La reforma feudal de la Constitución

George Orwell, nacido Blair, trabajó como idealista en España y como censor en Gran Bretaña. Fruto de aquella experiencia traumática, se puso a escribir una novela sobre el totalitarismo nazi. Tardó dos años en escribirla, porque se le atragantaba, y se titula 1984, porque era el presente convexo que veía en 1948. Lo más interesante de aquel trabajo creativo es que lo interrumpió para desahogarse, escribiendo del tirón esa obra maestra que es Animal Farm.

Pedro Sánchez no es Napoleón, pero la reforma constitucional que ha pactado con ex etarras y golpistas catalanes prófugos de la justicia está directamente inspirada de esa divertida crónica del nazismo ordinario. El truco es el mismo: Todos los animales del reino son iguales, pero unos animales del reino son más iguales que otros.
La reforma del artículo 46 va a propiciar que una minoría insurgente y sediciosa modifique la Constitución por la puerta de atrás, artículo por artículo.

A toro pasado, es difícil entender que Aberto Nuñez Feijoo facilitara la investidura de un esperpento de gobierno tan disparatado como el actual, o que dejara el Tribunal Constitucional en manos del Partido Socialista. Dejó expuesto al Rey y ahora está propiciando y alentando una reforma feudal del Estado de las Autonomías.

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