Archivos de la categoría Big Bang

Números imaginarios


En matemáticas, los números imaginarios son el producto de un número real por i, siendo i la raíz cuadrada de -1. Cuenta la leyenda que para Leibnitz era un sindiós,  un ente sin existencia, de ahí la burla de Euler al bautizarlo como número imaginario i.  Algo parecido ocurre con los tipos de interés negativos. Pagar por prestar el dinero a terceros, ya sean depósitos o créditos, es una anomalía financiera. Es el producto de la Deflación del Valor por la Inflación del Pasivo, en un universo mercantil de tipo totalitario (de suma 0).

Existe una amplia literatura sobre la inflación. Cuando en una zona se construye un puente o una carretera, en una primera fase los salarios abonados y las rentas distribuidas presionan los precios al alza, pero al cabo de un periodo X, la infraestructura empieza a generar valor per se (1+1>2) al tiempo que los precios tienden a bajar. El dinero invertido en bombardear infraestructuras destruye el valor a medio y largo plazo (1 -1<0). Por lógica, podría resumirse postulando que la suma de valor crea riqueza mientras que la suma de comisiones solo genera pleitos.

El enunciado del Teorema Tricheto que precedía la crisis financiera en mayo de 2005 rezaba que los tipos de interés positivos eran incompatibles con la Globalización. En un entorno “totalizado” (cerrado) la suma de la RR (riqueza real) y de la RF (riqueza financiera)  es igual a 1. Los economistas liberales no acaban de asumir y admitir que la suma no puede ser superior a 1 aunque ambas magnitudes crezcan.

Para entender esta curiosa paradoja, hay que acudir a la ciencia lingüística y al estudio evolutivo de distintos idiomas. Una lengua con un corpus gramatical establecido tiende a empobrecerse con el paso del tiempo, al margen de la pujanza económica y cultural de la sociedad. En los últimos 500 años, el francés de Port Royal se ha congelado, a pesar de una profusión de obras literarias sin parangón en la Historia de la Humanidad. Asimismo, el español  que hablaban nuestros antepasados al llegar a América era más rico que el actual.

Lo que está ocurriendo con los tipos de interés negativos es que la suma RF está experimentando un conato de implosión. El Teorema Tricheto predecía una especie de Credit Crunch, tan brusco como violento, para volver a un equilibrio inevitable, pero la realidad está demostrando que el poder de los bancos centrales y las castas del complejo militar-industrial (Eisenhower) es tal  que intentan eliminar por completo el Valor (RR) de la Ecuación. Pretenden bancarizar por completo la Riqueza Real. Reducir prácticamente a Cero el Valor en la ecuación equivale a someter a la esclavitud a la población de todo el planeta. El siguiente paso, tras la hegemonía de los tipos negativos, será criminalizar y perseguir el uso de dinero en efectivo y los títulos de propiedad.

(c) Belge

BIG DATA: el negocio del control social


Cualquier lector apasionado de novelas de Ciencia Ficción está familiarizado con la lógica del BIG DATA.  Los grandes autores del género han desentrañado en sus obras toda la estructura interna del Control Social. Las dos novelas más famosas, sendas de autores británicos preocupados por el auge del totalitarismo, son 1984 y Un Mundo Feliz.  Han traspasado fronteras y sobrevivido al  paso del tiempo.  Los saltos generacionales son la inexorable prueba del algodón para cualquier composición artística o teoría científica.

 

El negocio del Control Social ha irrumpido con fuerza en la economía, de la mano de una globalización comercial y religiosa cada vez más agresiva en sus formas.  La pauta, recurrente, la ilustra la anécdota que contaba el magnate de la prensa Robert Murdoch cuando le preguntaban por el secreto de su éxito en los negocios. “La primera vez que llego a la Redacción,  pregunto educadamente donde están los baños; la segunda vez, voy directamente al servicio; la tercera vez, al que rechista, le meo en la oreja”.

Big data scoring es=&0=&una de esas pequeñas startups  creada hace unos años con el apoyo de MasterCard. Su equipo de trabajo es multidisciplinar y acaba de presentar un algoritmo que permite predecir la solvencia y disposición crediticia de un individuo en función de su rastro en las Redes Sociales.  Como es lógico, el producto se lo han vendido a los bancos.

