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La anglobalización sionista de Ceuta y Melilla


La anglobalización sionista es la forma actual más agresiva del puritanismo anglosajón. Hubo un tiempo en que la herejía más agresiva del protestantismo luterano era el marxismo, como antes lo fue el nazismo, pero la de ahora es una variante híbrida, neofeudal e imperialista que confunde a buena parte de los analistas políticos.

Propongo que se distingan tres corrientes fundamentales en el cristianismo:

1) Un cristianismo pragmático y evolutivo(universal): el catolicismo romano.

2) Un cristianismo ritual o rígido (histórico): el ortodoxismo greco-romano.

3) Un cristianismo líquido o posibilista (feudal): el luteranismo/calvinismo/puritanismo anglo-germano.

El problema que el anglosionismo ha creado en Ceuta (invasión y provocación política) evidencia que España carece de “relato”. El problema de CEUTA es esa AUSENCIA de relato. ¿Qué era el catolicismo en España sino la creación de un poderoso relato fronterizo (en pos de la LIBERTAD UNIVERSAL y en contra del FEUDALISMO) que se exportó a todo el mundo (como diría Gustavo Bueno)?

A los que proceden de la izquierda marxista les cuesta entender que el análisis anterior es extensible al marxismo. No hay ninguna diferencia esencial entre el puritanismo, el sionismo o el marxismo, de ahí que en Ceuta confluyan sin ninguna contradicción distintas tendencias políticas. Las incontables herejías protestantes, casi todas satánicas en el sentido de que adoran o rinden pleitesía al Mal con mayúscula, se caracterizan, en esencia, por ser patologías sociales inmunes al principio de no contradicción. En un momento de gran inspiración, Hegel lo llamó “DIALECTICA”.

La respuesta natural frente a la barbarie anglosionista es precisamente el catolicismo. No es casualidad que concite el odio cerval de los señores feudales del protestantismo y que, en estos momentos, esté siendo vapuleado en España. Desde hace más de 500 años, católicos y ortodoxos son el enemigo a abatir.

Si no hay relato en Ceuta ni en España es porque tras el asesinato de Carrero Blanco, la “derecha española” renuncia de plano al paradigma católico, y cuando lo asume, lo hace de forma vergonzante, como si la verdad, el mérito y la libertad fueran pecaminosos. Pero cuando renuncia a los valores del catolicismo, lo que se le viene encima es toda la mugre feudal y mafiosa, ya sea nazismo, sionismo, marxismo, feminismo o ecologismo de salón.

Ceuta solo se puede defender desde la LIBERTAD, el MÉRITO y la VERDAD, porque son sus fronteras naturales. Más allá reina la barbarie. Por desgracia, no hay ni un solo partido en España que defienda esos valores. Los quinta columnistas del anglosionismo que se prodigan en todas las televisiones, perfumados de puritanismo como fulanas de saldo, lo mismo corean consignas humanitarias y pacifistas que mensajes apocalípticos. Todo les da igual.

La guerra, de entrada, como que no.


En el eco de aquella manifestación del PSOE contra la OTAN, Felipe González nos enseñó una lección amarga: las promesas políticas pueden ser un velo que oculta la permanencia en alianzas belicosas. «De entrada, no», decían los carteles, pero España entró y se quedó.
Hoy, en marzo de 2026, bajo la «Operación Epic Fury» de Trump, Estados Unidos repite el guion con Irán, invocando una amenaza nuclear inminente que, como en Irak 2003, huele a engaño deliberado. Recordemos: en 2003, la inteligencia estadounidense fabricó pruebas de armas de destrucción masiva para justificar una invasión que costó cientos de miles de vidas. Fue un acto diabólico, no solo por la muerte, sino por el quiebre de la verdad. Si un mentiroso miente una vez con tal magnitud, ¿puede redimirse? La lógica formal nos dice que no. Un mentiroso absoluto, como el Diablo, no puede decir la verdad; su naturaleza es expandir el mal, contagiarlo a través de planos existenciales falsos.

Wittgenstein lo intuyó en su Tractatus: el lenguaje crea universos acotados, superpuestos, pero el mentiroso los pervierte, generando realidades simbólicas vacías. Sin fe —ese salto kierkegaardiano más allá de lo comunicable—, el lenguaje se reduce a sonidos huecos, a proposiciones sin esencia. El animal, en su plano único, nunca miente: ve, comunica, sobrevive sin invocar al Diablo. Es lo que es. Estados Unidos, al cruzar esa línea en 2003, se convirtió en ese mentiroso absoluto. Todo lo que dice sobre Irán —que reconstruía un programa nuclear estructurado, que la amenaza era inminente— es mentira por definición. Aunque Rafael Grossi, de la IAEA, repita el 2 de marzo de 2026 que «no vemos un programa estructurado para fabricar armas nucleares», y que no hay daños en instalaciones clave, su coincidencia con la narrativa yanqui solo revela el contagio: el mal se expande por miedo, codicia, ira geopolítica.

