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La estafa del Euro explicada a un matemático

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¿Se manipuló la Contabilidad Nacional en España para forzar la adhesión de nuestro país a la Unión Monetaria? La pregunta no es retórica: surge al comparar las series estadísticas que aparecen en anuarios y publicaciones académicas con las cifras macro económicos que se pueden consultar en distintas bases de datos en Internet. ¿Por qué motivo no son congruentes?  Para muestra un botón: los 82.650.263 millones de pesetas que anota Fernando Carrasco para el PIB de 1998 en su estudio sobre Consumo y Precios  pasan a ser 554.024 millones de euros (92.181.837 millones de pesetas) para la excelente web datosmacro.com.

El PIB de España se multiplica por tres desde que se implementa el Plan de estabilización de 1959 hasta 1968  (de 665.236 a 2.079.630 millones de pesetas).  Es un periodo de fuerte crecimiento, con una inflación de dos dígitos.  Entre 1969 y 1978, con mayor inflación,  el PIB se multiplica 5,42 hasta los 11.284.995 millones de pesetas.

Con la aprobación de la Constitución y los Pactos de La Moncloa, el PIB de la economía española se incrementa cada año en unos 3 billones de pesetas, hasta alcanzar los 40.158.739 millones de pesetas en 1988. Ese ritmo se incrementa de media hasta los 4 billones anuales en la siguiente década. En 1998, el PIB de España suma  los 82.650.263 millones de pesetas mencionados antes.

En 1998, se aprueba definitivamente la paridad fija con la que España entrará a formar parte de la Unión Monetaria. 166,386 pesetas por euro.  A partir de ese mismo momento, empiezan a ocurrir muchas cosas en España, tanto en el ámbito institucional como en su economía y contabilidad.  Y en 2008, la citada web reporta que el PIB de España alcanzaba 1.116.225 millones de euros (185.724.213 millones de pesetas).

Raro es, por ejemplo, que entre 1999 y 2008 España incrementara su PIB en más de 103.000.000 millones de pesetas con una inflación inferior al 3% anual, una tasa históricamente baja que no se había experimentado en España desde las primeras décadas del siglo XX.  El PIB de España se incrementa cada año en 10 billones de pesetas.  ¿Qué ocurre en 1999 en la economía española para que su crecimiento se duplique?

Raro, pero no menos que lo que ocurre en la legislatura 2008/2011.  Si entre 1998 y 2008, un 40% de crecimiento oficial logra duplicar el PIB, el colapso mundial que provoca la crisis subrime y la fuerte recesión en nuestro país solo le resta 46.000 millones de euros al PIB de España. Finaliza 2011 en unos milagrosos 1070449 millones de euros.

PIB 1898-2017

Periodo Variación del PIB a precios de mercado Incremento anual del PIB a precios mercado
2014 – 2017 3,4% + 4 billones
1898 – 1920 2,05%
1921 – 1935 2, 62%
1936 – 1950 0,52%
1951 – 1959 5,82% + 0,03 billones
1960 – 1975 6,13% + 0,3 billones
1976 – 1985 1,62% + 2 billones
1986 – 1998 3,37% + 4 billones
1999 – 2008 3,77 % + 11 billones
2008 – 2013 – 2,1% – 3 billones

Series Históricas Españolas 1898 a 1998 de Julio Alcaide Inchausti

Como se aprecia en la serie histórica de Alcaide, publicada en el año 2000, antes de la conversión al Euro, las cifras y magnitudes difieren y revelan que se produce una anomalía entre 1999 y 2008 coincidiendo con la puesta en marcha de la Unión Monetaria. Podemos entender la actualización de los precios de productos y servicios, incluidos los impuestos, pero no es posible sostener que se incrementara la masa salarial en esas mismas proporciones.

Recordemos que el PIB es el valor monetario de los bienes y servicios producidos en un país en un periodo determinado, y se puede expresar como la suma del Consumo de las Familias, el Consumo de las Administraciones, la formación neta de Capital  y la diferencia entre Exportaciones e Importaciones. Y si por algo se caracterizó el periodo 2001-2008 es por el disparatado crecimiento del déficit comercial, que llegó a restar casi 100.000 millones de euros por año.  Sube con fuerza la presión fiscal, cae el ahorro nacional y la economía española se apalanca a crédito para sostener el Gasto en euros.

