La abstención era el convidado de piedra de las Elecciones Autonómicas en Castilla y León. A la postre, ha resultado ser la clara vencedora de los comicios. La España Interior ha votado a su manera, desertando los colegios electorales. Ausencia notable por su calidad, que la Prensa servil se ha esforzado por silenciar. Aquellos españoles que acudían a todas las citas electorales, después de misa, han decidido que este régimen marxista y pandémico no va con ellos. Por primera vez en 45 años, se ha abstenido el voto de mayor calidad democrática: el voto del pueblo.
El tablero está convulso, puro terremoto de piezas menores y temblor de alfiles. Los que barruntan estrategias y publican sondeos para inducir tendencias mediáticas se han quedado con cara de haber perdido el escaque. No saben lo que pasa pero intuyen que no es bueno para ellos. Un país como España, deshuesado y desnortado, se encuentra huérfano de identidad, sin proyecto, en un mundo que ha devenido confuso. Caen una tras otras las grandes coartadas, las piezas del dominó administrativo. El simulacro de solidaridad enmascarada ha resultado ser un fallido estrepitoso, y ni siquiera ha servido para ocultar esa envidia amarilla de la que hablaba Quevedo. ¿La verdad? España empieza a dar pena.
La Oposición parlamentaria se quedó fuera de juego en el primer semestre de 2020, cuando tenía que haber exigido la cabeza de Pedro Sánchez en una pica. En lugar de eso, se fue a buscar tardanza y a urdir retórica y consignas. Es más: se hizo cómplice de un Estado de Excepción encubierto que el Tribunal Constitucional acabó declarando ilegal a todas luces. Nos mantuvo secuestrados y amenazados durante más de un año, fingiendo solvencia y liderazgo político.
Como consecuencia de una abstención de calidad, la que podía ser una victoria táctica del PP, se ha convertido en una victoria pírrica. Ya no le basta con ganar por la mano. Ha dilapidado ese plus de legitimidad que atesoraba en miles de municipios de la España Interior. A un año vista, dará igual si le saca 500.000 votos y 10 diputados al equipo de Santiago Abascal: señalado con el dedo por los puritanos, sin proyecto, echará de menos esa sufrida milicia popular. Incluso si suman 175 diputados por los pelos, tendrán enfrente todo el aparato burocrático. Ni siquiera es necesario predecir nada, Germania y sus satélites puritanos ya no disimulan: lo que va a pasar si PP y VOX logran sumar 90 y 85 escaños es actualidad en Polonia y en Hungría.
Al PP de Pablo Casado le va a ocurrir lo mismo que al PP de Rajoy y al PP de Aznar: no tener en cuenta que el “amigo americano” y el “socio alemán” barren a favor del PSOE. Siempre será su hijo de puta, como dijo Franklin Roosevelt al referirse a uno de sus títeres bananeros. Mariano Rajoy jugó la baza de la legalidad más esquisita, pero Merkel no dudó un instante en apuñarle y propiciar la Moción de Censura. Resumiendo, que es gerundio: los puritanos que han desvirtuado el Proyecto Europeo bendicen que ETA forme parte de un gobierno de la UE pero ven muy problemático que se postulen los partidos que intentan representar a sus votantes católicos.
¿Y qué hay de la pelea a navajazo limpio entre Ayuso y los hombres del presidente? En el PP madrileño, como ocurre en la FSM, larga es la tradición y habituales las traiciones. Se reparte mucho dinero en Madrid. Esperanza Aguirre no fue la primera en disfrazarse de verso libre para seducir a los alcaldes del Sur. Ayuso sigue el mismo guión que Cristina Cifuentes, Jaime González, Esperanza Aguirre y Alberto Gallardón ya habían interpretado, en la estela de Leguina. El formato de la autonomía madrileña se presta a ello.
El fondo del asunto, entre las formas y el trasfondo estratégico, es tan sencillo como examinar cómo ha evolucionado el historial laboral y financiero del hermano de la presidenta en el último lustro. Es la prueba del algodón que el 95% de los políticos no supera, y queda feo en el relato político, pero es algo así como el palo en la nariz que millones de personas tienen que soportar a diario. Cosas de la Democracia Pandémica y del Marketing Puritano. Se habla de izquierda líquida – para edulcorar el carácter totalitario del marxismo luterano – y a menudo se olvida que también existe una derecha líquida que no renuncia a controlar el centro del tablero. Por intuición o coincidencia de intereses, a Pablo Casado y a Santiago Abascal les conviene la misma transferencia de votos. Su prioridad es aprovechar la alta abstención y contrarrestar las nuevas marcas que se le ocurran a Pablo Iglesias y al lobby catalán. Con esa estrategia escenificada durante la pasada moción de censura, y testada ahora en Castilla y León, ambos partidos rozan la mayoría absoluta.(c) Belge
El tablero está convulso, puro terremoto de piezas menores y temblor de alfiles. Los que barruntan estrategias y publican sondeos para inducir tendencias mediáticas se han quedado con cara de haber perdido el escaque. No saben lo que pasa pero intuyen que no es bueno para ellos. Un país como España, deshuesado y desnortado, se encuentra huérfano de identidad, sin proyecto, en un mundo que ha devenido confuso. Caen una tras otras las grandes coartadas, las piezas del dominó administrativo. El simulacro de solidaridad enmascarada ha resultado ser un fallido estrepitoso, y ni siquiera ha servido para ocultar esa envidia amarilla de la que hablaba Quevedo. ¿La verdad? España empieza a dar pena.
