Andres

El pagafantas y los columnistas de PFIZER

Blitzkrieg. El concepto lo acuñó el ejército alemán. Abrir brecha por sorpresa en las filas enemigas para facilitar el paso de las divisiones acorazadas y desorganizar la línea de defensa. Para cuando el objetivo se quiere reorganizar, ya ha sido derrotado. A grandes rasgos, es lo que le ha ocurrido a Pablo Casado, el “pagafantas” de la derecha española tras el pobre resultado cosechado en las Elecciones Autonómicas de Castilla y León.

Pablo Iglesias describió, en una de sus intervenciones parlamentarias, el papel que estaba jugando Pablo Casado al frente del Partido Popular: el de pagafantas.Es una forma mordaz de resumir la trayectoria del joven político castellano, desde que el barco se va a pique hasta que le tiran por la borda. Disfrazado de venerable abuela, Nuñez Feijoo, ya había subido sus dos apellidos al bote salvavidas y navegaba rumbo a Galicia.

En 3 días, todo el Almanaque de Gotha del columnismo español recibió la consigna de darle leña al mono. Le tocó faenar lo suyo a Cayetana Ávarez de Toledo, es de imaginar que por lo de la sangre azul. No le ahorraron ni las burlas subidas de tono, ni las humillaciones, para pasmo de una izquierda mediática que no sabía por donde arreciaba el temporal. Pero cuando rebobinamos mentalmente la película, y analizamos el reparto de papeles, observamos que no se dejó nada al azar.

A Pablo Casado, le tenían “marcado” desde que asume el timón de la embarcación. La primera noticia del Máster la filtra El Mundo el 17 de mayo de 2018. Es el rival a batir, toda vez que Soraya Saez de Santamaría suscita demasiada oposición interna. El rastro de tinta que dejan los caracoles en las hemerotecas nunca engaña. Fuera del foco quedaban a resguardo los futuros activos de la cantera gallega, esperando el momento de enseñar la patita, como acaba de hacer Adrián Pardo. La lógica, hasta ahora, era que a un candidato gallego le sucediera otro castellano, por el enorme peso de sus federaciones territoriales.

El líder del PP no era plenamente consciente de su vulnerabilidad. “Me he podido equivocar, pero no he hecho nada malo”. La frase con la que imploraba clemencia a sus verdugos evidencia sus males. Desde Murcia no sólo buscaban sacar del tablero a Pablo Iglesias, sino también provocar el relevo de Casado. No le hacían ascos a la idea de gestionar una GroSSe Koalitión llenita de euros. Pero sonó la flauta y tuvieron que aguardar hasta la siguiente cita electoral.

Casado no supo interpretar la huida de Pablo Iglesias y cometió el mayor error de su carrera política al no aprovechar la moción de censura de Murcia para convocar elecciones en Andalucía y Castilla -León. Entregar la iniciativa política a sus rivales y enemigos era exponerse a un final de navajas como el que hemos visto. La extemporánea campaña de Mañueco como telonero de las elecciones en Andalucía no es menos extraña que el airado victimismo de Isabel Díaz Ayuso. El que le comió la oreja a Pablo Casado sabía que la estrategia estaba condenada al fracaso. La pérdida de peso electoral de Castilla y León no tiene enmienda. El voto más fiel y decisivo se quedó confinado en casa.

El giro al centro y la estrategia de regeneración no suele funcionar. El PSOE lo intentó en los 90, y fracasó. Los conservadores han intentado clonar a Albert Rivera y ha acabado como el rosario de la aurora. Los partidos políticos son organizaciones cuasi mafiosas que nacen, crecen y desaparecen (con el dinero). En la mayoría de las regiones, el voto al Partido Popular ha quedado reducido a la mitad. El votante se ha hecho mayor y el relevo generacional no acaba de llegar. Para colmo de males, los más jóvenes y los más radicales prefieren a VOX. El rostro de los manifestantes de la calle Génova ilustra la cuadratura del círculo del pensamiento reaccionario o reactivo. Se aferran al espejismo de la victoria electoral de Ayuso sin pararse a pensar que PP y VOX no pueden sumar una mayoría suficiente para gobernar si salen a pescar votos en el mismo caladero. Con 4 grandes formaciones en liza, sería un milagro matemático que el PP de Feijoo alcanzara los 80 diputados para empatar con VOX. ¿De qué serviría?

© Belge
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