En 2007 y 2008, como hemos explicado tantas veces, la suma de los impuestos que pagan las familias y empresas españolas (entre 70 y 75 billones de pesetas) compromete una proporción del 83%  del PIB consolidado a finales del siglo XX.  Esto significa que, dependiendo de como le haya ido a cada individuo en la Feria del Euro, y de la peculiar evolución de su estructura de Gastos y de Ingresos, la presión fiscal que padece puede situarse muy por encima de la media oficial.  Eso significa también que, durante ese periodo de desbarajuste contable,  el peso del Gasto Público recayó sobre una parte de la sociedad que no coincide necesariamente con aquellos estratos o regiones que se beneficiaron de un extraordinario incremento de sus ingresos recurrentes y beneficios.

Esa situación, manejada por Zapatero y sus aliados de ERC, se tradujo en un considerable incremento del Déficit Público Real, por encima del 15% del Gasto, con el objetivo nada inocente de mantener la “ilusión contable”.   Es lo que definimos en su día como proceso de transferencias encubiertas.  Entre 1999 y 2008, engordaron el PIB en cerca de 60 billones de pesetas y, a resultas de ello, una región como Cataluña, que representa el 20% PIB, pasó a recibir el 20% del Gasto Público Real, compuesto por Gasto Público Presupuestado y la Deuda Pública Diferida.  Una diferencia de hasta 600.000 millones de euros en 8 años.

El principal corolario de este análisis es que España habrá superado definitivamente la crisis provocada por la entrada en la Unión Monetaria Alemana en el año 2020, pero no sin secuelas políticas, económicas y psicológicas. La principal de ella es, sin ninguna duda,  la gran fractura social que ha originado tanta codicia y engaño mal disimulados. Tardará una generación entera en cicatrizar.

(c) Belge

La estafa del euro explicada a un camarero español

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A veces se gana y a veces se aprende.  La sentencia que encabeza este análisis estaba impresa en la servilleta de un bar asturiano auténtico. La bollería era casera y la sonrisa, natural. Es un extraño viajar por aquellas tierras del norte que conservan un no sé qué del pasado reciente.  Es como volver por unas horas a conocer el valor de las cosas que se pagaban en pesetas de ley. En los últimos y largos 10 años, a los ciudadanos españoles les ha tocado aprender que lo que Alemania finge regalo se lo cobra en carne y en oro. La Unión Monetaria y el Euro han reconvertido España en un país de camareros improvisados al servicio de hooligans británicos y borrachos alemanes.

Por razones tácticas, al gobierno le toca presumir de creación de empleo y recuperación del PIB, pero la realidad estadística es ambigua; en los últimos meses, 3 de cada 4 empleos creados en España han sido de camareros en zonas de gran afluencia turística, pero en el resto de España, muchos bares y restaurantes han tenido que echar el cierre por falta de clientes. ¿Cómo es posible que, bien entrado el verano, las terrazas de muchos establecimientos, en las que había que pedir la vez, sigan desoladamente desiertas?

A los economistas les gusta falsear los hechos significativos con planteamientos académicos  que conducen siempre a los mismos callejones retóricos.  Huyen de la evidencia. La pregunta pertinente sería: si los bares ganaban dinero y pagaban a sus empleados salarios mayores que los actuales, ¿por qué ahora venden mucho menos y tienen que despedir empleados?  Si ganaban dinero con un café a 75 pesetas, ¿cómo es que lo pierden sirviéndolo a 225 pesetas, tres veces más caro?

