Todas las entradas de Carlos Lopez

El nuevo camino de servidumbre

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Comencé a interesarme por la política allá por la época de ¡Basta Ya!.

Soy vasco, pero poco. 😉 De Bilbao. Lo que en su día implicaba un cierto liberalismo en medio de tierras carlistas. O, visto a la inversa, también algún nacionalismo en medio de una clara apuesta democrática. El Bilbao de finales de Franco no tenía ningún apego a la dictadura, pero sí germinaba la semilla del nacionalismo.

Siendo apenas un crío, a los catorce, nos trasladamos a Madrid. ¿Para qué vivir en una olla de perversión nacionalista si podíamos evitarlo, debió pensar mi familia? Así que pasé a ser el Vasco entre mis nuevos amigos. Uno suele caracterizarse por lo que le diferencia. Y, por un rato, por primera vez en mi vida, me encontré pintando ikurriñas y repitiendo con orgullo el poco euskera que había aprendido en el colegio. Un orgullo absurdo, pronto fui comprendiendo. Ahí percibí por primera vez el olor del supremacismo vacuo y enfermizo. En mí mismo. Un olor dulce y a la vez podrido, a veneno.

Así que el tiempo pasó, hice por olvidar esa matraca que dice a tu amígdala cerebral que lo vasco es mejor, y lo conseguí. Pero aún no lo había metabolizado. Me quedó pendiente analizarlo.

Por eso comencé a interesarme por la política allá por la época de ¡Basta Ya!. Tocaba entenderlo.

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Mi primer descubrimiento, quizá ayudado por El bucle melancólico de Juaristi, fue que el nacionalismo no era ideológicamente nada. Que no tenía ninguna base material real, ni ningún objetivo práctico. Que no era la respuesta a algo, una injusticia o una necesidad, sino mera y adictiva propaganda emocional. Una revelación que además quita mucho trabajo, ya que evita la tentación de seguir el señuelo de las justificaciones argumentales nacionalistas de cada momento.

“Nuestros nacionalismos ¿algo más que publicidad?”
http://pajobvios.blogspot.fr/2014/02/nuestros-nacionalimos-algo-mas-que.html

Esta capacidad de cautivar y movilizar a la sociedad tan solo a partir de sus emociones, me pareció digna de atención. Y con el tiempo entendí que había algo grande ahí. Había descubierto el Mulo de La Fundación de Asimov. Un mecanismo para controlar y fijar las emociones ajenas. Para poner a la sociedad a tu servicio. Era el nuevo camino de servidumbre. Lo que antes habían sido las ideologías totalitarias racionalistas. Solo que ahora basado en la moderna teoría de la inteligencia emocional. Y le puse un nombre: Emociologías.   Sigue leyendo El nuevo camino de servidumbre

El eje franco-alemán, por sus frutos los conoceréis

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Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.
Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?
Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.
No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos.
Mateo 7:15-18

Vaya por delante una confesión: no sé qué es exactamente el Eje franco-alemán.

No sé quienes lo componen, desde cuando actúa, ni siquiera me resulta claro cuándo actúa y cuándo no, a medida que cambian los presidentes. Tampoco sé siempre en qué asuntos está metido y en cuales no… pero, como dicen a veces los físicos: es necesario que exista para que la realidad tenga sentido.

 

El eje franco-alemán sería un poder que busca el control de los gobiernos de Francia y Alemania sobre Europa. Y, a través de Europa, la primacía en el mundo. Es decir, un poder que tendría como enemigo a cualquiera que se enfrentase a Francia y Alemania en Europa. O que haga sombra a la UE en el mundo.

En Europa sería partidario de una Italia políticamente disfuncional que justifique que las decisiones se tomen desde la UE. De una Grecia caótica en la que gobierne Syriza, para que todos estemos de acuerdo en que Alemania le debe ajustar las tuercas y marcar el camino. Partidaria de una España dividida en partes como Checoslovaquia o Yugoslavia, una España que derive en nación de naciones para acabar convirtiéndose en un conjunto de pequeñas naciones (no en vano el nacionalismo nace y se hace fuerte… en las regiones fronterizas con Francia). De un Reino Unido que, o se fraccione empezando por Escocia, o se vaya de la UE…

 

Sería un poder que, dada su pequeñez, Alemania y Francia apenas suman unos 150 de los 500 millones de europeos (un 30%), ha optado por estrategias anti. No se centran tanto en su propio crecimiento como en la capacidad de desbaratar los planes ajenos. Y, como tal, vivirían en una eterna hipocresía disfuncional: no tomaré ninguna medida práctica, demonizaré a quienes las intenten tomar, y no dudaré en utilizar todo mi poder para boicotear las medidas ajenas.

Esta sería la posición de Europa respecto de la Guerra de Iraq, respecto de Palestina, respecto de Venezuela… Se apoya nominalmente la democracia y los derechos humanos. Pero se hace hipócritamente, ya que luego se tacha de belicista y criminal a todo aquel que pretenda hacer algo práctico para defender esos valores. Si Rusia, Cuba o China invaden y someten por la fuerza a los venezolanos, se pide democracia de forma abstracta. Si EEUU propone hacerles frente, se boicotean sus propuestas y se le acusa de no querer la paz.

En España, a esta posición hipócrita que valida en la práctica los logros de los agresores y erosiona la respuesta de quién intentan hacerles frente, se le denominó equidistancia: comparar dos acciones como si no existiesen implicaciones morales, equiparando en la práctica a agresores y víctimas. Y en el mundo ha venido a denominarse como multilateralismo: que valga lo mismo lo que diga una dictadura militarista que una democracia. O, en la práctica, que las dictaduras puedan hacer lo que quieran a partir de un criterio de hechos consumados pero las democracias no puedan actuar para ponerles freno.

