El relato de Madrid


(Foto de Regina@digitalistuit. Siones)

El mayor truco del Diablo es hacer creer que no existe. Se oculta tras los titulares que simplifican y mutilan la realidad. En la batalla por Madrid, los políticos y los periodistas mienten por omisión de los datos para favorecer un relato de buenos y malos. En resumen: el gobierno progresista lo hizo lo mejor que pudo para salvar vidas, la ultraderecha ultracatólica lo habría hecho peor como se está viendo en Madrid. A fuerza de repetición, el relato convierte el mensaje en señal y la señal en prejuicios inconscientes. Si el semáforo se pone en rojo, no pensamos: frenamos.

Puede ocurrir que el semáforo esté colocado en una vía recta, sin intersecciones, y que se ponga rojo cuando pasamos. Pisamos el freno y luego pensamos. ¿Por que he frenado si voy solo por la carretera? Acto seguido pensaremos: ¿Qué hace ese semáforo ahí, qué función cumple? Lo último que se nos va a ocurrir es que lo colocaron por error o con mala intención? El Diablo no existe.

La Batalla de Madrid se planteó en mayo, cuando Inés Arrimadas se ofreció a prorrogar el Estado de Alarma sine die. Era tan obvia la intención política del gobierno que la prensa británica y francesa se apresuró a filtrar un nuevo confinamiento de Madrid para el 18 de septiembre, al finalizar las vacaciones de los niños. Todo el verano lo dedicaron a crear el relato de la Segunda Ola. Colocaron semáforos en mitad de todas las rectas.

Como nadie se quiere quedar confinado en casa durante sus vacaciones, la estrategia de los rastreadores contratados por la administración consistía en multiplicar los tests PCR. Nadie quiere verse obligado a permanecer encerrado 14 días en una Casa Rural si un amigo se pone a toser y da positivo. Todos los “contactos” se prestan voluntarios para quedar liberados bajo su propia “responsabilidad”. Huelga decir que cuando la Guardia Civil ha ido a comprobar in situ el “confinamiento voluntario”, la mayoría no estaba en casa.

El relato da un giro de 180 grados al terminar el periodo estival. Muchos quieren quedar confinados en sus casas en lugar de ir a trabajar y pocos se prestan a hacerse el TEST. El número de positivos baja. Finaliza el cuento de la Segunda Ola y empieza el de la saturación de los hospitales. Ya no importa el número creciente de “contagios” y si el número de muertos diarios que Sanidad atribuye al COVID para crear un Estado de Alarma. La corrupta ultraderecha ultracatólica es directamente responsable del incremento de muertes en Madrid. No tiene escrúpulos: antepone sus ansias de poder a la Salud de los ciudadanos.

¿Y qué hay de los hechos? No importan. Los datos verificados no importan, porque el Diablo no existe. El relato se construye en las teles. Unas tertulianas babeantes de ira repiten la monserga. Su objetivo es que el espectador acepte la mentira por omisión que sirve de premisa para el debate social. Así ya no importa que Madrid haya sido la CCAA menos afectada durante los meses de verano y que haya registrado menos defunciones que Andalucía o Cataluña. En vísperas del Puente del Pilar ya pueden decretar el Estado de Alarma y ahorrarle al gobierno una pitada histórica el Día de la Hispanidad. No importará mucho que el día 13 algún juez de guardia sentencie que la medida del Consejo de Ministro es clamorosamente ilegal.

Los datos verificados del Servicio de Vigilancia de la Mortalidad Diaria (Madrid)

 

Mes 2018 2019 2020
Enero 4551 4239 3903
Febrero 3776 3733 3324
Marzo 3778 3590 10256
Abril 3323 3205 9910
Mayo 3170 3270 3662
Junio 3193 3086 2980
Julio 2914 3182 3310
Agosto 2853 2816 3263
Septiembre 2782 2734 3999
Octubre 3131 3260  
Noviembre 3262 3152  
Diciembre 3452 3424  
Total 40.185 39.691 44.607* (55.000)

Fuente: MoMo (ISCIII) y Carlos Iglesias.

Como se aprecia en la tabla, a diferencia de lo que ocurre en toda España, Madrid se contagia en marzo de 2020, no antes. En enero y febrero fallecen 120 madrileños al día en lugar de los 135 de los años anteriores. Es un HECHO notable porque viene a demostrar que la epidemia de SARS COV 2 no pudo originarse ni contagiarse desde Madrid.