Hace 27 años, solía coincidir en el gimnasio el cocinero del bar donde iba a comer.  En aquella época, a Fernando le parecían muy pocas las 300.000 pesetas netas que ganaba al mes y soñaba con coger un local en  Benidorm.  Pero por más que miraba los anuncios en los periódicos, no le salía nada decente o simplemente asequible.  Acabó por dejar las cocinas del Mesón de Castilla para hacerse cargo de los menús  de la cafetería del Hospital de Nuestra Señora de Sonsoles.  Allí le seguí viendo unos años, hasta que perdí definitivamente el rastro.  El crecimiento económico de los 90 trajo consigo una subida notable de los salarios y de los costes laborales en el sector de la hostelería. En consecuencia, camareros y cocineros de mudaban con facilidad de un establecimiento a otro, y muchos eran los que intentaban dar el salto y abrir su propio bar.  Era relativamente frecuente encontrar municipios de 2.000 habitantes con 20 bares en activos.

Spanish way of life

En un sector tan  intensivo en mano de obra como es el de la restauración, los ratios son fundamentales.  Un establecimiento de tipo medio (50 mesas equivalentes), que trabaje las 6 franjas clásicas (desayunos, aperitivos, comidas, meriendas, cenas y terraza),  necesita abarcar más de 6.000 horas al año, con una docena de empleados, para satisfacer el estándar de lo que sería el Spanish Way Of Life.

 

El Spanish Way Of Life es un concepto teórico que no tiene  precio. Su intuición es de sentido común.  Un cliente español que desayune en el bar, se tome su ronda de caña, se quede a comer, eche la partida, acuda a cenar y aguarde en la terraza que baje el calor, se habrá pasado en el establecimiento un tiempo considerable, habrá consumido X kilos de alimentos y se habrá gastado una pequeña fortuna.

¿Cuál es el VALOR básico del SWOL teórico, al margen de la unidad monetaria que se use?  La respuesta es relativamente sencilla.  Son 1000 kilos de productos por cliente,  multiplicado por un coeficiente tributario, más un coste laboral mínimo anual equivalente a 250 veces el SMI, dividido por la capacidad del establecimiento. En nuestro ejemplo, dicho ratio sería el resultado de dividir 250 SMI por 200 clientes permanentes.

En 1990, el SWOL teórico de un establecimiento con 50 mesas (25 dentro y 25 fuera) era inferior a las 200.000 pesetas anuales.  En 1999, el SWOL era inferior a las 300.000 pesetas anuales. En 2004, dos años después de adoptar España el Euro como moneda oficial, el SWOL roza los 4.000 euros anuales.  En la actualidad, supera los 4300 euros anuales. Por lo que se deduce que el SWOL de un ciudadano español tipo de clase baja equivalía al 13% de sus ingresos brutos de 1990, pero ascendía al 30% en 2004 y a cerca del 40% entre 2010 y 2015.

Del concepto se derivan una serie de corolarios. El principal, tal vez, es que si se dispara el SWOL en una proporción de 1 a 3 en pocos años, el dueño del negocio necesitará compensar la caída de la clientela con un fuerte incremento de la rotación. En buena lógica, en el perímetro de un municipio o de un barrio ya no cabe el mismo número de bares y cafeterías. La segunda es que la fuerza laboral del sector tenderá a desplazarse a aquellas zonas o regiones que garanticen una fuerte rotación de la clientela y soporten una merma de la calidad del producto y una marcada subida de los precios. El bar que daba trabajo a 12 personas ha reducido su franja de actividad, ha despedido a camareros y cocineros cualificados, ha subido los precios y ofrece peores productos, pero el tercer corolario que se deriva del análisis del concepto es, sin duda, el más perverso.  El cliente, que ha dejado de sentirse cómodo con el servicio ofrecido, pasará menos tiempo y gastará menos dinero en ese tipo de establecimiento que ha descapitalizado su modelo de negocio.

La falsa moneda expulsa la verdadera

Con la entrada de España en la Unión Monetaria,  la falsa moneda ha expulsado la verdadera. El turista, que desayuna bollería industrial saturada de grasas insanas,  bebe cerveza para emborracharse, come paellador y pizza congelada, se sienta pleno sol con 40 grados,  cena a las 7, y monta broncas a las 12 de la noche, ha sustituido al genuino cliente que daba su valor de mercado a un bar.  El turista está dispuesto a pagar el doble y acepta que le sirvan sucedáneos de cualquier producto.  Los camareros de aluvión, mal pagados, no saben lo que es un café con hielo ni, por supuesto, como se tira una cerveza, y los cocineros improvisados nunca aprenderán a guisar unos callos, un sencillo cocido o unas tristes lentejas.

