La guerre de Troie n’aura pas lieu. No habrá guerra en Troya. La inmortal obra que Jean Giraudoux escribió en 1934, y narra las peripecias y esfuerzos de Héctor y su mujer Andrómaca por salvar la Paz, es una reflexión sobre la esencia de la libertad humana y sobre la verdadera naturaleza del Destino en la civilización occidental. El mito griego de lo inexorable impregna toda la cultura política clásica, pero está siendo deliberadamente ocultado en la “modernidad” de la globalización. Lo que para las mentes preclaras del Renacimiento y de la Ilustración eran las “Fuerzas del Destino” son, para nuestros contemporáneos, extrañas teorías de la Conspiración.
Tras el varapalo del 24-M, el buen dato del paro en mayo y de la afiliación a la Seguridad Social suponen un pequeño balón de oxígeno para el gobierno de Rajoy. A fecha de hoy, todos los parámetros financieros, económicos y laborales son objetivamente mejores que los que heredó en 2012. ¿Será suficiente esta evolución positiva para convencer a la Opinión Pública de aquí a las próximas elecciones generales? Probablemente no. Las divisiones internas que arrastra el Partido Popular desde la pasada legislatura son cada vez más acusadas y debilitan la defensa del relato económico y social del Gobierno frente a la recreación fantasiosa y publicitaria ideada por una Plataforma de Unidad Popular Nacionalista (Maria Antonia Trujillo Dixit) que abarca desde el radicalismo vasco hasta el último botijero de Ciutadans.
La apuesta del Psoe de Zapatero y Sánchez por alimentar una especie de Fuerza Constituyente Nacionalista con la que romper el candado constitucional (Pablo Iglesias Dixit), ha sacado el debate económico del ámbito de la racionalidad política para llevarlo al terreno de las emociones a flor de piel. Su estrategia para los próximos meses, con toda seguridad, es subir el volumen de los altavoces para que los gritos se escuchen perfectamente en Berlín y en Washington D.C. De poco servirán mensajes como el de Álvaro Nadal hoy, oteando en el horizonte un ciclo prolongado de crecimiento “si no se tuercen las cosas” y no cambia la política económica. El discurso pragmático y realista del responsable de la Oficina Económica de Moncloa no puede contrarrestar el tirón popular de un relato épico escrito por los medios nacionalistas a la medida de sus intereses.Belge. Junio 2015
Tras el varapalo del 24-M, el buen dato del paro en mayo y de la afiliación a la Seguridad Social suponen un pequeño balón de oxígeno para el gobierno de Rajoy. A fecha de hoy, todos los parámetros financieros, económicos y laborales son objetivamente mejores que los que heredó en 2012. ¿Será suficiente esta evolución positiva para convencer a la Opinión Pública de aquí a las próximas elecciones generales? Probablemente no. Las divisiones internas que arrastra el Partido Popular desde la pasada legislatura son cada vez más acusadas y debilitan la defensa del relato económico y social del Gobierno frente a la recreación fantasiosa y publicitaria ideada por una Plataforma de Unidad Popular Nacionalista (Maria Antonia Trujillo Dixit) que abarca desde el radicalismo vasco hasta el último botijero de Ciutadans.
La apuesta del Psoe de Zapatero y Sánchez por alimentar una especie de Fuerza Constituyente Nacionalista con la que romper el candado constitucional (Pablo Iglesias Dixit), ha sacado el debate económico del ámbito de la racionalidad política para llevarlo al terreno de las emociones a flor de piel. Su estrategia para los próximos meses, con toda seguridad, es subir el volumen de los altavoces para que los gritos se escuchen perfectamente en Berlín y en Washington D.C. De poco servirán mensajes como el de Álvaro Nadal hoy, oteando en el horizonte un ciclo prolongado de crecimiento “si no se tuercen las cosas” y no cambia la política económica. El discurso pragmático y realista del responsable de la Oficina Económica de Moncloa no puede contrarrestar el tirón popular de un relato épico escrito por los medios nacionalistas a la medida de sus intereses.Belge. Junio 2015
INLUCRO.NEWSUn derechazo. Los terroristas que se inmolaron el pasado 22 de marzo en Zaventem y en la estación de Metro de Maelbeek han conseguido sus objetivos políticos. El gobierno belga ha empezado a perder los papeles y es cuestión de hora que bese la lona. Hans Bonte, el alcalde flamenco de Vilvorde, una pequeña población limítrofe de la Región de Bruselas, autorizó la reunión y desplazamiento a la Place de la Bourse de un grupo de ultraderechistas y nacionalistas flamencos. Su propósito nada pacífico era reventar el acto de recogimiento y memoria a las víctimas de los atentados que sustituía la Manifestación contra el Miedo prohibida unas horas antes.El Alcalde del distrito Villa de Bruselas, Yvan Mayeur, había declarado que no se veía con fuerzas para impedir el acto de homenaje, aunque había ordenado la presencia de fuerzas anti disturbio. La polémica ha saltado porque los partidos flamencos que conforman el Gobierno no solo no quisieron firmar hace unos días un comunicado común y prohibieron que se celebrara en Bruselas la Manifestación Contra el Miedo, sino que ahora se han negado a condenar las agresiones de los 500 neonazis desplazados ayer al centro de la ciudad. “Estoy escandalizado por lo que ha ocurrido y constatar que tales crápulas y canallas hayan podido venir a provocar a los ciudadanos en el homenaje a las víctimas. Nos habían prevenido de estas intenciones y constato que no han hecho nada para impedirlo” ha declarado Yan Mayeur a RTL.Es cuestión de horas que caiga el Gobierno belga. Desde el pasado martes, el Primer Ministro belga no ha parado de intentar sofocar las llamas de un incendio incontrolado. Las duras críticas contra la Policía y los Servicios Secretos por su manifiesta incompetencia fueron contestadas por un portavoz de los socios flamencos con insultos a los Ministros de Interior y de Justicia. Charles Michel, que se ha negado a aceptar dimisiones en su gobierno por la incapacidad para gestionar la crisis, debe lidiar ahora con la abyecta provocación pública de sus socios flamencos y la imagen mundial de la salvaje agresión a un pacífico manifestante en la Place de la Bourse.La más que previsible caída del Gobierno belga llega en el peor momento posible para las instituciones europeas. Es una crisis sin precedente en Europa y es harto improbable que las dos comunidades flamencas y francófonas consigan conformar un nuevo gobierno. Han reaccionado de la peor manera posible a los atentados, amplificando la onda expansiva hasta el punto de dinamitar la estructura federal y los siempre precarios equilibrios políticos de Bélgica. A su vez pone en jaque la forma actual de la propia UE.