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Elecciones Constituyentes: la hoja de ruta llega a su fin

El genio ha vuelto a escaparse de la botella. Era evidente que las elecciones municipales iban a condicionar el final de la legislatura.  Lo sabían Ramón Tamames y los amigos lectores de INLUCRO.  ¿Qué otro sentido podía tener una Moción de Censura en las postrimerías de la legislatura?

La ecuación se resolvía, entonces y ahora,  interpretando correctamente la  errática política de comunicación del conglomerado de círculos de Podemos y recordando que el 1 de julio empieza el semestre español en la UE.  Era demasiado honor político para no tenerlo en cuenta.  

El rasgo más característico de Pablo Iglesias es su rapidez a la hora de mover las fichas en el tablero.  Es política blitz. La convocatoria de las elecciones generales el 23 de julio lleva puesta su inconfundible sello.  Sorprender, confundir, descolocar. Le ha faltado tiempo para invocar el Frente Popular. 

Desde que dimitió por sorpresa y nombró a Yolanda Díaz, la estrategia no ha variado, determinada por la más que descontada desaparición de CS, el invento de La Caixa. Se lo explicó a Pablo Casado, que le caía bien: vas a ser el pagafantas de Feijoo.

El resultado de las elecciones generales en abril de 2019,  que fueron claves para armar el frente batasuno que debía apoyar al PSOE, fue condicionado por el inesperado crecimiento de CS en 4 puntos muy concretos: Barcelona, Valencia, Sevilla y Madrid, coincidiendo con un fuerte incremento del voto por correo con largas colas en los telediarios. Fue algo sorprendente por cuanto los resultados de la formación naranja fueron muy distintos en las Europeas y en las Municipales, que se celebraron prácticamente al mismo tiempo.

Para el votante de izquierdas, siempre en los márgenes del sistema, que lleva 6 meses de zozobra mediática y acaba de votar en vano, la llamada al voto útil  no va a caer en saco roto.  Desde todos los minaretes cibernéticos le van a llamar a desbordar las siglas para SUMAR los escaños necesarios.

El objetivo de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias no es ganar las elecciones del próximo 23 de julio, sino empatar el tablero como ya hizo Mariano Rajoy. Es bastante probable que lo consigan y puede que ni siquiera necesiten al duende de Correos. Son matemáticas bastantes elementales.  Sólo necesitan que VOX sume más de 2 millones de votos, como ya ocurrió en anteriores elecciones generales.

Gane quien gane las próximas elecciones, La Caixa ya sabe que la derecha catalana va a resultar decisiva. Por eso ha amortizado Ciutadans. Tiene mucho morbo que la suerte de Feijoo acabe dependiendo de Puigdemont y Pujol, pero ya lo dijo el sabio: esa gran casa de putas que es la política española hace extraños compañeros de cama.

(c) Belge
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