 

El SWOL está desapareciendo como patrón de valor. En muy pocos años, su valor teórico habrá superado el 50% de los ingresos de una clase media empobrecida.  El estándar de vida universal que en 1990 costaba 500 pesetas, y se podían permitir los ciudadanos más humildes, en 2020 superará los 50 euros por día. En consecuencia, las cafeterías y bares serán reconvertidas en locales de paso en los que unos toman café aguado con pasteles de Mercadona  y otros se emborrachan con cerveza barata.

Desde un punto de vista empresarial,  un bar es el típico negocio familiar que se ha vuelto completamente inviable con el Euro como moneda. Para mantener a flote su balance, necesita que sus 200 clientes “permanentes” se gasten un mínimo de 6.000 euros al año o que el mercado soporte una intensa rotación.  Con los salarios más frecuentes que se pagan en España desde el año 2001, es algo materialmente imposible.  El coste por cada una de las horas de las 6 franjas de negocio supera los 200 euros. Un euro por cada cliente potencial.  Los bares de media España cierran cada vez más pronto y abren cada vez más tarde: en los próximos años se habrán perdido cerca de 1.000 millones de horas de trabajo productivo en el sector.

 

La crisis del sector hostelero encierra una extraña paradoja económica y empresarial.  Bares y cafeterías han pagado mayores salarios a sus empleados en los años 90 que en los últimos 15 años , a pesar de que su facturación en pesetas era forzosamente menor.  El típico local de barrio, explotado de 12 a 12 por una misma unidad familiar de 4 o 5 miembros,  dejaba 1 peseta de ganancia neta por cada 2 pesetas facturadas. El mayor margen de beneficio lo dejaba la humilde tasa de café de la sobremesa. El coste del producto y de la energía representaban el 15% del PVP, de modo que con solo 100 clientes al día el bar se garantizaba unos ingresos anuales de 1 millón de pesetas.

La función del clásico camarero español, que se extiende hasta su sustitución progresiva al final de los años 90, no necesita mayor glosa antropológica. No es nada sencillo tirar correctamente una caña de cerveza o preparar un buen café, pero mucho menos estar atento al cambio de humor de cada cliente. Es un tipo de “mediador” social (Gate keeper) del que habla la Teoría de la Comunicación.

El Tratado de Maastricht, cuya mayoría de cláusulas se negociaron y firmaron con total opacidad, impulsó una fuerte corriente migratoria en el Sur de Europa a partir de la segunda mitad de los años 90.  La hostelería no resistió la tentación de abaratar costes laborales, especialmente en zonas de gran afluencia turística, y el camarero “mediador” tiende a ser remplazado por trabajadores de origen rumano e iberoamericano.  En la mayoría de las cocinas, el resultado fue absolutamente desastroso.

La explicación económica de la paradoja es sencilla.  El sector de la hostelería evoluciona parejo al índice de precios delos alimentos, el cual marca, en gran medida, el incremento de los salarios más bajos.  Sube el precio del pan y de los alimentos más básicos y suben los salarios de un modo equilibrado.  En cada momento de efervescencia económica y comercial del pasado reciente de España, subían los precios en las cafeterías y subía el sueldo de sus empleados.  De ese modo,  cualquier bar que diera copiosos menús del día por 900 ptas y copas por 500 ptas hace 25 años, ganaba dinero pagando 150.000 pesetas a sus camareros y 300.000 pesetas a sus cocineros.

Si al calor de los Juegos Olímpicos de Barcelona se comía a la carta por 2500 pesetas, en el año 2002 el precio de una cena ya no bajaba de 60 euros por comensal. Los españoles con salarios más básicos habían empezado a experimentar una brutal caída de su poder adquisitivo desde 1998, cuando se fijan las paridades de la Unión Monetaria y arranca la fase de anticipación al Euro y redondeo al alza de los precios.  Entre 1998 y 2003, el precio de muchos alimentos se multiplica por 3.

