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Toque de Queda. 4. La Revolución de los Balcones

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Prendió como una mecha. Encerrados en su casa por el Destino, los italianos salieron al balcón a darle gracias a Dios. Cada uno a su manera, como en Prova de orchestra, de Federico Fellini. Elevaron al cielo un coro que se escuchó en todo el mundo. Lo intentamos imitar, cada tarde a las 8, pero no es del todo lo mismo. Los aplausos no suenan igual de afinados.

Apelar a los buenos sentimientos para acallar las críticas políticas a una gestión negligente es lanzar un peligroso boomerang al aire. La gente quiere creer, pero no con los ojos cerrados. No puede formar parte de esa Unión Sacra que le reclama el gobierno, si sus desastrosos voceros mienten como bellacos. Pero: ¿Qué probabilidad matemática había que coincidieran en Consejo de Ministros tantos políticos mediocres y malvados como los que componen el Gobierno de España? Si fueran elegidos por riguroso sorteo notarial, cada 4 años, sería tan improbable que podría extinguirse el sol antes de tener tan mala fortuna.

Sea cual sea el origen real de la pandemia y de los distintos focos de contagio, lo único seguro es que nada volverá a ser igual. Tras el tsunami económico y comercial que sucede al terremoto, y la plaga de langostas, la principal consecuencia en España va a ser de naturaleza política. El Régimen filonacionalista que controla la Administración del Estado desde hace 40 años va a querer lanzar un órdago constitucional para mantenerse en el Poder. De hecho, toda la tropa batasuna y golpista ya está ensayando el argumentario en las distintas redes sociales. La culpa fue del cha cha chá, que tu me enseñaste a bailar…

La panoplia de medidas de control social que figuran en la agenda del Imperio de la Triple A son conocidas. Van desde los programas de eutanasia activa hasta el censo de los perfiles genéticos, pasando por el racionamiento, el confinamiento social y la fiscalización de la libertad de movimiento por geolocalización obligatoria. Los que sonreían con desdén y se burlaban de la Gran Conspiración nacional socialista de los puritanos están ahora algo asustados. Hacen bien. El miedo es un mecanismo natural de supervivencia.

El final de la anglobalización ha sido tan abrupto que cuesta analizar sus principales derivadas. Al igual que ocurrió en 2007 y 2008 con los recursos financieros, los países protestantes de la Triple A está actuando de un modo subterráneo, acaparando en el mercado todo el material sanitario y los recursos farmacológicos disponibles. Nos llegan rumores de que EEUU ya se ha quedado con toda la producción de Cloriquina de las fábricas de SANOFI en Marruecos y Ceuta. Y sólo es el principio: pasará lo mismo con los alimentos y los recursos mineros si se prolonga la crisis. Es una ola de proteccionismo más descarada y desabrida que la de 2008.

La CEE, que tenía pensadas estas y contingencias, insistía en mantener cuotas de soberanía y salvaguardar una cierta independencia estratégica en sectores considerados vitales.Pero con la Revuelta de Tiananmen, la caída del Muro de Berlín y el Golpe de Moscú, EEUU y Alemania impusieron su agenda e impulsaron los planes de la anglobalización. Con la Reforma de Maastricht y los Acuerdos del Gatt en 1993, acaban de dinamitar el Proyecto de Construcción Europea con el pretexto de favorecer una mayor integración política y económica.

Italia, 10 minutos antes que Francia, podría ser el próximo gran país en sentir la irrefrenable tentación de desertar la UE y renunciar al Euro en defensa de sus intereses nacionales. El abandono que ha sentido por parte de una UE germana completamente disfuncional y las plegarias por 10.000 muertes absurdas desbordarán cualquier intento de Alemania por controlar y reconducir la situación política. Pero va a tener que hilar muy fino.

A medida que se prolongue la cuarentena, crecerá la tensión geopolítica en todo el mundo, con una línea de fractura muy definida. Por un lado, China, Rusia,Irán y sus aliados, y por el otro, el Imperio puritano de la Triple A con todos sus vasallos. Ya se han empezado a acusar veladamente de propagar el coronavirus. Van a brotar conflictos de baja intensidad, en forma de disturbios, revueltas y revoluciones, en los lugares más insospechados. Los movimientos se van a precipitar en el tablero.

En España, se nos presenta una oportunidad de oro para desandar el camino y corregir muchos postulados estratégicos del pasado, pero la experiencia de la última década no invita al optimismo. Los marxistas luteranos y sus aliados catalanistas no van a renunciar al poder de forma pacífica, ni van a admitir sus clamorosos errores. Al revés: van a pretender pescar en río revuelto con la ayuda de potencias extranjeras.

La emergencia sanitaria, política y económica pone de manifiesto que la Teoría de los Polos de Desarrollo conduce al precipicio. Tal y como expliqué en un capítulo entero de La Estafa del Euro, forzar el codicioso desarrollo de una pequeña parte del territorio en detrimento de la España Interior es un suicidio económico y social. Las urbes de la anglobalización son objetivos endebles, fáciles de derribar. El mono del Just in Time y de los regalos Low Cost va a dejar a millones de urbanitas confinados en sus viviendas, primero por el SARS COV 2 y luego por el paro. Sería el mejor momento para superar la adicción y replantearse su proyecto de vida lejos de Madrid y Barcelona.

España cuenta con más de 8.000 núcleos de población, relativamente bien distribuidos, muchos con cerca de 2.000 años de Historia. No transcurre tanto tiempo si el entorno no está adaptado para su propia supervivencia. La pregunta lógica se impone: ¿cómo iba a sobrevivir a tantas penurias y circunstancias adversas y no poderse adaptar a un contexto de abundancia y comodidad vital? Con un mínimo de esfuerzo inversor y algo de voluntad, es beneficioso reconducir la situación en un tiempo récord. Es posible optimizar los recursos y las infraestructuras existentes, descentralizar la economía y la industria y repoblar España con un enfoque muy diferente al actual. Limitar la población de las áreas metropolitanas de Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla a un millón de habitantes debería ser una prioridad absoluta, a llevar a cabo en un periodo máximo de 5-10 años. Es el tiempo que tenemos para prepararnos, después de la pandemia de fogueo.

© Belge
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