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El paréntesis constituyente de Pedro Sánchez

El PSOE de Pedro Sánchez no juega a ganar las elecciones de 2027. Juega a que nadie pueda decir, al día siguiente del recuento, que la película ha terminado. Por eso, su carta en la manga no será un programa de vivienda para los jóvenes, o una subida del Salario Mínimo, sino el anuncio de unas elecciones constituyentes en el horizonte que conviertan el futuro gobierno de Feijoo y Abascal en un paréntesis próximo a cerrarse.

La aritmética electoral obliga. Con Vox próximo al 20% de los votos, Santiago Abascal dejará de ser un outsider para convertirse en el tercero en discordia. El sistema D’Hondt lo premia con no menos de 70 diputados. El PP se quedará, a su vez, con 50 o 55 escaños estructurales —diez provincias se las comen los nacionalistas; Castilla y León no alcanza a compensarlas— y 75 diputados “proporcionales” en los núcleos urbanos más poblados. El futuro gobierno de PP y VOX sumará más de 200 diputados. Los partidos nacionalistas y antisistema que sostienen al PSOE desde 2016 quedarán fuera de juego en la próxima legislatura. No pintan nada en el Congreso si el PSOE se queda en cuadros.

Con menos de cien escaños, el Gran Partido de La Envidia refundado en Langley no puede puede sostener ni siquiera un gobierno en funciones, pero sí alimentar un relato político y avivar el fuego de la discordia. Ya lo hizo antes con éxito en tres ocasiones: en 1931, en 1981 y en 2017. Como posible vicepresidente, Santiago Abascal definirá la nueva normalidad ideológica y jurídica del régimen del 78, y eso no se combate subiendo las pensiones o el SMI.
A Pedro Sánchez no le hace falta convocar Cortes Constituyentes para lograr su propósito de movilizar a un electorado que rebasa con creces su propio perímetro programático. Los votantes naturalizados en los últimos 25 años no votarán al PP, y mucho menos a VOX. Sus hijos tampoco.

El artículo 168 pide dos tercios, disolución, otras elecciones, otros dos tercios y referéndum. Sánchez no los tiene, pero el anuncio basta. Un futurible bien planteado cambia la pregunta. Ya no es quién gestiona mejor la frontera de Ceuta. Es si el recuento de la noche electoral blinda el régimen del 78. Feijóo queda encajonado el día uno. Si frena a Vox, traiciona el mandato que le ha llevado a la Moncloa. Si lo acepta, ha entregado el Estado. El 78, ese sofá en el que Ferraz se ha tirado a todas las instituciones del país, se ofrece de pronto como reliquia amenazada. El PP pasa a pintarse como el defensor del mismo sistema que criticaba cuando no gobernaba.

En 2004 el PSOE sumó 13 millones de votos contra Aznar. Atocha duró 72 horas y golpeó a un Ejecutivo saliente, desnortado y pusilánime. Ceuta solo lleva 7 semanas en la cartelera, pero el estropicio ya es notable. El mismo anuncio de unas elecciones constituyentes reagruparía a los que ya no suman: nacionalistas, izquierdas rotas, votantes de origen inmigrante, etc. No les une un país. Les une que un gobierno “asín” no garantiza la normalidad constitucional.
100 diputados no son suficientes para impedir que el PP y VOX gobiernen España en 2027, pero bastan para resignificar la derrota. Por eso mismo, lo primero que hizo Pedro Sánchez al regresar de vacaciones fue ir a la SER para compararse con el Rey e involucrar a la Casa Real en la crisis africana. Contó mal los años del reinado de Felipe VI y anunció una visita a Ceuta y Melilla “cuando se dieran las condiciones”. Una jefatura del Estado ausente y limpia no sirve ; una Corona metida en la foto del Tarajal, sí. Si Felipe VI viaja, el Gobierno se apunta el tanto de la soberanía. Si no va, el desgaste se comparte.

El Golpe de 1931 no empezó con unas municipales convertidas en plebiscito por la infinita torpeza del Almirante Aznar; empezó cuando Alfonso XIII pretendía aferrarse al viejo régimen de Primo de Rivera en lugar de abrirse a las urnas.El PSOE no necesita creer en una Constitución nueva. Necesita que la legislatura de Feijóo se viva como interina. Cada decreto de Interior, cada recorte del CERA, cada frase de Abascal sobre Ceuta se leerá entonces como artículo de una Carta Magna que aún no se ha votado. 200 escaños no serán suficientes para blindar el régimen. Solo servirán para abrir un pequeño paréntesis.
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