Deflación y pérdida de poder adquisitivo

El bosque del crédito artificioso instrumentado por Alemania para engrasar el lanzamiento del Euro no dejó ver lo que se cocía en los fogones. Camareros y cocineros cualificados se ven empujados a emigrar a la Costa Mediterránea en busca del nuevo El Dorado, al tiempo que el sector hostelero intenta afrontar el marcado descenso del número de clientes abaratando sus costes laborales y subiendo los precios.

2007 le da la puntilla a la Hostelería. La gestión de la crisis de la Unión Monetaria por el BCE destruye 5 millones de empleos en España y deja a la clase media en precario, pendiente todos los meses de pagar las letras de sus coches y la hipoteca de su casa. La ciudadanía sanea sus cuentas dejando de acudir al cine, a las peluquerías y a los bares.

En términos actuariales,  la Unión Monetaria ha provocado en España una caída del 75% del poder adquisitivo de los salarios. Es un experimento de una crueldad sin precedentes.  El Salario Mínimo Interprofesional de 1990 permitía a la ciudadanía más humilde pagar sus impuestos y llegar a final de mes, manteniendo su SWOL.  Para disfrutar del mismo nivel de vida, hoy, necesitaría ganar 3.000 euros al mes.

Del otro lado de la barra, camareros y cocineros ganan lo mismo o menos que lo que ganaban en 1990, pero atienden a jubilados subvencionados del IMSERSO, a hooligans británicos y borrachos alemanes. Su sueño de montar su propio bar o restaurante se ha esfumado.En resumidas cuentas, y a modo de conclusión del análisis, puede afirmarse de un modo rotundo que la Unión Monetaria, dirigida con mano de hierro por Alemania, ha arruinado en España el sector constructor, el sector inmobiliario, el sector financiero, el sector hostelero, el sector ganadero y el sector del comercio minorista.

© Belge

La insoportable levedad democrática de la Unión Europea

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La prueba del nueve.  El 1 de enero de 2002 entraba en vigor la Unión Monetaria contemplada en el Tratado de Maastricht y desarrollada el 2 de mayo de 1998 con el acuerdo que fijaba los 11 países que iban a adoptar el Euro como moneda. Fueron los 6 países fundadores de la CEE (Benelux, Francia, Alemania e Italia), Austria, Finlandia, Irlanda, España y Portugal. 9 de esos 11 países que conforman la UEM en sus inicios pueden definirse como mayoritariamente católicos y suman más de 200 millones de ciudadanos. Es un dato curioso por cuanto son los protestantes, que se bajaron del tren en marcha con disimulo, los que dominan la UE y dirigen su política económica, monetaria y comercial.

 

Inmediatamente después, se han ido incorporando a la Unión Monetaria una serie de países, como Grecia, Eslovenia, Chipre, Malta, Eslovaquia y las tres repúblicas bálticas. Aquí también la prueba del algodón de que solo los más pobres han sido obligados a adoptar el Euro es tan sencilla de hacer como comprobar que los Tchecos no están en la Unión Monetaria. Por si fuera poco, el Presidente de Letonia tuvo que reconocer a la Opinión Pública de su país, hostil al cambio de moneda, que había firmado una cláusula secreta 10 años antes a cambio de ser admitido en la Unión Europea.

 

Resulta importante recordar una serie de hechos silenciados por los Medios de Comunicación en Europa porque están en el origen de muchas de las tensiones políticas y desequilibrios económicos que están arruinando la Unión Europea.  Pero conviene proceder al análisis de un modo aséptico para evitar la carga emocional de cualquier juicio que nos llevaría a la conclusión de que el Euro es una moneda de “ricos” diseñada para “colonizar” y “someter” a los pobres. Y no es ninguna casualidad que el intento de forzar la máquina en Ucrania, en contra de lo acordado por EEUU y Moscú en 1991, estuviera condenado a provocar un conflicto bélico. Tampoco es ningún misterio que los países que fueron obligados a adoptar el Euro sigan sin superar la crisis financiera del 2007.

El método que propongo, y que podría perfeccionarse en cualquier departamento universitario de Ciencias Políticas, es de tipo “estructural”.  Se trata de comparar el cuadro que resulta de la evolución de la Unión Económica y Monetaria desde el 2 de mayo de 1998 con el conjunto de las anomalías políticas, económicas y financieras que se han registrado en toda Europa.  La aparición de simetrías reconocibles y de pautas recurrentes serviría de punto de partida original para un análisis más exhaustivo.

