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El Estado de Conmoción (II)

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Llegados a este punto del análisis, es necesario abrir el plano.  En sus últimos 50 años de Historia, España ha entrado tres veces en  “estado de conmoción”.  El 20 diciembre de 1973, el magnicidio del Almirante Carrero Blanco impactaba en la Opinión Pública y condicionaba la Transición del régimen post franquista a la restauración de la monarquía parlamentaria. La Conspiración para cambiar el mapa político no fue esclarecida. El 23 de febrero de 1981, el Teniente Coronel  Antonio Tejero entra en el Congreso, pistola en mano, y deja a toda España en vela.  La Opinión Pública sigue sin saber quién es ese Elefante Blanco que cambió el mapa político. El 11 de marzo de 2004, un atentado terrorista en Madrid deja 192 muertos y 2000 heridos tirados en el suelo y provoca un vuelco en el mapa político.  Sigue sin conocerse qué fuerzas políticas organizaron, patrocinaron y encubrieron la Conspiración de Atocha.

En los tres relatos, se observan dos mismas pautas estructurales. Se puede describir, la primera,  como la increíble “cadena de negligencias” que permite a unos conspiradores “aficionados” alcanzar sus objetivos a pesar de su manifiesta “torpeza”.  El encubrimiento posterior conforma la segunda pauta característica: fija como Dogma de Fe una Verdad Oficial que deja sin respuesta todas las preguntas pertinentes.

Después de perpetrarse los atentados de Las Ramblas y Cambrils, y darse a conocer que la CIA había alertado al CNI, a la Policía, a la Guardia Civil y, específicamente, a los Mossos, la inevitable pregunta es:  ¿Porqué avisa la CIA en mayo que los yihadistas buscan provocar un Estado de Conmoción en Barcelona? No lo hizo el 20 D, el 23 F, ni el 11 M. En estos tres casos, todo apunta a que fueron los Servicios Secretos franceses los que intentaron, en vano, alertar al gobierno español.  http://www.abc.es/espana/catalunya/abci-alerto-mossos-preparaba-atentado-rambla-segun-periodico-201708310857_noticia.html

Y ese pan tiene más miga de lo que parece.  La Policía autonómica de la Generalitat y el resto de Fuerzas de Seguridad de Estado reciben una comunicación directa de la Inteligencia americana, el 25 de mayo, que confirma un atentado contra los turistas durante el verano y sitúa el escenario en Las Ramblas. Los vecinos afectados por la explosión ¿fortuita? de la casa de Alcanar el 16 de agosto aportan su testimonio de modo espontáneo, y explican a los periodistas que el chalet, propiedad del Banco Popular, había sido discretamente okupado unos pocos meses antes.  “Pocos meses” parece implicar, de un modo lógico, que las centrales de inteligencia americana tenían controlada la célula de Alcanar y conocían la misión de sus integrantes.

La misión de los yihadistas marroquíes, según fuentes judiciales, era alquilar 3 furgonetas, llenarlas con 100 kilos de TATP, bombonas de gas y metralla, para provocar una matanza en La Ramblas y atentar contra la Sagrada Familia.  Los “chicos” perfectamente catalanizados de Ripoll , a decir de sus psicólogos y pedagogos, buscaban dañar el emblema católico y modernista  que Gaudí legó a la Ciudad Condal.  Y, de nuevo, la inevitable pregunta se impone: ¿por qué motivo iban a querer dañar al mismo tiempo los intereses turísticos básicos y el icono universal  de Barcelona? ¿Qué interés razonable podían tener unos chicos perfectamente integrados en provocar un verdadero Estado de Conmoción en Cataluña y en España?

 

 

(sigue)
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