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Periodista especializado en Economía

Año 0. Día 7. La Manada de Lledoners


La Manada de Lledoners, condenada por ultrajar, violar y porculizar a la Constitución. A punto de irse de rositas. Miles de columnistas de la prensa marxista diciendo, a coro, eso de: “Hubo malversación, tal vez sedición… pero solo con la puntita… ¡votación pacífica y consentida! No se puede reprimir el deseo del pueblo”. Menos mal que los Jueces no se han dejado engañar. Era puro escarnio verlos a salir de la trena a los 57 días. ¡Por Dios! que no se le ocurra a Oriol Pujol robar unas gafas de sol.

Con la Justicia, en el Condado de Nottingham, nunca se sabe si toca la de cal o la de arena. Por si acaso, los campesinos han empezado a hacer el petate; se dirigen al Bosque de Sherwood, con la estampita de Fray Marchena en la mano. Con el lío del BREXIT, el regreso de Ricardo, Corazón de León, se va a hacer esperar.

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Año 0. Día 6. Madrid Central.


Los coches no caben en Madrid. Los seres humanos, tampoco. Ni en Barcelona, Roma, París o Londres. El urbanita alelao, verde por fuera y rojo por dentro, contamina 100 veces más que cualquier ciudadano del mundo rural occidental. Contamina, desde que se levanta hasta que se acuesta, para mantener de forma ventajista un estatus social ventajoso. Llama el ascensor para no sudar subiendo y bajando escaleras, y las centrales eléctricas de ciclo combinado emiten a la atmósfera su cuota parte de gases venenosos. Y si pide un VTC con chófer esclavo para no mezclarse con la chusma en el metro – porque el urbanita alelao es pelín clasista y puritano – quiere que el coche sea nuevo. Le importa un rábano el coste ambiental de fabricarlo.

El urbanita nos sermonea a diario, y nos habla de compartir, de alquilar en lugar de comprar, pero tiene su propio coche en el garaje, y su propia moto, y le gusta viajar en avión a sitios exóticos. De 52 fines de semanas que tiene el año, habría que calcular cuantos se queda a disfrutar de su maravillosa ciudad, y cuantos sale a contaminar el medio ambiente de forma caprichosa. Huelga decir que la huella ecológica de esos 10.000 km que va a ensuciar para reducir su ansiedad vital es infinitamente superior a la de quedarse en su casa leyendo un buen libro.

Ciudades como Madrid y Barcelona, en la que ya no caben los 30 M2 de cada vehículo, son 1000 km2 de recalificaciones, de chanchullos urbanísticos y de políticos a granel. A 1.000 euros constantes el metro repercutido de corrupción, nos hacemos una idea aproximada del volumen de pecados que hay que blanquear con una ideología de saldo. Para la Casta Puta que decía Arcadi Espada, Barcelona o Madrid son un botín acumulado de 200.000 millones de euros.

La solución del marxista luterano para todos los problemas es universal: culpar al pobre y criminalizar al disidente. Es culpable de no querer vivir en el centro de Madrid y quitarle la plaza de aparcamiento al sufrido vecino. Lo menos que puede hacer es pagar el impuesto que corresponde. El proteccionismo es la verdadera naturaleza de cualquier luterano. Dios le trajo al mundo para cobrar peajes.

Madrid Central es una aberración administrativa que contraviene no sólo la letra de la Constitución Española de 1978, sino el espíritu del Proyecto Europeo bajo cuya sombra Alemania está extendiendo su nuevo imperio. Impide la movilidad y condiciona el acceso al libre mercado y al empleo de quienes viven fuera de Madrid. Si un ciudadano de Móstoles, Fuenlabrada o Leganés debe dedicar 3 horas de su tiempo a desplazarse, el autónomo que viaja desde las provincias de Segovia, Cuenca o Toledo en busca de clientes, debe asumir el coste y echarle 5 o 6 horas al día. En la práctica, es un arancel inasumible.

Los urbanitas alelaos a sueldo del Nazi internacional han puesto la venda antes que la herida. Se movilizan en las RRSS controladas por empresas norteamericanas para protestar contra la “intención” del nuevo alcalde de Madrid de suprimir las multas por entrar en el Coto Reservado. Los sabrosos faisanes del bosque son para el Señor y sus Vasallos. Ya jode que cojas un vuelo low cost desde Londres o Zurich para ir a tomar tapas en el Madrid de los Austrias, y no puedas disfrutar de la terraza por los tubos de escape y el ruido del tráfico.