Sirva un ejemplo.  Si definimos un concepto básico y transversal como: “países europeos en los que han ocurrido cosas que no habían ocurrido antes” nos sale una primera lista compuesta por  Irlanda, Islandia, Reino Unido, Portugal, España, Italia, Francia, Austria, Malta, Chipre, Grecia, Ucrania y Rusia. En negativo, los países en los que NO han ocurrido cosas anómalas son: Alemania, Suecia, Dinamarca, Noruega, Suiza, Tchequia, Hungría, Croacia, Eslovenia, Serbia, Albania, Polonia, Finlandia, Letonia, Lituania y Estonia.  Al comparar esas listas con el mapa de la UEM, aparece una primera simetría de forma nítida.  Podría describirse como que: “en los países comprometidos/relacionados con la Unión Económica y Monetaria han ocurrido circunstancias políticas (y financieras) que no se habían producido antes”.

País Anomalía Policial Anomalía Política Anomalía Económica Anomalía Financiera
Francia Atentado Bataclan
Atentado Niza
Crisis Refugiados
Caso Jospín
Caso DSK
Caso Fillon
Caso Sarkozy
No a la Constitución Europea
Reforma Territorial
Fraude Societé Generale, BNP
Fuerte Endeudamiento
Público
Déficit Galopante
Crecimiento del Paro
Inmigración Masiva
Deflación china
CAC 1998: 4200
CAC 2017: 5300
Italia Crisis Refugiado Caso Berlusconi
Gobierno Monti
Gobierno Renzi
Manos Limpias
Operación Grillo
Intervención
Subida Prima Riesgo
Alto endeudamiento
Crecimiento Paro
Crecimiento Deuda Pública
Quiebra sistema financiero
Evasión de Capitales
Déficit Galopante
Inmigración masiva
Deflación china
MIB 1998: 37000
MIB 2017: 21400
España Atentado 11M
Crisis Refugiados
Operación Podemos
Operación Rivera
Secesión en Cataluña
Operación Bankia
Caso Gurtel
Quiebra fraudulenta Cajas de Ahorro
Evasión de Capitales
Destrucción 6 millones empleos
Crecimiento Deuda Pública
Déficit Público galopante
Inmigración Masiva
Deflación china
IBEX 1998: 11.000
IBEX 2017: 11.000
Reino Unido Atentado Londres 2004 BREXIT
Operación MAY
Referendum Escocia
Crisis subprime
Rescate Bancos
Crecimiento Deuda Pública
Inmigración
Ft100 1998: 6200
Ft100 2017: 7300

(C) Belge.

Deudas ilegítimas

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Nos prestaron falsa moneda, nos reclaman oro de ley.  Con la creación de la Unión Monetaria, Alemania inundó el continente de crédito comercial. Se tardan años de estudio y oficio en poder precipitar en forma de aforismo sencillo una realidad conceptual compleja.

En los últimos años de la década de los 90, me debatía personalmente entre la ilusión sentimental y la duda intelectual.  Aunque mi corazón europeísta se alegraba de participar del nuevo proyecto histórico, creo que fui  de los escasos analistas españoles que dieron la voz de alarma.  Acuñe una expresión ( “Tenemos que defendernos del Euro” ) que me valió muchas burlas en distintos foros de Internet.  Poca gente entendió el concepto, y mucha menos aún la puso en práctica.

Hace unos años, encontré en las hemerotecas muchas de los artículos  que escribió el Gobernador del Banco de España, Luis Ángel Rojo. En ellos deja patente su preocupación por el impacto que tendrá la conversión en el sector financiero, y en concreto en las Cajas de Ahorro. Dichas ideas no llegaron a la Opinión Pública. Al contrario. Un grupo de ex alumnos del Profesor Rojo, sindicados en torno a Zapatero, se mostró siempre proactivo y beligerante a favor de acelerar la transición de nuestra economía y sistema financiero al Euro.

