos en el plano.

El universo de las creencias y valores que determinan juicios y acciones políticas no se deja definir con una abscisa y ordenada, aun cuando las ideas exudan de la propia realidad. La superestructura, que decía Karl Marx, emana de la praxis. Aunque nuestra manera de vivir determine nuestra manera de pensar, es una temeridad intelectual postular que todas las personas que comparten una misma suerte piensan y actúan de un mismo modo.

La doctrina marxista, consciente de ello, resuelve esa aporía fundamental  al estilo clásico, condenando la existencia de herejes, desviados y disidentes.  Si un pobre vota “a la derecha”, es que es tonto; si un rico vota “a la izquierda”, es un tonto útil. El método de la simplificación sectaria, propio de los ejércitos en campaña, es útil para forzar conversiones y adhesiones. El miedo y la coacción se usan para que los conversos oculten su verdadera fe y silencien sus discrepancias.

La mayor objeción a la teoría marxista de las clases sociales, que vertebra el discurso político contemporáneo,  procede de la Escuela de Francfurt y se la escuche personalmente al sociólogo francés Pierre Bourdieu. “Los hijos de los obreros no quieren ser obreros”.  Es decir: la clase obrera no existe ni como concepto útil para situar en el plano a los distintos grupos sociales.  La sutil tautología que encierra ese juego de definiciones negativas asimétricas permite reafirmar la Fe en la Predestinación. Si el “pobre” es todo aquel que quiere dejar de serlo y el “rico” todo aquel que quiere seguir siéndolo, la elección viene predeterminada por Dios/Historia. El rico seguirá “conservando” todos sus privilegios porque el “sistema” está organizado para perpetuar las diferencias de clase e impedir que el pobre “progrese”.

Cualquier político marxista o “de izquierda” que dice abogar por el “progreso humano” cree a pie juntillas en la Ideología de la Predestinación.  Sabe que ha sido Elegido por el Dios de los luteranos y calvinistas para pastorear a los desdichados, del mismo modo que ha elegido a otros para convencer a los ricos que son “pueblo elegido” y que seguirán siendo afortunados si no se “desvían” de Fe Verdadera.  Es su trabajo.

La Dialéctica marxista es una maravillosa herramienta que ayuda entender que los políticos “de izquierdas” o “de derechas” comparten la misma FE en la Predestinación Feudal de Señores y Vasallos, amos y siervos.  Los dos discursos se refuerzan; los ricos deben mantener su cohesión porque los pobres se pueden levantar en armas, y los pobres deben trabajar duro para merecer la Gracia divina.

En otras culturas y paradigmas,  los conceptos de Izquierda y Derecha carecen de cualquier sentido. No existen Izquierda ni Derecha.  En Roma, sin ir más lejos, muchos esclavos formaban parte de la Familia y tenían derecho a tener sus propios esclavos dentro de la Casa. La manera en que se organiza el Poder en las sociedades humanas varía en función de las circunstancias y necesidades, articulándose alianzas de unos contra otros. La habilidad y el mérito propician el ascenso de los individuos por más que se esfuercen por preservar el status quo social.

Desde un punto de vista más científico, podrían definirse dos grandes corrientes de pensamiento.  Si convenimos que existen modelos políticos abiertos y los modelos acotados, la oposición universal que se da en todo tipo de sociedad, es entre partidarios de la “libertad” y defensores del “control social”.  Claro está, que hay que emplearse a fondo para  evitar que sea secuestrada  una palabra como “libertad”,  tan cargada de significado.

Jacques Bude, catedrático de psicología social en la ULB, diferenciaba dos tipos de Dioses en la cultura política religiosa: un Dios amable y asequible, con el que el ser humano puede entenderse, y un Dios cruel cuyas razones no están al alcance del individuo.  Borracha de arrogancia y sueños imperiales,  la Alemania luterana del final del siglo XIX proclamaba la muerte del Dios de los católicos. Dejaba solo en el Edén al  un Dios maligno y abría de par en par la puerta del totalitarismo nazi.

(c) Belge
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