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Año 0. Día 5. Gobierno de Copulación


15 de junio de 2019. Casta Puta. Lástima que el análisis de Arcadi Espada desmerezca un titular así. Trazo implacable de bisturí  forense…al aire. Ya controlan la Administrocracia.  El Gobierno de Copulación, pactado en un vis a vis de Lledoners, era eso. Un ménage à trois, bajo la atenta mirada del chulo de Matignon.

Madame se queda en Barcelona y las chicas monas del calendario Pirelli viajan a Madrit, Distrito Feudal. Ciutadans quiere pastelear el Ensanche de Chamartin.  El análisis forense del pestilente cadáver revela lo que costó la destructiva Sociedad Pública del Alquiler, y las Kely Finder regaladas de Trujillo y Sebastián. 5500 pavos cada par.  Por eso se llama regalo. ¿Qué sería la vida sin esos pequeños placeres de la impunidad administrativa?

El hilo de la madeja son esos 2000 leuros  que el Lobby catalán  le pasaba por lo bajini a la Señora Colau, cuando se pateaba los encargos en la calle, y se dedicaba al fake news inmobiliario. Desde otoño de 2002, y el famoso cónclave de Roma que cita el bueno de García Montalvo, las RRSS eran un hervidero. Bulos y manipulaciones  para excitar la envida e incitar al odio. Hoja de Ruta. De la CEP a Galapagar.

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La Generación Botellón


La flecha del Destino. En su origen, un palabro griego heredado del sanscrito, histano, se refiere al blanco en el que se hace puntería, a lo lejos. Es una metáfora poco elaborada, que se presta a ser abusada. La flecha ya busca su diana cuando empieza a brotar. Puestos a elegir un desvarío germano, me quedo con el afilado Puñal toledano de Borges, que soñaba su sencillo sueño de tigre.

La Generación Botellón es un cuchillo de cocina embotado. De usar y tirar, por 1 euro en el bazar chino de la esquina. Bien sabe el marxista Pablo Iglesias la naturaleza de sus sueños cuando les pide que se alcen como lanzas contra el Cielo. Pero sus metáforas culinarias les traicionan: no van más allá del cajón del pan. Se ven descorchando botellas todas las noches, sedientos de bacanales, pero su Destino es pequeño y retorcidos como un sacacorchos. Incluso cuando gritan a coro contra la “Generación Tapón” su protesta sabe a garrafón y suena etílica. Soñaban con destapar el Jarrón de las Esencias, sin caso de las advertencias.

El millenial nacido en España no cree en la palabra nación.Socializado por imperativo legal, es gregario por debilidad; nada solidario. Desde que los publicistas franceses lo acuñaron para la campaña de Mitterand, sabemos que “generación” es un sucedáneo de nación, con regusto a élite urbana. Le han hecho creer desde niño que forma parte de esa Comunidad de Elegidos que trasciende las demarcaciones administrativas. La “nación” es un lastre que le impide ascender como un globo aeroestático y aprovechar las térmicas sociales para elevarse por encima de la masa de los rivales.

Generación Tapón han sido más de 1 millón de prejubilaciones tempranas con cargo a la Seguridad Social y 1,2 millones de parados mayores de 50 años. Para que la Generación Botellón tuviera empleo aquí en lugar de emigrar, la gestión de la crisis del 2007 provocada por el Psoe de Zapatero consistió en mandar a sus casas a 2 millones de españoles nacidos en los años del Baby Boom. Dentro de un lustro, serán culpables de la quiebra del sistema de pensiones.

El Asalto a los Cielos, pregonado en Vistalegre como respuesta a la crisis económica e institucional, era un Pronunciamiento en toda regla.El plan estratégico ideado por Pablo Iglesias era sencillo: unirse para okupar la Administrocracia. Del 19 de octubre de 2014 al 28 de abril  de 2019 solo han tardado 54 meses en conseguirlo. El mérito, surgido de la Ilustración, ha sido derrotado por el clientelismo. 500.000 millones de euros de Gasto Público discrecional dan para comprar muchas lealtades.

El Espacio Público Totalitario de la próxima década se va a caracterizar por el puritanismo moral, la corrupción económica y la falta de libertad política. La Generación Botellón se dispone a malvender y malversar todas las parcelas de Soberanía nacional  Ya han empezado. Con bastante sigilo, han dado permiso a EEUU para desplegar más tropas en Rota que las autorizadas por los Convenios firmados. No se necesita una bola de cristal para conocer que el legado político de esa Generación de españoles será la Secesión de Cataluña como región española, no sin antes haber debilitado al conjunto del territorio.

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