El algoritmo, testado con éxito este mismo año, es capaz de realizar en dos segundos un rastreo por todo internet y saber si el solicitante de un préstamo lo pagará o no.  Según explica Robert Brunet, el responsable de la empresa,  resultan determinante el lugar de residencia, los amigos, los me gusta de sus redes, el perfil profesional, el puesto alcanzado, la posición social y hasta  ser mencionado en la Wikipedia.

Para ese viaje no se necesitaban alforjas, diría el español de la calle, mientras que un francés habría pontificado: “ils ont inventé le fil à couper le beurre”.   En dos segundos, cualquier director de sucursal bancaria con un mínimo de experiencia profesional era capaz de detectar con un 95% de acierto si un cliente que traspasaba la puerta por primera vez era de los que devolvía los préstamos o no.  Es tan improbable que el algoritmo de Big Data Scoring le conceda un crédito en EEUU a un negro que trabaja repartiendo pizzas como que un frutero ambulante consiguiera una hipoteca a 20 años en España.

No importa solo es el perfil individual, dice Brunet, sino lo que podría definirse como perfil social.  El problema que eso plantea, y que describía un viejo catedrático en Bruselas,  explicando la filosofía de Sartre a un alumnado somnoliento, es que lo NORMAL tiende a ser sustituido por lo NORMATIVO.  Dicho de otro modo: es mucho más fácil predecir el comportamiento de unos vehículos cuando impones las normas de tráfico y limitas el perfil de los usuarios que pueden usar las vías.

Por otra parte, el algoritmo de Big Data Scoring presenta un fallo de base: en la crisis subprime de 2007 no fueron los pobres los que dejaron de pagar sus créditos, sino los profesionales y la clase media más acomodada en los países más ricos y avanzados.  La fórmula de Robert Brunet no habría permitido anticipar la estrategia de Tabula Rasa que un humilde servidor explicó en octubre de 2006.

(c) Belge

Qué, quién, cómo, dónde, cuándo y para qué


Las preguntas del periodismo clásico que se enseñaban en las Facultades Universitarias y redacciones ya no sirven en el siglo XXI. Tampoco servían para el siglo XX, aunque acabaron siendo útiles para colonizar los terrenos colindantes de la Historia y de la Religión. Sirva un ejemplo práctico de relato al uso.

¿Qué? Un crimen, un atentado, un accidente, etc.

¿Quién? Fulanito

¿Cuándo? Ayer, siempre ayer

¿Cómo? Un (re)cuento incongruente, sin memoria

¿Dónde? Aquí. Lo que pasa “allí” no interesa

¿Por qué?  Fulanito es malo

La quiebra del periodismo en el siglo XX ha llegado de los territorios anexionados de la Política, de la Historia y de la Religión.  La prensa mercenaria y sometida a las estrategias de la Política ha acabado por contagiarse de todos sus males, pero es sin duda la fuerte crisis de la Historia y de la Religión la que ha llevado a la debacle actual.  El relato editorial de la Historia y de la Religión ya no se escribe de la misma manera.  A modo de inciso, basta analizar los sangrientos vídeos del Estado Islámico para descubrir las huellas de los patrocinadores y guionistas, y el mensaje comercial escondido tras las impactantes imágenes.  Un videojuego es una secuencia incongruente de imágenes impactantes y que se repiten de un modo rítmico. En el fondo, funciona como cualquier anuncio de propaganda.

Lo que conocemos y experimentamos como Globalización es, en realidad, una nueva forma de guerra de religión.  Han entrado en rumbo de colisión viejas estructuras y sociedades milenarias. Por resumir un concepto de mi Tesis doctoral que llamé TOTALIZACIÓN: los moradores de las ciudades tienden a verse a sí mismo como ciudadanos hermanados de un mismo todo.  Mi tesis, que no mereció un beca del Ministerio de Educación de los gobiernos del Psoe en los años 80, anticipaba más de 20 años la existencia de Internet tal y como lo conocemos ahora.  Por aquel entonces, no tenía del todo claro lo que buscaba.  Y por eso lo encontré.

