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La Revolución Puritana

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Las revoluciones burguesas las carga el diablo. Que se lo pregunte a Robespierre y a Trotsky. Los que soñaban con cabalgar a lomos de un tigre se han hecho viejos espantando fieras palomas en el parque. Querían ir al cielo pero no tenían prisa por morir. El problema al que se enfrenta todo el planeta en la actualidad, es que los puritanos del Imperio de la Triple A quieren vivir 100 años. “Si lo que quieres es vivir cien años, recomendaba Sabina, vacúnate contra el azar. Compra una máscara antigás, manténte dentro de la ley y haz running de cinco a seis. Algo ya se debía oler el cantautor de Úbeda.

Los puritanos van siempre un paso por delante, pero les obsesiona el control social. Su paranoia por la seguridad es tal, que con la edad, se vuelven viejos hipocondriacos. No tienen hijos, viven rodeados de esclavos. Los necesitan para barrer sus calles, conducir sus taxis, reponer latas en el supermercado, llevarles la pizza a casa.. La economía digital, que sucede en el orden cronológico a la Nueva Economía, es el viejo camelo de siempre. Se proclaman felices en su reino, pero cuando viajan al Sur, lo que sienten es envidia por no estar en la Gracia de Dios.

Desde la Crisis Subprime, han falsificado tanto dinero que ya no queda nada de valor en el mercado. La falsa moneda expulsa la verdadera. Sus Fondos de Pensiones, rescatados de la quiebra en 2008, ahora se dedican a comprar políticos, jueces y banqueros para poner las instituciones a su servicio. No deja de ser irónico como se dedican a extender la corrupción y multiplicar los conflictos por todo el mundo. Irónico pero no caprichoso: la revolución puritana es hija del proteccionismo.

Entre la primera biblia impresa y el cisma protestante de los Príncipes Alemanes, solo transcurrió medio siglo. Fue tiempo suficiente para que la llama de la herejía prendiera en los dominios germanos de Carlos V. El desarrollo de la red de redes en el siglo XXI, ha dotado al proselitismo religioso de mayor alcance y agresividad. Con Internet, una campaña de agitación estructurada puede poner en jaque cualquier sociedad y derrocar cualquier gobierno, por democráticos que sean. No hay poder político que pueda resistir esa intervención silenciosa de EEUU que Gene Sharp teorizaba en su libro: De la dictadura a la democracia (y viceversa), o cómo dar un golpe de estado en tres sencillos pasos. Protesta, sedición y regeneración.

El verdadero objetivo de las Revoluciones de Colores y de las Primaveras Árabes no era alumbrar la democracia liberal sino controlar los mercados y crear nuevos corredores comerciales en el Este de Europa y en el Norte de África. Movimientos como Siryza y Podemos, básicos en la estrategia de EEUU, de liberales tienen más bien poco. Tampoco son organizaciones de izquierdas, aunque el tufo marxista confunde a los aprendices de politólogo tanto como a sus seguidores. La mal llamada izquierda líquida o indefinida se nutre de mercenarios sin escrúpulos y demagogos sin religión.

La causa que patrocinan los puritanos del Imperio de la Triple A es el neofeudalismo. La Nueva Normalidad que han escenificado en 2020, la pusieron en marcha hace tiempo con críticas constantes al Estado De Bienestar, a la Sanidad Universal y ataques ladinos a la Iglesia Católica. La Hoja de Ruta hacia la Revolución Puritana se ve más nítida en su trazado cuando se mira hacia atrás. Esa ideología, que no es exclusiva del paradigma nacional socialista, se refleja en la promoción de medidas liberticidas, esclavistas y el odio visceral a la cultura matriarcal de los latinos. A cada paso, Invocan la libertad con mayúsculas para dinamitar los mecanismos e instituciones que nos liberaron de la servidumbre. El feto, el niño, el cónyuge, los abuelos, la casa…todas las servidumbres de las que se liberan las puritanas viviendo de alquiler y dedicándose a trabajar. Es el cuento de las mujeres empoderadas que irradian felicidad cuando se compran un yogur.

(sigue)
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