Economía de la violencia doméstica: la Ley de Belge


Es costumbre llamar Ley a una pauta recurrente que se verifica con el tiempo, al margen de lo acertadas que sean las hipótesis para intentar explicarla.  Por regla general, cuanto más extraña y regular es una pauta, más interesante resulta buscar una explicación racional.  Es de ese modo que nació la Ley Belge sobre la violencia doméstica .

Las agresivas campañas políticas y mediáticas de la última década y la batalla religiosa en torno a la Ideología de Género han popularizado una serie de estadísticas del ámbito de la sociología.  Cada año se producen, en una sociedad determinada, un determinado número de fallecimientos. Ocurren por causas naturales,  por accidente o de manera violenta. A priori podría pensarse que esas cifras varían y fluctúan, en función de las circunstancias, pero, por extraño que parezca, son relativamente constantes, periódicas e invariables.

Emile Durkheim, considerado por muchos como el Padre de las Ciencias Sociales,  demostró con la verificación de sus tesis que determinados fenómenos morales y circunstancias sociales mantienen  correlaciones matemáticas positivas y significativas. El cordón umbilical que une el comportamiento moral individual con la estadística social es el sistema religioso dominante. El concepto de anomía  sirve para analizar desórdenes individuales tan frecuentes como el alcoholismo, el suicidio, los homicidios o la violencia doméstica.

Corría el año 1993. Leyendo unas estadísticas históricas sobre el número de mujeres asesinadas en España por sus parejas , observé que se mantenía constante en torno a 50 casos al año.  No hubo mayor análisis en ese momento. Pero la memoria humana es algo extraña. Con los años, a medida que los medios de comunicación seguían informando  de este tipo de sucesos luctuosos, el dato registrado estaba ahí, rebotando de una neurona a otra hasta convertirse en la intuición de una idea. No recuerdo la fecha exacta, al final de los 90, de su primera formulación.

La idea ilumina siempre la realidad. Crea sentido de un modo metafórico. Por ello, puede decirse que la intuición de una idea es una pequeña metáfora de la realidad.  Al “descubrir” que el asesinato de mujeres se producía de un modo periódico constante y predecible en el tiempo, era inevitable relacionar la naturaleza del fenómeno con el concepto de anomía de Durkheim.  Si un fenómeno violento, aparentemente circunstancial, se produce de un modo constante, periódico y predecible, es inevitable pensar que existe una correlación positiva entre el desorden moral individual y el comportamiento colectivo.

Desde entonces, semana tras semana, se ha verificado la formulación de la idea, en sus términos exactos:  “En España, morirá asesinada cada semana una mujer”.  Por lógica, el análisis de género que relaciona dicha violencia con el machismo dominante de la sociedad es erróneo.  Puede sonar raro, peor a verdadera “causa” es del mismo tipo que la que produce la adicción al alcohol.

Hay, aproximadamente, 12 millones de parejas en España. De ese número, el 5% es relativamente conflictivo.  Pero, en ese lote de 600.000 parejas conflictivas, solo un 10% desemboca en denuncias constantes por maltratos físicos, amenazas y comportamientos agresivos. Y, entre esos 60.000 casos de conflicto grave, equivalentes al 0,5% del total, uno acaba cada semana de modo trágico. Y no se puede evitar que ocurra.

El principal interés de la Ley Belge es su corolario lógico. La violencia doméstica, que provoca la mayor o menor anomía del sistema religioso dominante, no conoce de sexo. Sería tan absurdo como pensar que las mujeres no mueren en los accidentes de tráfico por su condición sexual o por su manera de ver la vida. Lo que sí puede ocurrir es que la violencia letal adopte otras formas. ¿Estamos seguros que todas las muertes certificadas como naturales y accidentales en el ámbito doméstico lo son?