El nuevo periodismo del siglo XXI, o periodismo en tiempo real que vengo practicando desde 1995, debe intentar contestar a una pregunta fundamental: Para qué. Aquí es necesario hacer otro inciso. En un universo abierto, tiene/tenía sentido formular la pregunta por qué. Es parte del método científico, que nace de la Fe y no de la disidencia religiosa como bien demostró René Descartes. Para conocer el Universo Abierto es necesario interpretar las causas. Una serie de causas fortuitas y/o accidentales originan consecuencias que hay que analizar como un historiador.

La pregunta para qué no trata de averiguar las causas morales de los hechos, ni esconde ningún proceso de intenciones, sino que se limita a analizar su estructura presente y describir su evolución probable en un Universo Acotado/Cerrado. Esto es así porque el hecho observado es necesariamente parte de una estructura. La principal consecuencia es que el “testigo”  (fuente) del Historiador pierde cualquier relevancia en el Método. ¿Para qué son necesarias las estúpidas declaraciones de cualquier político? ¿Para qué son útiles las filtraciones de testigos y protagonistas que podrán ser manipuladas y tergiversadas sin límite por importantes medios de propaganda? Tenemos maravillosos ejemplos de ello en este siglo. En España, sin ir más lejos, el HECHO más importante – el 11M –ha servido para generar confusión y alimentar dinámicas sectarias, pero no para acreditar un relato periodístico o histórico digno de ese nombre.

© Belge. 12-04-2016

 

 

UBER, kilómetro cero


La idea que transpira Madrid es que los ciudadanos se pasan el día circulando con el coche o viajando en el Metro. Es suficiente que se corte el tráfico rodado, como ocurrió en Bruselas el pasado 22 de marzo, para que una Ciudad entera se paralice. El sistema de gestión compartida del kilometraje urbano despliega la lógica oculta de un entorno que ha crecido hasta su límite natural. No caben más coches en las ciudades.  El aro de la M-40, si es que finalmente mide los 40 kilómetros prometidos,  se colapsaría definitivamente con 100.000 coches parados. Lo mismo con la M-30, la M-50 y con las casi 40.000 calles que componen el entramado viario de esos 600 km2 que llaman Madrid.

En teoría, una metrópoli como Madrid en la que tienen su sede el 40% de las 5.000 mayores empresas de España   genera suficiente actividad para mantener ocupada a una población de más de 3 millones de personas oficialmente censadas.  Pero de la teoría a la praxis, se plantea una serie de problemas logísticos. Ni los 3 millones de ciudadanos que viven extramuros pueden acceder con su coche a Madrid sin preparar un atasco monumental,  ni los 3 millones de habitantes de Madrid pueden sacar su vehículo del aparcamiento sin colapsar el tráfico.

La de UBER es un poco la misma lógica surrealista e interesada que impulsó a construir miles de compartimentos poco o nada estancos en los espacios públicos para “proteger” la salud de los no fumadores, en lugar de prohibir fumar. En lugar de favorecer el uso del transporte público y del taxi, se crea un incentivo perverso a la compra de vehículos privados infrautilizados con el pretexto de usarlos en común de un modo más eficiente.  Huelga decir que ganan los fabricantes de vehículos, los productores de petróleo, los intermediarios financieros y pierden consumidores, trabajadores y habitantes de las ciudades.

Por lógica, con 3 millones de unidades, el parque automovilístico en Madrid ocupa una superficie en reposo de 30 millones de m2.  Para los de letras: 30 de los 600 km2 de la capital de España.  Y para las maniobras de aparcamiento, necesita una superficie disponible exclusiva de 1.000 millones de M2.  En resumen: no se pueden mover. Dicho de otro modo:  se puede comprar, se puede admirar, se puede aparcar….y luego no se puede usar.  La solución UBER, muy al estilo protestante y puritano es: vamos a racionalizar el uso del coche que te has comprado pero que no vas a poder usar.  En un futuro no muy lejano, es posible que cada calle y vial debidamente privatizado cuente con su peaje y radar correspondiente.

El gran negocio de ciudades como Londres, París, Bruselas, Madrid o Barcelona salta a la vista. Si el 30% de su población mueve el coche a diario y recorre una media de 50 kilómetros, el consumo de carburante correspondiente asciende a 2.000 euros/año.  Para un municipio como Madrid, es un pellizco de 4.000 millones al año que equivale a todo su Presupuesto. El capitalismo anglosajón y protestante es pasear el coche.

©Belge