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Anatomía del Coronavirus

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Es un reto. Explicar la crisis china del Coronavirus y su etcetera en dos palabras. Dos palabras sencillas, como podrían ser confinar y proteger. Pero ¿caben todas las piezas del puzzle en una misma caja, todas las preguntas en un simple análisis?

El confinamiento es la acción o el resultado de confinar o confinarse. Lo dice la RAE. Obligar a alguien a permanecer en un lugar o encerrarlo en él. Es, en esencia, una pena o un castigo que consiste en forzar a residir en un lugar determinado y bajo vigilancia de la autoridad. En las ciudades de China en cuarentena, los drones sobrevuelan las calles y acosan a los viandantes. Tecnología mediante, podrían disparar a quienes se han saltado las recomendaciones sanitarias.

El proteccionismo es la política económica que consiste en restringir las importaciones de otros países a través de aranceles, cuotas y regulaciones gubernamentales, encareciendo dichos bienes de modo que no sean rentables.

Los analistas están despistados. El dilema que les plantea el gobierno chino les confunde. O bien han tratado de ocultar y minimizar la gravedad del contagio en la ciudad de Wuhan, o bien han magnificado la alarma social. En ambos casos, el perjuicio directo para su su economía es tremebundo y difícil de cuantificar en todas sus derivadas futuras. Por lo tanto, no entienden lo que está pasando ni las decisiones que se toman.

Lo evidente es lo último que se ve, pero es solo cuestión de tiempo que lo que es inevitable ocurra inexorablemente. La trampa de liquidez, que analizaba en el Teorema Tricheto, es el grado cero de la apetencia inversora en un entorno globalizado. La aversión al riesgo es un vano intento de retener el valor del dinero frente al descrédito de la moneda que provoca la deflación. Desde que formulé mi tesis en mayo de 2005 para burlarme de los monetaristas y de la crisis sistémica que iban a desencadenar, la Globalización acarrea ya más lodo que agua.

Decía entonces que de la Deflación a la Guerra solo hay un paso. Me equivocaba. Son varios los pasos que nos encaminan hacia el caos. Primero, la Deflación destruye el libre mercado y hunde los precios en beneficio de las rentas oficiales. Luego, los productores, los artesanos, los industriales, y todos aquellos que no viven de los Presupuestos Generales, reclaman precios justos que les permitan vivir. El miedo a la revuelta de los damnificados da pie a las medidas proteccionistas. Buscar competidores a los que endosar el reproche económico es tentador pero quien siembra cizaña en los mercados acaba cosechando pleitos.

El miedo a una pandemia puede propiciar un escenario adverso como el que describí hace dos años. El cierre de fronteras, el confinamiento de la población en sus casas y el freno a la libre circulación de las personas impactará de lleno en aquellas economías que han hipotecado su soberanía y se han endeudado para exportar más. El flete internacional ya está por los suelos y la pregunta natural es: ¿seguiremos vendiendo fuera los productos que podemos necesitar para abastecer nuestros supermercados? ¿O subirán los precios?

El pulso que sostienen EEUU y China por el gigantesco negocio del control social no es banal ni gratuito. Más allá de la guerra comercial, la emergencia sanitaria escenificada en Wuhan va a revelar quién es más vulnerable a la crisis. Tras el 11-S y la Crisis Subprime que provocaron, fueron los países anglosajones de la Triple A los que se hicieron con el control absoluto de los mercados y los que impusieron sus reglas militares, financieras y religiosas. China no salió mal parada de esa anglobalización, pero ahora reclama más protagonismo.

Con el desarrollo de la Informática de Quinta Generación, todos los parámetros de control social que hemos conocido en el pasado van a cambiar. China, Corea y Japón parten con ventaja porque sus poblaciones viven confinadas y sometidas desde hace siglos. El régimen de semi esclavitud que nos quieren vender como “progreso” social y avance tecnológico les resultara muy familiar. Por estrictas que sean esas nuevas reglas, no van a extrañar una libertad que nunca han tenido.

Cualquier excusa es buena, cualquier amenaza sirve para justificar los reglamentos securitarios y las leyes totalitarias que necesita el sistema para crear un entorno liberticida más adecuado. Del mismo modo que EEUU ha jugado a magnificar la amenaza terrorista, China puede querer que seamos conscientes del riesgo que corremos cuando nos acercamos al otro y le damos la mano. El mundo está lleno de virus despiadados.

Lectura obligada:

Coronavirus: La excusa perfecta

© Belge
Autor de: La estafa del euro explicada a un niño de 6 años. De la reunificación alemana a la secesión de Cataluña. Ed. Inlucro.org
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