En todo juego de estrategia, existe un patrón universal: en algún momento, toca decidir si es prioritario defender y consolidar la posición, o bien atacar y tomar la iniciativa. En detrimento del planteamiento político y moral de gentes como Manuel Conthe, Miguel Sebastián o  García Montalvo,  en los años 2001 y 2002 no tenía disculpa desconocer los efectos que tuvo anclar la economía argentina a una moneda fuerte como el dólar americano.  Todo lo que han sostenido desde entonces sobre el Euro y el sector constructor en España pasa por obviar las catastróficas consecuencias que acarreó la corrupta Ley de Conversión del Austral impulsada en Argentina por Domingo Cavallo.

Mi planteamiento y el de una pequeña minoría de aficionados al relato económico en los albores de Internet, es que tocaba defenderse. La situación de Argentina iba a empeorar y no existía ningún razón de peso para que en España no ocurriera algo parecido cuando se implantara el Euro como moneda oficial.  El recuerdo de aquellos debates no me ha permitido nunca ser benevolente con ninguno de los asesores de Zapatero y sus aliados, capitaneados por Luis Ángel Rojo.  En todo momento supieron de la importancia del envite y del riesgo que suponía para la gente más humilde y para las empresas españolas. Pero, al igual que le pasó a la clase política argentina, debieron valorar más otro tipo de circunstancias.

Al profano que no sabe latín, solo le hablan en su propia lengua para sermonearlo, nunca para contarle los ritos de la sagrada misa. La pequeña empresa endeudada y el propietario hipotecario pasaron de la noche a la mañana de deber unos pocos millones de pesetas a centenares de miles de euros fuertes.  Los 20 millones de pesetas de una línea de tesorería o de la compra de un piso representaban una cuota neta para la economía familiar de 80.000 pesetas al mes y el ahorro del alquiler.  Una cantidad inferior al 20% de los ingresos medios del hogar al principio del préstamo y al 10% al cabo de 10 años.

Tras dos años de política monetaria “blanda y laxa”, que tenía como finalidad  evitar que los ciudadanos tomaran consciencia del engaño sufrido, el euro voló y la deuda de particulares y empresas se multiplicó por 2.  El que debía 100.000 dólares en el año 2000 y 2001 pasó a deber, de media, entre 170.000 y 190.000 dólares los 10 años siguientes.  Y las 80.000 pesetas que pagaban las familias devinieron, por arte de birlibirloque,  más de 750 dólares al mes.

Para una economía española con una renta estructural media por hogar de algo más de 20.000 dólares en la década de los 90,  la conversión al euro supuso una factura de 5.000 dólares al año por vivienda hipotecada y de 5.000 dólares por cada coche nuevo matriculado en España.

La principal consecuencia de la implantación del Euro en España, como ya ocurrió en Argentina en la década de los 90, es que la economía se dividió en dos:  economía oficial, con rentas en euros, y economía real, con rentas en pesetas.  La economía oficial, sostenida desde el Gasto Público por Zapatero, sus asesores y sus cómplices, anclada al Euro Fuerte, y la economía real, con rentabilidad expresada en pesetas contantes y sonantes, buscando en el sector constructor cualquier cosa que flotara.

Camina o Revienta es, básicamente, obstinarse en seguir flotando, seguir nadando, llegar a tierra firme y sobrevivir.  Los que pedían la Intervención de España, y promovían quitas, abogaban por dejar que la gente y las empresas que vivían en pesetas se ahogaran de una vez, y echar por la borda de la España Oficial y Catalanista, al pasaje y a la tripulación sobrantes.  No les importa lo más mínimo la creciente despoblación del vasto territorio español y la ruina de su tejido empresarial, si ellos pueden seguir viviendo unos años de los beneficios que les deja la corrupta y perversa Industria Turística. No les importa exigir el esfuerzo de todos para construir proyectos tan disparatados como un AVE a la frontera que no usa nadie, o un delirante corredor mediterráneo, tan ruinoso como absurdo.  Su plan ha sido y es descapitalizar España hasta el hueso y luego declararse independiente y desentenderse de cualquier responsabilidad.

(C) Belge. 16/12/2016