El segundo corolario, inspirado directamente de las tesis de Emile Durkheim, es que sociedades católicas como la española – matriarcal, matrilineal y matrilocal – son mucho menos propensas a la violencia doméstica que otras sociedades patriarcales, aunque que se declaren feministas y liberales.  En la sociedad escandinava, feminista, una mujer tiene de 5 a 10 veces más probabilidades de ser asesinada por su pareja que en España.  Y en la sociedad norteamericana, sexualmente liberada, una mujer tiene de 50 a 100 veces más probabilidades de ser violada que en España.

Un tercer corolario, actualizado, podría expresarse del siguiente modo: a medida que crezca y se imponga en España la Ideología de Género, y la sociedad transite hacia un modelo de sociedad más patriarcal, más feminista y más liberal, crecerá el número de asesinatos en el ámbito doméstico y, en paralelo, la presión política medios para ocultar la nueva realidad y maquillar las estadísticas.

mujer

(c) Belge. 04/01/2017

¿Cuántos coches caben en Madrid?


La respuesta no cabe en la pregunta. Son tantas las circunstancias que gravitan alrededor del coche que para contestar cualquier duda legítima habría que integrar un número de ecuaciones muy variable. La contaminación sea, tal vez, el menor problema o el último de la lista.

Un coche  ocupa una superficie útil entre 5 y 10 m2 en función de los modelos,  pero necesita un mínimo de 30 m2 para maniobrar y aparcar.  De modo que el aspecto más sencillo de la cuestión se resuelve con reglas elementales.  En 1000 km2 de desarrollo urbano optimizado caben un máximo de 33 millones de coches aparcados.

Un problema más complejo es determinar cuantos coches pueden circular en 1000 km2 urbanizados de un modo científico y racional.  Simplificando el mapa, con manzanas de 30 x 30 metros y aceras de 1 metro, las calles tendrían 10 metros de anchas incluida una franja para aparcar el vehículo en cada sentido.  Es decir: 1520 calles de algo más de 30 km de recorrido ocupan aproximadamente  una superficie útil de 500 km2, el 50% de los 1000 km2 totales, para una población de 33 millones de habitantes.

Para los clásicos nacidos antes de mayo del 68 es una obviedad que el coche es el mayor enemigo de la libertad política del ser humano.  Un coche es un preservativo moral y económico. De modo que su conclusión para el problema expuesto sería del tipo siguiente: una ciudad de 30 millones de habitantes con 30 millones de coches sería un campo de concentración con leyes militares y un régimen político y jurídico totalitario en el que los ciudadanos tendrían que pedir permiso con antelación para ir a mear.

Los nacidos a partir de los años 70, por lo contrario,  creen que  la circulación de 30 millones de coches en una red de 48.000 km es solo un problema logístico que se puede resolver con la ayuda de algoritmos informáticos y modificando el sistema jurídico que determina la tenencia y uso de los vehículos.  Ordenar el tráfico es ordenar las cabezas y determinar cómo, dónde y cuando debe desplazarse cada coche, en función de parámetros y circunstancias externas como puedan ser los vientos dominantes o la permanencia de un anticiclón.

Sobre el papel, todos los coches que caben en Madrid  – unos 33 millones de unidades – ocuparían 100.000 km de calles y carreteras, el doble de la superficie disponible, si fueran capaces de circular de un modo perfecto. Pero en el mismo momento en que un solo conductor tocara el freno o detuviera su vehículo por avería o falta de combustible, se necesitarían como mínimo 4 veces la ciudad de Madrid para que pudieran desplazarse algún coche.

La moraleja del cuento es interesante: si cada vez que un conductor quiere aparcar su coche acaba provocando un atasco diferido, con N millones de vehículos saturando la superficie disponible, todos los coches deberían permanecer siempre en movimiento, disparando así todos los niveles de contaminación del aire por encima de cualquier nivel de alerta sanitaria.  Y mientras no se invente el movimiento perpetuo, el bajo rendimiento energético de los motores seguirá disparando el déficit energético de las ciudades y arruinando su economía.

 

 

Refutación de Bernard Henri Levy sobre el populismo


El populismo no es un brote de sarampión. Les jacqueries del siglo XVIII que trajeron la Revolución Francesa y acabaron con el Ancién Régime eran explosiones de rabia política provocadas por las malas cosechas y el creciente peso de los impuestos.  En pleno siglo XX, en Francia, Pierre Poujade era un simple comerciante que se rebela contra un sistema fiscal inicuo que castiga al mundo rural en beneficio de los urbanitas y sus voceros. Es por ello que se considera habitualmente el poujadismo un movimiento reactivo y conservador, frente a la Ilustración que ilumina a las Ciudades. Los Sacerdotes del Progreso, que siempre viven de la leva de impuestos, son los encargados de guiar al rebaño por el Camino correcto.

La tesis de Bernard Henri Lévy, el nuevo filósofo de mi infancia, cabe en el titular de una tribuna de opinión: el populismo es “sólo” un brote patológico que aqueja a una Democracia senil y acomplejada. Es la vieja teoría americana de la postguerra, popularizada por el cine, los medios de comunicación y las grandes agencias de prensa occidentales: el nazismo fue “sólo” el brote psicótico agudo de una sociedad alemana castigada torpe o injustamente por el Tratado de Versailles. Tony Judt, el gran historiador británico, ya denunció en su magna Postguerra  como el Ejercito americano ideó esa estrategia para “blanquear” a los distintos responsables y cómplices del mayor exterminio de la Historia de la Humanidad tras el “oportuno” fallecimiento de Roosevelt.  Fue así como la inmortal Viena de Las Luces, el verdadero foco del nazismo desde las postrimerías del siglo XIX, se convierte por arte de birlibirloque en “víctima” del populismo marxista y germano.  Enfermedad senil, si, pero de la vieja, aristocrática e ilustrada sociedad del Imperio Austro Húngaro.

En las trincheras y en los barros de la Primera Guerra Mundial, los perdedores y supervivientes de la mayor atrocidad de toda la Historia de la Humanidad provocada por capricho fueron tomando consciencia de que el enemigo no estaba enfrente, sino detrás de ellos. Se acabarían amotinando contra esas “élites” que se habían pasado 4 años de guerra asesinando a sus compañeros y amigos por la espalda. De modo que las penurias materiales de los años 20 no debieron ser nada en comparación con la frustración y resentimiento de ver  a los “ganadores” salirse con la suya y volver a subirse al Púlpito a sermonear al rebaño.  Y cuando la hoguera está caliente, cualquier material arde. El lema “el trabajo os hará libres” era una burla a los nuevos pastores de la República de Weimar.

Pero Bernard Henri Lévy se equivoca en lo básico, según nos parece. Los valores del marxismo luterano, que impregnan tanto la sociedad europea como la americana, son incompatibles con la Democracia Parlamentaria, tal y como acertó a analizar el propio Karl Marx en sus escritos. El populismo marxista se nutre de mecanismos y reflejos sectarios que potencian la cohesión en detrimento de la libertad. Ni el individuo libre ni mucho menos el sujeto político caben en ese tipo de organización militarizada.

 

La dialéctica del populismo cabe en el juego de manos de un pequeño aforismo. Si el Populismo fuera “sólo”, como señala BHL, la sustitución de la Razón Ilustrada por la Razón Demoscópica y la Canción mediática, entonces no habría ganado Donald Trump las elecciones en EEUU ni Mariano Rajoy en España.  La explicación de lo que se ha ido repitiendo a lo largo de 2015 y 2016 en regiones del mundo muy diferentes apunta, más bien, que a la “gente” no le importa ser pobre ni padecer penurias económicas si es libre , ni vivir encerrada y atada si se cree rica….pero no soporta saberse pobre y sentirse encerrada y acorralada.

© Belge 30/12/2016

Nunca formaría parte de un club que me admitiera como socio. Pero toda regla tiene su excepción.