Milanos

Toque de queda. 3: El Síndrome de la garrapata

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Es un problema habitual en el periodismo. El árbol no deja ver el bosque. La urgencia del momento activa señales y tópicos que facilitan el titular pero impide el análisis consciente de la actualidad. Lo que Hans Rosling llama Síndrome de la Carretera Cortada en su libro póstumo es la lógica de los códigos de reconocimiento que descubrí y verifiqué en mi humilde tesis doctoral (perdón). Lo resumo. Si el copiloto grita: “¡Frena! ¡El semáforo está en rojo!”, frenamos. Lo más probable es que nos alcance el vehículo que viene justo detrás.

Hace años, un vecino estuvo a punto de fallecer en Amsterdam. Había regresado a su país de residencia tras las vacaciones y se empezó a encontrar mal. Le hospitalizaron y su estado fue empeorando. Los médicos holandeses no le conseguían bajar la fiebre. Daban palos de ciego y fue un familiar, desde España, el que les puso sobre la pista. ¿No podía ser fiebre por picadura de garrapata? Pues no. No lo era, pero les abrió los ojos. Entre todas las enfermedades raras de la zona de veraneo, acertaron con la triquinosis. El hombre recordó que había participado en una cacería de jabalíes.

El patrón de contagio del virus SARS COV 2 en el mundo ha sido extraño. Desde un primer momento, la prensa internacional se cebó con los tópicos. Los chinos se comen a los animales salvajes (el pecado original) y la dictadura comunista de Pekín encarcela al médico disidente que alerta del brote de SARS. La censura agrava la situación y China origina una pandemia mundial por su falta de información. Bien. Un relato sencillo, no hay que pedir peras al olmo. Pero ¿porque la prensa internacional silencia durante 3 meses que los países pobres no se han contagiado? ¿Cómo salta el virus de Wuhan, epicentro de la expansión comercial de China en África, a Milán?

Lo evidente es lo último que se ve. Fue una de las premisas “constructivistas” sobre las que basé mi tesis hace años. El conocimiento activo crea códigos para circular por la vida de un modo rutinario. Reconocemos miles de señales sin ser consciente de ello. Es muy útil, pero en algunos casos resulta contraproducente. Si la DGT modifica la señal que limita la velocidad sin avisar, no lo percibimos. La prensa internacional ha dado por cierto que el brote del norte de Italia es el mismo que el de la zona de Wuhan y ha contribuido, probablemente, a despistar a los investigadores. Pero ¿estamos seguros que apareció primero en China y luego se contagió a Italia?

Las últimas informaciones publicadas abonan una duda razonable sobre el patrón de contagio. ¿Y si los brotes del virus en Asia y en Europa fueran diferentes y lo han intentado ocultar por razones políticas, económicas y religiosas? Esa hipótesis daría respuesta a muchas preguntas, que van desde la estrategia de ocultamiento en la UE hasta la “oportuna” y “urgente” aprobación de la Ley de Eutanasia activa en España. ¿Se habrían atrevido los funcionarios públicos a firmar órdenes directas como las que están firmando desde hace una semana sin esas prisas?

En el Puente de la Constitución, viajé a Milán y al Lago Como con unos amigos. A parte del extraordinario Domo y de la belleza natural del entorno del Lago, me fijé en el ejército de pobres esclavos negros con las cajas amarillas de la catalanista Glovo. A diferencia de los repartidores en Madrid y Barcelona, estos circulaban por las calles y aceras, sin GPS y con bicicletas de hace 30 años. Iban completamente despistados, como si acabaran de desembarcar en la península, y ya entonces recalqué que en Roma no vi a ninguno por ninguna parte. ¿Es casualidad que en una metrópoli como Roma, abarrotada de turistas chinos, no se haya registrado ningún caso neumonía en las primeras semanas del contagio?

Italia es la puerta para la inmigración africana en Europa, del mismo modo que Wuhan es un punto neurálgico para la expansión económica de China en la región de África Central. El mismo instituto Johns Hopkins, que viene censando los casos de contagio en todo el mundo, es el que viene auditando la presencia de 200.000 trabajadores chinos en las fábricas que han montado en Nigeria, Angola y Kenia. Muchos de los productos Made in China proceden de allí. Es curioso.

Otra curiosa casualidad que podría abonar la pista africana es lo que han averiguado los investigadores franceses. El SARS COV 2 es sensible a algunos fármacos contra la malaria y el paludismo en regiones subtropicales, de modo que es razonable intuir un cierto parentesco entre esta neumonía atípica y aquellas enfermedades endémicas en muchas regiones pobres de la India y de África.

En España, el aspecto epidemiológico se ha visto contaminado por la cuestión política. El gobierno es rehén de los golpistas catalanes y ha silenciado el origen del contagio masivo. Para intentar salvar los intereses económicos de sus aliados, ha consentido que Cataluña y Valencia ocultaran información vital y ha retrasado un mes la toma de decisiones. Y no, no puede ser casualidad que la única Proposición de Ley que ha presentado el gobierno en el Parlamento sea la de Eutanasia Activa. Para que conste.

© Belge
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