El nuevo camino de servidumbre

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Comencé a interesarme por la política allá por la época de ¡Basta Ya!.

Soy vasco, pero poco. 😉 De Bilbao. Lo que en su día implicaba un cierto liberalismo en medio de tierras carlistas. O, visto a la inversa, también algún nacionalismo en medio de una clara apuesta democrática. El Bilbao de finales de Franco no tenía ningún apego a la dictadura, pero sí germinaba la semilla del nacionalismo.

Siendo apenas un crío, a los catorce, nos trasladamos a Madrid. ¿Para qué vivir en una olla de perversión nacionalista si podíamos evitarlo, debió pensar mi familia? Así que pasé a ser el Vasco entre mis nuevos amigos. Uno suele caracterizarse por lo que le diferencia. Y, por un rato, por primera vez en mi vida, me encontré pintando ikurriñas y repitiendo con orgullo el poco euskera que había aprendido en el colegio. Un orgullo absurdo, pronto fui comprendiendo. Ahí percibí por primera vez el olor del supremacismo vacuo y enfermizo. En mí mismo. Un olor dulce y a la vez podrido, a veneno.

Así que el tiempo pasó, hice por olvidar esa matraca que dice a tu amígdala cerebral que lo vasco es mejor, y lo conseguí. Pero aún no lo había metabolizado. Me quedó pendiente analizarlo.

Por eso comencé a interesarme por la política allá por la época de ¡Basta Ya!. Tocaba entenderlo.

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Mi primer descubrimiento, quizá ayudado por El bucle melancólico de Juaristi, fue que el nacionalismo no era ideológicamente nada. Que no tenía ninguna base material real, ni ningún objetivo práctico. Que no era la respuesta a algo, una injusticia o una necesidad, sino mera y adictiva propaganda emocional. Una revelación que además quita mucho trabajo, ya que evita la tentación de seguir el señuelo de las justificaciones argumentales nacionalistas de cada momento.

“Nuestros nacionalismos ¿algo más que publicidad?”
http://pajobvios.blogspot.fr/2014/02/nuestros-nacionalimos-algo-mas-que.html

Esta capacidad de cautivar y movilizar a la sociedad tan solo a partir de sus emociones, me pareció digna de atención. Y con el tiempo entendí que había algo grande ahí. Había descubierto el Mulo de La Fundación de Asimov. Un mecanismo para controlar y fijar las emociones ajenas. Para poner a la sociedad a tu servicio. Era el nuevo camino de servidumbre. Lo que antes habían sido las ideologías totalitarias racionalistas. Solo que ahora basado en la moderna teoría de la inteligencia emocional. Y le puse un nombre: Emociologías.  


Emociologías, un enfoque cognitivo de la vida política en democracia
http://pajobvios.blogspot.fr/2016/12/emociologias-el-libro.html

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Y sí, pronto me reafirmé en que había descubierto algo grande. Tenía una herramienta y sólo quedaba probarla, trabajar con ella.

Primero analicé y estructuré el problema nacionalista según las emociologías (emos) en juego, según los prejuicios manipuladores que despliega cada grupo. Una deconstrucción que permite entender lo que hace cada partido. Algo que, de nuevo, quita mucho trabajo. Cuando sabes qué tipo de manipulación está realizando alguien, ya no sientes la necesidad de seguir sus señuelos argumentales. Sabes de qué va. Recuerdo que esa fue la misma conclusión que saqué al leer cómo Popper desmontaba a Hegel, no hay que dejarse liar por quienes buscan cegar generando confusión.

Deconstruyendo el nacionalismo
http://pajobvios.blogspot.com.es/2017/05/deconstruyendo-el-nacionalismo.html

Y lo apliqué al Procés catalán, el problema de actualidad.

Resumen #EmoFree de la cuestión catalana
http://pajobvios.blogspot.fr/2017/10/resumen-emofree-de-la-cuestion-catalana.html

Luego vi que el mundo estaba lleno de otras muchas emos que se podían analizar con el mismo criterio. Multiculturalismo, corrección política, multilateralismo, feminismo frentista, populismo de dominio, populismo de discurso, supremacismos, el uso de las lenguas como doctrina y de los medios de comunicación como propagadores de las emociologías… No pondré los enlaces a todos ellos. Andan por mis dos blogs. Y en algún momento espero recopilarlos para hacer una segunda versión de mi libro Emociologías.

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Pero, entre medias, la actualidad me puede. Y las emociologías vuelven a poner el mundo en riesgo. Como antes con los totalitarismos. Las dictaduras crecen y se expanden ante la indiferencia absorta de las democracias: China, Rusia, Cuba, Irán, Turquía…

Yo he seguido la pista poco a poco. Tirando del hilo del nacionalismo, una vez entendí que detrás de su éxito estaba el apoyo del PSOE. Examinando al PSOE vi que seguía el camino marcado por el PSC. Y que este despliega una estrategia calcada a la que utiliza la UE para desgastar a EEUU.

El PSC y la cizaña nacionalista
https://politicadegaraje.blog/2019/01/10/el-psc-y-la-cizana-nacionalista
La necesidad de regeneración del PSOE… y de Europa
https://politicadegaraje.blog/2019/03/01/la-necesidad-de-regeneracion-del-psoe-y-de-europa/
Trocear España
https://politicadegaraje.blog/2019/03/27/troceando-espana/
Un mundo peligroso
https://politicadegaraje.blog/2019/04/02/un-mundo-peligroso/

Así que, tirando del hilo de las emos, voy por la denuncia de algo que he dado en llamar el eje franco-alemán. Una denominación con la que, más que un actor, algo difícil de descubrir, me refiero a una estrategia. Algo más fácil de ver, ya que tan solo hay que unir lo puntos, intentar entender los actos.

No es un conspirativo quid prodest, a quién le beneficia, sino algo más obvio. Es considerar que si lo que se ve coincide con una estrategia, probablemente es que alguien está queriendo seguir esa estrategia. Si parece un pato…

El eje franco-alemán, por sus frutos los conoceréis
https://politicadegaraje.blog/2019/04/13/el-eje-franco-aleman-por-sus-frutos-los-conocereis/

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El nuevo camino de servidumbre
https://politicadegaraje.blog/2019/04/18/el-nuevo-camino-de-servidumbre/

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