Los datos verificados del MOMO, previos a la pandemia, muestran algo más. Para construir su relato e implementar el Estado de Alarma durante meses con el pretexto de “aplanar la curva” el gobierno ha manipulado los datos y ocultado defunciones de 2020 en las estadísticas pasadas de 2017, 2018 y 2019. Mete muertos debajo de la alfombra y los saca del armario a su antojo. Más de 60.000 ancianos que fallecieron en oscuras circunstancias, sin autopsia ni funeral, no aparecen en la contabilidad oficial.

El relato de Madrid va más allá de la anécdota política. La Iglesia Católica ha renunciado a defender su propio relato histórico. No solo ha dejado de celebrar bodas y oficiar funerales, sino que ha renunciado a llevar el registro preciso de las almas difuntas. La Comunidad que organizó y administró durante siglos ha quedado a merced de los lobos.

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Balance del primer año de Pandemia: Historia de una manipulación


Hoy hace un año que empezó la epidemia de SARS COV 2 en España. Cumplimos el primer aniversario del inicio de una crisis socio sanitaria sin parangón. Algún analista ha propuesto llamar Sindemia a ese extraño complejo de mentiras políticas y medidas sanitarias desacertadas que han causado muertes reales y una ruina económica cierta, pero el hecho es que se trata de una Revolución Puritana que desborda el ámbito nacional.

La epidemia arrancó el 6 de octubre de 2019, en Barcelona, procedente de la zona del antiguo Kongo belga. Es la hipótesis más probable. Ese día empieza a definirse una marcada tendencia que eleva el exceso de mortalidad diaria por encima de sus rangos habituales. Entre el 6 de octubre y el 18 de enero de 2020, se dispara un 70%. Desde entonces, hemos insistido en la misma idea: es imposible que no saltaran todas las alarmas en la UE, cuando se han creado servicios epidemiológicos específicos solo para eso.

Este balance es también la historia de una manipulación estadística vergonzante para una nación que presume de democracia. Gracias al espectacular trabajo de Carlos Iglesias, hemos podido analizar, verificar y explicar con cómo han escondido de la alfombra casi 50.000 muertes. Lo hemos contado en un libro (Inmunidad de Rebaño). Es desolador: todo el mundo lo sabe o lo presiente, a nadie le importa. El muerto al hoyo, el vivo al voto.

98.163 muertos, un genocido

La forma más gráfica de presentar la triste realidad tal vez sea la más sencilla. El Antes y el Después. ¿Qué pasaba en 2018 y 2019 antes del 6 de octubre? Estos son los datos del Servicio de Vigilancia de la Mortalidad del Instituto de la Salud CarlosIII.. Del 6 de abril al 5 de octubre fallecieron 179.962 en 2018 y 178.953 en 2019. De media, 977 muertos registrados por día.
aclarando
¿Cuántas personas han fallecido en 2020? Según el MoMo, en su actualización de hoy, del 6 de marzo al 5 de octubre de 2020 han fallecido en España 272.579. Son 1274 muertos por día. 63.558 muertos oficiales desde que el gobierno salió a escenificar políticamente el contagio en las calles de Madrid. Un pregunta ingenua, a bote pronto: ¿Cómo es posible que las cifras “oficiales” del ISCIII sean contradictorias? La respuesta es evidente: se sienten impunes y no se molestan en disimular.

Para verificar la “verdadera” cifra de muertes en España, solo hay que sumar y restar. Fácil. ¿Cuántas personas han fallecido en España durante los 1008 días que transcurren desde el 1 de enero de 2018? Según el Servicio de Vigilancia de la Mortalidad Diaria, son 1.144.164. ¿Cuántas tenían que haber fallecido? En ese periodo, la media de 1037,7 fallecidos al día nos da la cifra total de 1.046.001 decesos. Solo hay que restar: son 98.163 muertos . Pero no debe resultar tan fácil porque la Nomenclatura española insiste en dar por buenas las estadísticas oficiales del gobierno. Lo que es indecente para la clase política, acostumbrada a mentir sin pestañear, casi debería ser tipificado como delito para la casta mediática y la comunidad científica.

Al este balance verificado del primer año de la pandemia en España, habría que sumar los muertos escondidos por el mismo procedimiento en las estadísticas del año 2017 y restar el efecto del confinamiento y la deflación del censo de población, tras la fuga de los “falsos turistas” europeos que anidan en nuestras costas. Un vistazo a los gráficos del EuroMoMo permite hacerse una idea bastante razonable de ese significativo beneficio colateral que eleva el incremento de la tasa de mortalidad en España por encima del 30%.

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P.D Para consultar. El Caso de Madrid.

Para comparar con el resto de países:

Para entender la crisis de la globalización y la Hoja de Ruta en España: afertón

¿Qué es la apropiación indebida de la Inflación?


El debate es recurrente en España. Como si fuera una maldición bíblica, regresamos a añadir capítulos al Desastre del 98 y a Los Males de la Patria de Lucas Mallada. Cuando no se dedica a urdir conspiraciones y revoluciones, la izquierda marxista es adicta al flagelo moral. Todo lo que nos pasa es poco porque somos una raza del sur, inferior, incapaz de administrarse a sí misma. Ya saben: El Kongo belga empieza en los Pirineos.

Por algún motivo extraño, esa izquierda feroz es más bien benevolente con la ruina que nos ha traído Europa desde 2002. Ni siquiera la abrumadora concatenación de hechos probados y sentencias firmes que demuestran que la Unión Monetaria se ha convertido en un problema para la economía española la saca de la retórica al uso. Sin ir más lejos, la Audiencia Nacional acaba de sentenciar que la creación de Bankia que nos exigían Frau Merkel, Herr Schauble y demás comparsas no es punible. Las SIP y los EPA de Zapatero, MAFO y Sebastián que arruinaron a tantos españoles en beneficio de unos pocos catalanes fueron un “lamentable” error.

Legos y profanos, movidos en masa, insisten en hablar de burbuja inmobiliaria para situarse en la historia reciente de España. Han vivido la creación de la Unión Monetaria pero no la han metabolizado. Han experimentado que subieron los precios pero no han acabado de entender lo que supuso la conversión al Euro para sus vidas y sus negocios. Nunca se percataron de lo que les habían hurtado: el sentimiento del mercado y la intuición del valor natural de las cosas. Como si les hubieran teletransportado, de la noche a la mañana, a un país extraño del que no conocían nada.

El desbarajuste de los precios, y la volatilidad propia de cualquier proceso de devaluación, no son inflación. Una casa seguirá siendo la misma casa y en la cuenta en divisas, seguirá figurando la misma cantidad de dólares. Ni la casa ni los dólares valen más de lo que ya valían, pero a los inversores les costará ahora un mayor esfuerzo comprar una casa o unos dólares. Con el cambalache monetario, lo que perciben no es la inflación sino su empobrecimiento por decreto.

La conversión al Euro sirvió para saquear la rentabilidad de las empresas y apropiarse de la inflación de cara a un futuro de tipos negativos. Lo tenían todo previsto y calculado. Como he venido repitiendo durante años, nos prestaron falsa moneda para reclamar la deuda en oro de ley. Toda su estrategia consistía en ganar tiempo. A la espera de un buen pretexto para romper la baraja, se han dedicado a importar deflación.

El debate es recurrente desde entonces, si. ¿Han subido los precios o somos más pobres? ¿Son menos rentables las empresas españolas o son víctimas de competidores desleales? La realidad es que el Euro ha servido para importar bienes y servicios por debajo de sus costes de producción y para pagar el petróleo a precio de oro. Y para refinanciar ese enorme déficit estructural que se iba acumulando, nunca faltó la falsa moneda.

El truco para colonizar un país y su sociedad consiste en subvencionar a un pequeño colectivo de agentes económicos y sociales para que arruinen a sus competidores. Los ganaderos y agricultores elegidos pueden vender a pérdida y satisfacer una demanda sostenida artificialmente, y las empresas subvencionadas que viven de los Presupuestos Generales del Estado ni siquiera deben esforzarse en presentar sus cuentas anuales.

Para apropiarse de la inflación, los partidos políticos y los sindicatos no han dudado en crear un ejército de consumidores “a sueldo”. Son los Siervos del Euro: 1,5 millones de falsos empleados públicos enchufados en las distintas administraciones autonómicas, con salarios completamente artificiales, han permitido sostener durante más de una década la “ilusión de los precios de mercado”. ¿Cómo no iba a colapsar ese sistema antes o después? Malversaron el dinero de las Cajas de Ahorro para seguir ganando tiempo, hasta que Alemania consideró que había llegado el momento de empezar a exigir que le devolviera “su oro”.

En 1992, con 16 millones de pesetas, equivalentes al sueldo neto de 8 años de trabajo, un español podía vivir de las rentas. Lo ha podido seguir haciendo hasta el año 2000, con cuentas remuneradas al 5%. En caso de haber optado por comprar una buena vivienda al contado, la rentabilidad le llegó con el ahorro constante del alquiler. En un y otro caso, el valor del patrimonio ahorrado con esfuerzo y sacrificio fue preservado gracias a la mal afamada inflación.

En buena lógica, en cuanto desaparece la “inflación” lo que aparece es la “usura” que destruye poco a poco el valor de las cosas. Los únicos que mantienen intactas sus rentas son los políticos y los serviles lacayos que viven de prebendas y salarios “oficiales” completamente improductivos e innecesarios. Ellos siguen pagando el café del desayuno a 80 pesetas y no tienen que parar a repostar en las gasolineras: el chófer les recoge en la puerta de su casa.

El español que ganaba 3 millones de pesetas brutas hace 30 años, hoy aspira a que le paguen 1500 euros al mes. Si ha logrado ahorrar 100.000 euros, tiene para pagar la entrada de un piso pequeño en las afueras, o resignarse a que las nuevas Cajas de ahorro fusionadas le soplen 200 euros al año a cambio de nada. Si quisiera vivir de la renta de su patrimonio, con suerte tendría dinero para 4 años, o para pagar el alquiler y los gastos de la casa durante 10 años.

La apropiación indebida de la inflación, que pone a rezar juntos a ricos, marxistas y funcionarios, es eso, amigo Sancho. La inflación es la temperatura del mercado en una economía sana y en una sociedad libre. Es un mecanismo natural que ajusta los precios en función del nivel de actividad empresarial y de la demanda social. Es el termómetro que le indica al mercado lo que realmente necesita la gente en cada momento. Roto el termómetro, son los usureros los que fijan los precios y los políticos los que determinan las necesidades de la sociedad.

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¿Cuáles son las 3 grandes mentiras de la Pandemia?


Distancia social. Las 3 grandes mentiras sobre las que se asienta la Revolución Puritana que está arruinando España son el soniquete de la Pandemia. Las repiten una y otra vez en las televisiones, en las RRSS, en todos los periódicos. Es una matraca moral. El coronavirus se transmite por el aire; la gente se ha contagiado en los bares, bodas y funerales; la epidemia se originó en un mercado de Wuhan. Pero las 3 cosas son imposibles.

El virus SARS COV 2 no se transmite por el aire.

¿Cómo podemos deducir que un virus no se transmite por el aire en condiciones normales? La respuesta es sencilla. Como se ha hecho siempre: Experimentando en laboratorio y en entornos controlados. A excepción de los hospitales, los estudios serios que se han realizado en España no han logrado detectar carga viral en el aire. Dicho de otro modo: no se ha detectado una tasa de contagio significativa en entornos laborales que serían propicios, a priori, para la propagación aérea del virus.

Los pilotos de avión y azafatas, que han operado miles de vuelos antes de conocerse la magnitud de la epidemia, no se han contagiado. Tampoco los conductores de autobuses, los camareros ni las dependientas en supermercados. ¿Cómo es posible que no publiquen todas esas estadísticas irrebatibles? El motivo es evidente. Los estudios epidemiológicos no son concluyentes. Si el virus se transmite por el aire y circula desde octubre, las tripulaciones de las compañías aéreas deberían tener todas anticuerpos.

La situación de estos colectivos que están en contacto con grandes flujos de población contrasta con las estadísticas de las cuidadoras de ancianos y el personal sanitario. Más del 10% de estas plantillas ha sido contagiado de Coronavirus en su lugar de trabajo, con independencia de que se hayan tomado un café en el bar o se hayan ido de boda.

La gente no se contagia en los bares ni en las bodas

Hay cerca de 300.000 bares y restaurantes en España. Es un hecho notable. Tienen como clientela fija a los mismos vecinos de la localidad o del barrio. La mayoría de los parroquianos coinciden en las mismas horas en los mismos sitios. Si la confluencia es un factor determinante, entonces la propagación del virus debe ser bastante homogénea y proporcional al número de establecimientos abiertos al público. La mayoría de los clientes se habría contagiado durante meses sin ni siquiera ser consciente de ello.

En buena lógica, si los bares, las salas de banquete y los velatorios son los principales focos de la epidemia, entonces las regiones envejecidas, despobladas y con menos establecimientos deberían ser, también, las que registran tasas de letalidad más bajas. Y las regiones con más vida social, las más afectadas. Pero no es lo que ocurre. De hecho, ocurre lo contrario. Castilla La Mancha o Extremadura empeoran todas las cifras de Valencia, Baleares o Canarias. Se celebran 6 veces más funerales en Cataluña o Madrid que en Castilla y León.

La realidad es que los clientes habituales de los bares no se han contagiado unos a otros. Si esa fuera la realidad que nos intentan vender, el incremento de la tasa de mortalidad superaría el 30% en todos los pueblos de España, siendo el envejecimiento de la población un factor agravante.

Lo cierto es que no hacen test PCR al salir de misa, ni entre plato y plato, en los banquetes nupciales. Entonces: ¿cómo saben que las personas han sido expuestas al Coronavirus en las bodas? Respuesta: por el peculiar protocolo metodológico que usan los rastreadores contratados por la Administración para recabar datos y crear alarma social. Un sencillo ejemplo puede ayudar a entender toda su perversidad.

En la práctica diaria, pueden darse dos situaciones extremas. La persona que presenta síntomas claros de la enfermedad vive literalmente enclaustrada, sin relación con el mundo exterior, o tiene una vida social y profesional intensa. En teoría, el rastreador debe analizar y anotar los contactos de las últimas 48 horas, pero si la persona vive sola y no ha visto a nadie, es un expediente X. Lo más probable es que le endosen el contagio al último pariente que la visitó. Las relaciones de familia devienen, por defecto, un cómodo cajón de sastre en el que esconder los casos que no encajan.

Cuando la persona que ha dado positivo por COVID tiene una vida activa, lo más probable es que le hayan obligado a hacerse el TEST al ir a un hospital o acudir a su puesto de trabajo tras sus vacaciones. El médico o el rastreador le va pedir, por protocolo, que informe de su vida social reciente. Lo normal, tras un periodo de descanso, es que la persona contagiada recuerde haber estado “recientemente” en una casa rural, de bautizo, de boda o de despedida de solteros, reunida con amigos en un bar. Cualquier acto social, reunión o sarao deviene, a posteriori, la causa más probable del contagio. Nadie se contagia en el Metro o yendo a comprar al Mercadona.

La epidemia de SARS COV 2 no se originó en un mercadillo de Wuhan

Durante más de 1.000 horas de NoDo, a los españoles les han convencido de que la Pandemia de Coronavirus se originó en la ciudad china de Wuhan. Los periodistas, a sueldo del gobierno, suelen aderezar su relato con insidias o rumores no documentados para “darle a entender” a su crédulo público que el virus salió de un laboratorio experimental. Da igual si los hechos probados no encajan: La teoría de la conspiración en modo light sirve para que en un futuro más o menos próximo secunde medidas proteccionistas de “represalia” contra China.

El foco principal de la epidemia de Coronavirus no puede estar en un mercadillo de Wuhan. De haber ocurrido según cuentan las grandes agencias de noticias americanas, toda China y toda Asia se habrían contagiado antes de ser conscientes de ello. Es una población de 4.500 millones de personas, que vive hacinada y con una red sanitaria más precaria que la occidental. A finales de enero, ya sería una hecatombe. Y la realidad es que, tanto si nos creemos las cifras oficiales como si no, el número de bajas fue muy pequeño. Incluso en un país como Irán, con más de 80 millones de ciudadanos, el dato oficial es bajo si lo comparamos con lo que ocurrió en Italia y en España en el mes de marzo.

Que China fuera la primera nación en dar la voz de alarma, el 18 de diciembre, no implica necesariamente que fuera la primera en detectar la extraña epidemia de “gripe”. De hecho, todo apunta a que Alemania ya era consciente de algo en el mes de octubre, cuando empezó a hacer acopio de todo tipo de recursos sanitarios. 86.000 alemanes habían enfermado de fuerte “gripe” y 14.000 de ellos precisaron ser ingresados en la UCI.

Antes o después conoceremos que el Servicio Europeo de Vigilancia de la Mortalidad Diaria, alertó a los gobiernos de toda la UE. Para eso crearon la red epidemiológica EuroMo. Pero mientras aparecen esos informes incriminatorios, debemos seguir analizando el fuerte incremento de la mortalidad que se produce entre el 6 de octubre y el 18 de enero. De 849 a 1443 muertes diarias, antes de que el gobierno de Pekín anunciara a bombo y platillo que iba a construir un segundo hospital en Wuhan.

Por establecer una comparación. Entre el 1 y el 21 de septiembre de 2019, justo antes del contagio de Coronavirus, fallecieron 13.548 españoles de más de 75 años. Entre el 1 y el 21 de septiembre de 2020, han muerto 16.221 personas ancianas. Un 20% más que, extrapolado a todo el ejercicio, nos da una cifra de 80.000 muertes en exceso.

(c) Belge

Nunca formaría parte de un club que me admitiera como socio. Pero toda regla tiene su excepción.