Los medios de comunicación serían uno de sus objetivos principales. Utilizándolos para sembrar desde ahí peligrosos prejuicios. Antiamericanismo, antiespañolismo, antiimperialismo, equidistancia entre agresores y víctimas, permisividad ante nacionalismos y totalitarismos de izquierda o islámicos, multilateralismo, multiculturalismo, corrección política bloqueante… una infinidad de prejuicios que, como aprendices de brujo, manejan de forma partidista aprovechando su influencia en los medios de comunicación. Sigue leyendo El eje franco-alemán, por sus frutos los conoceréis

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Pedro y el lobo

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Las elecciones en España se dirimen entre una realidad:

el riesgo que supone un PSOE que ha sido conquistado por Pedro Sánchez superando el control de su Comité Federal. Que se ha aliado con quienes estaban dando un golpe de estado. Y que además, una vez en el Gobierno, utiliza el dinero común de forma partidista, poniendo en peligro la viabilidad económica para ganar votos.

Y el humo para taparlo:

¡España es franquista, exhumemos a Franco! ¡Que viene la derecha fascista, machista y racista!

 

Un tipo de estrategia que nos es conocida. También la está utilizando Europa en el resto del mundo. Debe ser la marca de la casa de lo que llaman el eje franco-alemán.

La realidad: las dictaduras militaristas (China, Rusia, Cuba…) crecen y se extienden utilizando la violencia (Siria, Ucrania, Venezuela…). Y no estamos haciendo nada eficaz para frenarlo.

El humo: ¡Qué peligro! ¡en EEUU ha ganado Trump!

 

Un tipo de estrategia que, al esconder la realidad, nos impide hacer lo correcto y prevenir los riesgos. La experiencia nos muestra que así se fraguan grandes tragedias. Solo hay que recordar a ETA en su día, amparada por un antifranquismo absurdo, cuando Franco ya no existía. O, actualmente, tanto en Venezuela como en Siria hay centros montados para la tortura de quien se oponga al régimen. Sin que Occidente reaccione salvo contra los intentos de hacerle frente de Trump. Y, recordemos, hace nada Venezuela tenía una democracia, como nosotros.

 

Así que, aunque en Europa o EEUU aun se vea esto como algo lejano, cosas de países exóticos, acabará siendo peligroso para todos. Como en el cuento de Pedro y el lobo. Después de tanto engaño con falsos peligros, suele acabar llegando un peligro real. Y será malo para Cataluña y País Vasco, malo para España, para Europa y para el mundo en general. Porque es un cuento que da pesadillas si no se atiende a su moraleja.

No demos cancha al cuento de Pedro Sánchez y el lobo de la derecha fascista. Ni al de los multilateralistas de salón y el lobo Trump. Menos lobos de cuento y más atención a los de verdad.

 

Pedro  y el lobo
https://politicadegaraje.blog/2019/04/12/pedro-sanchez-y-el-lobo/

El PSOE, caballo de Troya del nacionalismo

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El PSOE de Felipe González negociaba con sus amigos amigos nacionalistas, pero no colaboraba en la consecución de sus objetivos. No olvidemos que los GAL se montaron para contrarrestar el apoyo de Francia a ETA. El PSOE no lo hubiese hecho de compartir los objetivos nacionalistas.

El PP, allá por 1996, aun creía que el PSOE se aliaba con los nacionalistas tan solo para hacer pinza contra el PP. Imagino que por eso Aznar vio razonable entregar regalos a los nacionalistas para intentar ganárselos a su lado (transferencia de competencias, apoyo de las lenguas locales…). Se trataba de equilibrios de poder entre partidos y Aznar no dudó en acompañarlo de un combate sin concesiones al terrorismo nacionalista de ETA. Es decir, tampoco era colaboración con el nacionalismo en un objetivo común, sino negociación entre partidos.

Y si revisamos a Rajoy, es aun más clara la diferencia entre colaborar y negociar. Es el primer presidente que no transfiere competencias, y con él acaban en la cárcel los máximos dirigentes nacionalistas. Ofreció negociación, pero no colaboración con su estrategia.

Nacionalismo manipulador y respuesta asertiva
http://pajobvios.blogspot.fr/2017/10/nacionalismo-manipulador-y-respuesta.html
Deconstruyendo el nacionalismo
http://pajobvios.blogspot.com.es/2017/05/deconstruyendo-el-nacionalismo.html

Pero con el tiempo el PSOE había cambiado. Y hoy el objetivo del PSOE es otro. Va más allá de la mera negociación práctica. Si nos fijamos en sus muchas acciones desde la etapa de Zapatero, el PSOE ha pasado de apoyarse en el nacionalismo a colaborar con él en una hoja de ruta a largo plazo. Una estrategia que comparte objetivos finales con el nacionalismo:

1- diferenciación de las regiones mediante las lenguas locales. Extendiendo la transformación lingüística a nuevas zonas y uniendo territorios por lengua. Como se ve en País Vasco y Navarra o en Cataluña, Baleares y Valencia;
2- asimilar esas regiones a naciones. Primero fue Cataluña nación, ahora nación de naciones;
3- división de España transformando esas naciones en países. Mediante esas consultas que Iceta ya va augurando.

 

Las lenguas como doctrina
https://politicadegaraje.blog/2019/01/11/las-lenguas-como-cizana
Trocear España
https://politicadegaraje.blog/2019/03/27/troceando-espana/

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