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La estafa del Euro explicada a un accionista de Repsol

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20 años de cal y 20 años de arena. Una Bolsa en pesetas y otra en euros. Habían sido años de bonanza bursátil y los inversores se despedían de un siglo lleno de pesetas con sus viejas acciones de Telefónica rozando los 100 euros y los títulos de Repsol y Popular por encima de los 70 euros. Pero a modo de traca llegaron los splits, las grandes compras estratégicas y la supresión del derecho de suscripción preferente por el art. 33. ¡Y, con el milenialismo, faltaba por venir lo mejor!

La compra de YPF, con un dólar en máximos y un barril de petróleo en mínimos, fue oscura, difícil de entender e imposible de encajar en la contabilidad oficial de Repsol. Para financiar la inversión, Alfonso Cortina acometió una ampliación de 288 millones títulos nuevos a 19,36 euros, sin contar un emisión de obligaciones convertibles por un importe de 2.000 millones de euros. Entre los pitos de la OPA inicial (3 billones de pesetas equivalentes a la capitalización total de Repsol) y las flautas de la inversión comprometida in situ (2 billones de pesetas), el Lobby catalán le endosó la broma de la operación a los accionistas y a los consumidores españoles. 

Antes de que se consumara el esperpento de la expropiación de YPF, y que la traición de nuestros socios europeos fuera como el preámbulo de lo que vino después del 1-0, la gestión de Repsol-YPF ya era puro dislate. Su cotización, en bolsa, por los suelos. Con un agravante notable: Todas las petroleras del mundo disparaban sus beneficios con la monstruosa subida del precio del barril y repartían dividendos a espuertas.

Durante toda la burbuja del petróleo, que se prolonga hasta el reventón de 2008, Repsol abonó a sus accionistas un retorno bruto de 3,66 euros por título. En los 4 ejercicios siguientes, hasta la confiscación de facto de YPF, recibieron otros 3,43 euros. Dicho de otro modo: a cambio de los 19,36 euros invertidos en la ampliación de capital sin derecho de suscripción preferente, recibieron 7,09 euros brutos antes de impuestos y un dividendo extraordinario de 1 euro tras la expropiación forzosa. Casi nada.

Mariano Rajoy llegó a tiempo a La Moncloa para montar el FLA y rescatar de la quiebra a todas las empresas del Lobby catalán. De ese modo, con Brufau a la cabeza, Repsol regresó a su negocio natural, que no es otro que esquilmar al consumidor español. Con un barril de petróleo cotizando al mismo precio, en el surtidor el litro de gasóleo costaba el doble. Fue cuando empezaron a decir que sus carburantes eran mejores que los de la competencia. Claro.

Desde que España forma parte de la Unión Monetaria, con un Euro fuerte y un petróleo por las nubes, el déficit energético que ha habido que financiar cada año no ha bajado de los 25.000 millones de euros. Es una “deuda exterior”, vía importación de combustible, que supera el medio billón de euros, sin contar los intereses acumulados. Es un pésimo negocio recaudar impuestos que solo benefician a la Industria alemana y a las petroleras americanas.

Para los viejos inversores españoles que acudían al parquet en busca de rentabilidad, Telefónica, Repsol y Popular eran la quintaesencia misma de la Bolsa. Su mejor expresión. Valores seguros, valores tranquilos, con una rentabilidad por dividendos, excelente. Nada mejor que seguirles la pista, para conocer cuál ha sido la evolución del mercado en estos últimos 20 años.

Telefónica estrenó el siglo superando los 100.000 millones de euros de capitalización, con el Ibex 35 muy por encima de los 12.000 puntos. El mejor banco del mundo, el Popular, rondaba los 8.000 millones y Repsol valía más de 22.000 millones de euros. 10 millones de pesetas, distribuidos en tres lotes de 20.000 euros, son cómodos de manejar y analizar. Por simplificar, equivalen a: 600 títulos de Telefónica, 1000 títulos de Repsol y 1400 títulos de Popular.

 

Repsol Telefónica Popular
1999-2003 2,14 euros 0,31 euros 1,45 euros
2004-2008 3,22 euros 3,00 euros 1,90 euros
2009-2013 5,00 euros 5,00 euros 0,59 euros
2014-2018 3,96 euros 3,03 euros 0,19 euros
Total 14,32 euros 11,34 euros 4,13 euros
Retorno Bruto 28.000 euros 11.280 euros 5.180 euros
Rentabilidad Neta 15% (0,7% año) -55% (-4%) -83%  (-10%)

 

El millenial que metió 60.000 euros en los valores más representativos de la Bolsa, queriendo emular la suerte de sus mayores, tiene hoy 40.000 euros brutos, sumando los dividendos percibidos. Poco más de 30.000 euros netos. Es el famoso Índice Largo con el que los Siervos del Euro buscan camelar a los nuevos clientes. Podemos hacer piruetas en el aire, pero la suma no da para más. El Selectivo se ha dejado un 28,2% en este siglo, en línea con lo que se han dejado los accionistas de Telefónica, Repsol y Popular. 

El Índice Largo del Ibex 35, dentro de la Unión Monetaria, debe ser algo así como el Sexo de los Ángeles. Lo que nos decían en clase, para cuadrar conceptos a martillazos. Si no tenemos en cuenta que 15 de los 35 valores han desaparecido, dejando tras de sí un reguero de damnificados, que hay que pagar impuestos y comisiones, que en lugar de pagar dividendos amplían capital, entonces llegamos a todas partes sin despeinarnos. 

© Belge
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