La Oposición parlamentaria se quedó fuera de juego en el primer semestre de 2020, cuando tenía que haber exigido la cabeza de Pedro Sánchez en una pica. En lugar de eso, se fue a buscar tardanza y a urdir retórica y consignas. Es más: se hizo cómplice de un Estado de Excepción encubierto que el Tribunal Constitucional acabó declarando ilegal a todas luces. Nos mantuvo secuestrados y amenazados durante más de un año, fingiendo solvencia y liderazgo político.
Como consecuencia de una abstención de calidad, la que podía ser una victoria táctica del PP, se ha convertido en una victoria pírrica. Ya no le basta con ganar por la mano. Ha dilapidado ese plus de legitimidad que atesoraba en miles de municipios de la España Interior. A un año vista, dará igual si le saca 500.000 votos y 10 diputados al equipo de Santiago Abascal: señalado con el dedo por los puritanos, sin proyecto, echará de menos esa sufrida milicia popular. Incluso si suman 175 diputados por los pelos, tendrán enfrente todo el aparato burocrático. Ni siquiera es necesario predecir nada, Germania y sus satélites puritanos ya no disimulan: lo que va a pasar si PP y VOX logran sumar 90 y 85 escaños es actualidad en Polonia y en Hungría.
Al PP de Pablo Casado le va a ocurrir lo mismo que al PP de Rajoy y al PP de Aznar: no tener en cuenta que el “amigo americano” y el “socio alemán” barren a favor del PSOE. Siempre será su hijo de puta, como dijo Franklin Roosevelt al referirse a uno de sus títeres bananeros. Mariano Rajoy jugó la baza de la legalidad más esquisita, pero Merkel no dudó un instante en apuñarle y propiciar la Moción de Censura. Resumiendo, que es gerundio: los puritanos que han desvirtuado el Proyecto Europeo bendicen que ETA forme parte de un gobierno de la UE pero ven muy problemático que se postulen los partidos que intentan representar a sus votantes católicos.
¿Y qué hay de la pelea a navajazo limpio entre Ayuso y los hombres del presidente? En el PP madrileño, como ocurre en la FSM, larga es la tradición y habituales las traiciones. Se reparte mucho dinero en Madrid. Esperanza Aguirre no fue la primera en disfrazarse de verso libre para seducir a los alcaldes del Sur. Ayuso sigue el mismo guión que Cristina Cifuentes, Jaime González, Esperanza Aguirre y Alberto Gallardón ya habían interpretado, en la estela de Leguina. El formato de la autonomía madrileña se presta a ello.
El fondo del asunto, entre las formas y el trasfondo estratégico, es tan sencillo como examinar cómo ha evolucionado el historial laboral y financiero del hermano de la presidenta en el último lustro. Es la prueba del algodón que el 95% de los políticos no supera, y queda feo en el relato político, pero es algo así como el palo en la nariz que millones de personas tienen que soportar a diario. Cosas de la Democracia Pandémica y del Marketing Puritano. Se habla de izquierda líquida – para edulcorar el carácter totalitario del marxismo luterano – y a menudo se olvida que también existe una derecha líquida que no renuncia a controlar el centro del tablero. Por intuición o coincidencia de intereses, a Pablo Casado y a Santiago Abascal les conviene la misma transferencia de votos. Su prioridad es aprovechar la alta abstención y contrarrestar las nuevas marcas que se le ocurran a Pablo Iglesias y al lobby catalán. Con esa estrategia escenificada durante la pasada moción de censura, y testada ahora en Castilla y León, ambos partidos rozan la mayoría absoluta.(c) Belge
Yo nací en Bilbao allá por 1965. En un entorno políticamente tranquilo que prosperaba económicamente. Durante mis primeros años la realidad resultaba prometedora. La dictadura daba paso a una Transición que añadía libertades a la tranquilidad y la apertura a Europa disparaba la prosperidad. Una realidad que animaba al optimismo no solo en España, sino en el mundo. Las dictaduras y regímenes criminales derivados de la Guerra Fría parecían llegar a su fin con la derrota de la dictadura de la URSS. Y todo el planeta progresaba económicamente reduciéndose el llamado Tercer Mundo. Un arranque esperanzador. Pero en Bilbao ese escenario pronto se vio contaminado por un nuevo enemigo. El nacionalismo autoritario y criminal prosperaba con el visto bueno de una Francia que lo acogía en su Santuario y una Europa que animaba a los partidos políticos a ser condescendientes con él y alimentarlo. A dejar crecer y mandar a esa nueva ideología anti-liberal. Así hemos visto al País Vasco someterse a la imposición nacionalista hasta el absurdo de
El objetivo de la colonización es sencillo. Que los españoles trabajen en empresas dirigidas desde Francia o Alemania. Y luego compren a empresas también dirigidas desde Francia y Alemania. Ese es el objetivo de la colonización también en el siglo XXI, el de siempre, conseguir recursos, trabajadores y consumidores a las órdenes del colonizador.Esto no es parece fácil de conseguir, puesto que todos sabemos el objetivo último: el que parte y reparte se queda con la mejor parte. Así que para conseguir implantar este orden hay que seguir unos pasos que impidan la reacción de los colonizados: