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¿Es buen momento para entrar en bolsa?

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(Sintaxis y gramática generativa de la operativa de futuros (IV)

Cuentan que el legendario magnate John Rockefeller se libró del Crac del 29 cuando su limpiabotas favoritos le preguntó si era buen momento para entrar en bolsa:  decidió que había llegado la hora de vender y salir. Es probablemente la pregunta más formulada en los mercados financieros: “¿Es buen momento…?”.

En bolsa, todos los momentos son iguales, pero unos son más iguales que otros. Dos evidencias empíricas, aparentemente contradictorias. A largo plazo, la suma de momentos arroja una diferencia de rentabilidad media inferior al 2%. Da lo mismo tener puntería que invertir al azar. A largo plazo, el 90% de los valores cotizados habrá desaparecido o valdrá 0.

¿Qué significa esto?  Desde el punto de vista de la lógica, algo  obvio y práctico:  el momento actual pesa mucho más que el momento futuro.  Dicho de otro modo: la tendencia NO es la amiga de los inversores, solo su amante. Y es bastante puta. El inversor que se enamora de la tendencia acaba desplumado.

La explicación lógica de este tipo de paradojas habituales es sencilla: un mercado eficiente – y la bolsa lo es – es ese universo en el que coinciden simultáneamente todas las tendencias. Todo es posible, en todo momento. Puede parecer un inconveniente, es una ventaja.

Si sabemos, empíricamente, que todos los valores cotizado acabarán valiendo 0 y que los índices distorsionan el momento actual, no se verifica el concepto de “suma cero”. En realidad, sale del mercado mucho más dinero que el que entra.  Lo que importa, de verdad, es conocer la velocidad a la que entra y sale. Buenos momentos son, por definición, aquellas fases en la que el dinero entra en bolsa con mucha rapidez y sale despacio. A la inversa, malos son los momentos en que el dinero entra a cámara lenta y sale deprisa.

De esa regla de los mercados eficientes, se deduce una estrategia básica que suele influir en las aperturas y cierres.  Los Creadores de Mercado son como los castores:  intentan regular el curso del río con pequeños diques que van construyendo sobre la marcha. Cuando el agua se estanca, sueltan una presa.

El pequeño inversor que se acerca a la bolsa debe medir la velocidad a la que entra y sale el dinero. Nunca es del todo fácil, aunque con el tiempo desarrolla una fuerte intuición.  En todo caso, el método más fiable es observar el paciente trabajo de los castores y donde van construyendo sus pequeñas presas.

A modo de ejemplo: en la sesión de  hoy, en la bolsa española,  los gestores están construyendo un pequeño dique de retención entre 9200 y 9240, al tiempo que suman posiciones compradoras en un valor tractor como Telefónica.  El objetivo es que el agua tenga suficiente velocidad como para arrastrar el Ibex hasta la zona de los 9800 puntos.

(c) Belge

 

 
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