Antes o después, todas las herejías protestantes del cristianismo recurren al control de los precios. Podría decirse, de hecho, que el vano intento de controlar los precios del mercado desde la ley, el terror y las armas es lo que mejor define el paradigma de la USURA. Es así, SIEMPRE, porque la apropiación indebida de la inflación por parte de la nomenclatura del régimen conduce a la escasez generalidad de bienes y servicios de primera necesidad y a lanzar a la mitad de los pobres contra la otra mitad.
El marxismo es la religión del ODIO. Lo son todas las herejías surgidas como esporas del cristianismo, empezando por el llamado sionismo cristiano. Es asombroso que de una religión que profesa el AMOR hayan surgido tantas herejías que profesan el ODIO y rinden culto a SATANÁS. La crisis de la vivienda es solo la enésima manifestación del mismo mal: el control de los precios que imponen los USUREROS (falsificadores de la moneda, piratas, fenicios y demás mafiosos con poder para imponer el medio de pago y la aceptación de la deuda a terceros). Si no produces pan suficiente, porque el agricultor prefiere comerse lo que produce antes que regalarlo, es porque los malvados especuladores han acaparado el trigo y el centeno. Matando a los otros pobres, tendrás pan en tu mesa.Los que gritan, con el altavoz a todo volumen, son siempre terroristas o aprendices de terroristas sin escrúpulos que ambicionan con prosperar entre los falsificadores de moneda. Es absurdo debatir con ellos porque te hayan hecho creer que “eso” es democracia y que la democracia es el menos malo de los sistemas políticos.En España, recurrir a la demagogia inmobiliaria (pregonar el control de los precios como remedio mágico) no es nuevo. Lo hizo la izquierda entre 2000 y 2004 para movilizar a un electorado desanimado, antes de que la CIA rematara la faena en Atocha con sus mercenarios marroquíes.Entre 2000 y 2004 nos desgañitamos lo suficiente en todos los foros y RRSS para conocer al dedillo la retórica de todos los terroristas, desde el vulgar seguidor hasta los que llegaron a ministro. Prometían asaltar el cielo, pero se quedaron en el Banco de España, saqueando el oro, como hacen siempre. A los usureros los encanta el oro. Odian el VALOR, excepto cuando se lo quedan ellos. Con todos los pisos y activos inmobiliarios que adquieren los socialistas, comunistas y podemitas en cuanto tocan pelo, se podría crear un Fondo Inmobiliario con capacidad para hundir a la misma BlacRock de los sionistas más fenicios. Pedro Sánchez teme ir a la cárcel y ha decidido prender fuego a Roma. La culpa no es solo suya. Es de todos aquellos que, por acción y omisión, consintieron el Golpe de Estado catalanista de 2017, de los que aplaudieron la Moción de Censura de 2018 y renunciaron a fiscalizar los pucherazos de abril de 2019 y julio de 2023. Pedro Sánchez es solo el títere sin escrúpulos que EEUU llevó a la Moncloa para que cediera el Sáhara a Marruecos. En 2022, los que gritaban tanto y animaban a sus seguidores a asaltar el Banco de España, digo el cielo, se tragaron el altavoz y pusieron rumbo a Bruselas, que de algo hay que vivir cuando se deja de ser vicetrincón. PP y VOX, que se mostraron tan poco de fiar como el PSOE durante la Pandemia, no deberían caer en el enredo retórico de las seudo elecciones. Deberían esperar en silencio a que abran los colegios electorales para ir a votar. Aún así, a Santiago Abascal, como vicepresidente del gobierno, le brindaremos 100 días de gracia y 100 más de propina, para demostrar que es un político diferente a los que hemos padecido en los últimos 50 años.
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