Irán no tiene armas nucleares operativas; su stock de uranio al 60 % es riesgoso, pero no inminente. Trump exagera para justificar bombardeos masivos, hundimientos de barcos, escalada en Ormuz. Es unilateralismo agresivo, sin ONU, sin aliados genuinos. Europa, España incluida, calla o asiente, recordando el «de entrada, no» que se volvió sí. Esta agresión no es defensa; es pretexto para cambio de régimen, expansión imperial. El problema que plantea EEUU es existencial: un poder que miente sistemáticamente erosiona la fe en el lenguaje internacional, en los tratados, en la paz.

Sin verdad, solo queda la existencia política, el contagio del Mal. Kierkegaard lo vio: hay un salto de fe más allá de lo comunicable. Pero el mentiroso absoluto no salta; genera infinitos planos falsos para justificar la guerra. De lo que no se puede hablar —la verdad muda—, hay que callar, o hablar solo con Dios. Pero en política, el silencio es complicidad.

La guerra, de entrada, como que no. No por cobardía, sino por lógica: si el agresor es un mentiroso eterno, su justificación es siempre falsa. España lo sabe desde González; el mundo, desde Irak. Irán 2026 es un eco diabólico de todas las mentiras del pasado: no caigamos de nuevo en esa trampa. La primera vez que el Diablo te engaña, la culpa es suya. La segunda vez, la culpa es tuya. Luego, ya forma parte del MAL.

(Belge)

El 23F explicado a un niño de 6 años:


Para entender lo que ocurrió hace 45 años, en el Congreso de los Diputados, hay que explicárselo a un niño de 6 años. El 23F de Tejero fue la escenificación que blindó el golpe real.

El verdadero golpe de estado no ocurrió el 23 de febrero de 1981. Ocurrió semanas antes, en la penumbra de la Zarzuela y los cuarteles, cuando el Rey Juan Carlos, bajo presión estadounidense y ante el malestar creciente del Ejército por ETA y la crisis económica, forzó la dimisión de Adolfo Suárez mediante amenazas directas de sublevación si no abandonaba la Moncloa.

Suárez no era un actor político cualquiera. Surgió como el hombre inesperado que, desde el magnicidio de Luis Carrero Blanco en diciembre de 1973 —operación que, según la lógica de los hechos, abrió la vía a la cesión del Sáhara que el almirante se negaba a entregar—, comenzó a desbaratar sistemáticamente las tácticas de Washington para controlar la Transición.

Abundan los testimonios directos que recogen cómo esa presión regia llegó a ser amenaza explícita: si no se iba, el riesgo de sublevación militar sería inminente. Suárez, que había consolidado su figura de estadista al legalizar el Partido Comunista y fragmentar el voto de izquierda, se había convertido en obstáculo insoportable para Washington, la CIA y la propia Corona.

En aquella reunión que precipitó la “dimisión” de Suárez, debieron elegir a Leopoldo Calvo-Sotelo como candidato de consenso: era el hombre partidario de la OTAN, aceptable para el Rey, el Ejército, EEUU y el propio dimisionario en su salida controlada. Sin embargo, el Rey y la CIA aspiraban a algo más profundo: que el PSOE alcanzara el poder cuanto antes para alinear definitivamente a España con sus intereses estratégicos en el Magreb y el Sáhara Occidental. En el Congreso, la mayoría de los grupos —incluidos nacionalistas y socialistas— empujaban en esa misma dirección, pidiendo elecciones anticipadas inmediatas, dada la fractura irreversible de UCD.

El sector militar encarnado por Armada y Milans del Bosch rechazaba entregar el país a AP, nacionalistas, socialistas o comunistas. Su meta era que, a falta de un candidato fuerte, Calvo-Sotelo fuera investido de inmediato. El Rey aparentó sellar el pacto por Calvo-Sotelo, pero había susurrado al oído del general Armada un plan alternativo: presentar un segundo candidato que le abriera la puerta del Gobierno al PSOE. Milans del Bosch, al constatar que el Rey y Armada se la habían jugado, y Calvo-Sotelo no lograría la mayoría simple en segunda votación, decidió romper la baraja. Sacó tanques a las calles de Valencia en una escenificación de fuerza deliberada y despachó a su hombre de confianza, Antonio Tejero, al Congreso para bloquear la sesión de investidura e impedir la entrada de Armada. La consigna debió ser hacer un poco de ruido y disparar al techo, y convocar a la máxima autoridad militar vigente como quien invoca a un fantasma en una sesión de espiritismo. Milans del Bosch creía saber lo que estaba haciendo, cerrando la puerta a la posibilidad de un segundo candidato y desbaratando el plan del Rey y la CIA, pero en realidad, estaba llevando al PSOE en volandas hacia la Moncloa.

El Rey, enfrentado al caos que él mismo había contribuido a crear, no tuvo más salida que abortar la operación alternativa y aceptar la investidura inmediata de Calvo-Sotelo, retornando al guion original. En el juicio de 1982, Armada solicitó por escrito permiso al Rey para declarar y exponer su verdad completa; se lo negaron, pero su gesto dejó grabado en actas que siempre había obedecido órdenes superiores. El comandante José Cortina, figura clave de los servicios de inteligencia con contactos previos con el embajador estadounidense, amenazó con aclarar toda la verdad sobre el asesinato de Carrero Blanco si alguien intentaba que cargara con el “marrón” del 23-F.

La CIA y el PSOE asumieron Calvo-Sotelo como mal menor transitorio, empleándose a fondo para desgastar su gobierno. Un mes después, Calvo Sotelo se vio golpeado por la crisis del síndrome tóxico del aceite de colza; su gobierno quedó tocado de un modo irreversible. El PSOE ganó las elecciones de octubre de 1982 y ha dominado la vida política española durante más de cuatro décadas —con alianzas nacionalistas, control institucional y respaldo estadounidense—, culminando ese ciclo estratégico con el reconocimiento oficial de la soberanía marroquí sobre el Sáhara en marzo de 2022.

El 23 de febrero no fue un golpe de estado fallido, fue la escenificación “dura” que dinamitó el golpe blando pactado y aseguró, paradójicamente, que el golpe de estado contra Suárez, que había sido una verdadera chapuza, alcanzara su objetivo real.

La Sociedad Degenerada y el Derecho a la Gesticulación Subrogada


A los periodistas españoles les encantan los debates morales. No hay ningún riesgo y pueden parir divertidas ocurrencias en sus aburridas columnas. Desde hace tantos años, a Ana Obregón, hija y nieta de constructores antes que aspirante a bióloga, deberían hacerle un monumento en las redacciones o, en su defecto, darle un programa de televisión por Navidad. 

La foto a lo Michael Jackson – blanco subrogado – en Miami me ha recordado una que me mandó a Invertia  un tuno de Zaragoza – Eduardo – cuando hacía las Américas. Al natural, con las tetas caídas, Ana Obregon no se parece  a la Obregon.  10 años después, sale en la portada del Hola con un bebé en brazos. La portada es lo que importa, el gesto. Rodeada de paparazzis, ya nunca estará sola.

La sociedad degenerada es un compendio de seres vivos sin género definido. Su poder es el mismo que el de una planta en la repisa de una ventana – ninguno – pero tiene derechos tutelados por un ejército de comisarios políticos (luteranos, calvinistas, puritanos, evangélicos, sajones angulados y cuadrados, ecologistas, calentólogos, marxistas pre y post pandémicos, socialistas puteros, podemitas, liberalios, etc) que buscan clientes a los que representar. 

El derecho a la Gesticulación Subrogada es, más allá de la pose, un sudoku jurídico tan difícil de resolver, o más, que la Reforma de la Financiación Autonómica. Si se entiende – historiadores e intelectuales serios y rigurosos – que la Civilización Romana y Católica alcanzó su apogeo con la defensa del MATRIMONIO,  es un verdadero reto intentar imaginar un marco fiscal y tributario en el que encaje la cría de cachorros humanos por cuenta propia o ajena. Si se paga por horas, el precio de la criatura no baja de los 300.000 euros brutos, sin contar servicios adicionales que se podrían contratar aparte, como el fornicio previo o la crianza posterior. 

Dios da mocos a los que no tienen pañuelo, y la tropa puritana al completo se enfrenta a un verdadero desafío teológico que puede acabar colapsando todo su sistema de valores. Por 300.000 euros al año, es más rentable ser madre que ser puta en un club de carretera. Si además, eres rubia, alta y atractiva, tienes trabajo garantizado para 10 años.  ¿Qué impedirá que cada vez más jóvenes mujeres aspiren a hacerse rica follando como conejas en lugar de estudiar una carrera universitaria que no conduce a nada? 

Lógicamente, los puritanos se verán en la tesitura de tener que regular la actividad, delegando en los marxistas la ingrata tarea de tener que justificar la intervención en el sector, mientras fingen seguir defendiendo el libre derecho a la gesticulación subrogada de todos, y no sólo de los gays, trans, binarios alternativos, abuelas desdentadas y mamarrachos de la tercera fase. ¿Qué iba a ser, sino, de la tremenda sobrepoblación que amenaza al planeta Tierra?

Pues bien: intentar imaginar el régimen de autorizaciones previas del derecho a la gesticulación subrogada es un reto lógico sin par. ¿A qué clase de ser vivo o de planta le permitirá el Estado Degenerado tener un heredero y porqué? ¿Cómo se blindará  el colectivo frente a las demandas de los legítimos herederos del finado si aparece, gestado en el último suspiro, un tercero?

(Continuará)

P.D: La maternidad parecía un derecho inalienable. Con la excusa de regular la Gestación Subrogada, intervendrán y limitarán el derecho a la maternidad