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Periodista especializado en Economía

Vuelve la Liga, vuelve la Quiniela de Inlucro

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La temporada de fútbol se anuncia con importantes y trascendentales novedades. Las dos principales son el VAR y la elección de Rubiales al frente de la Federación.

El VAR ha demostrado en el Mundial que es contraproducente y no evita, sino potencia, que el arbitraje favorezca al equipo grande frente al pequeño. Con el VAR se racionaliza y potencia esa asimetría.  Y Rubiales, que ha logrado el prodigio de hacer bueno a Villar en solo 15 días, es un político hosco y antimadridista, un mercenario al servicio del Barcelona.

El partido de la Supercopa que se disputó este miércoles ha mostrado todas las carencias del Real Madrid, que son exactamente las mismas que las que presentaba la temporada pasada.  Eso si, juega mucho más compacto. Y el Atlético se ha postulado como principal candidato para ganar la Liga, con el permiso de Rubiales.

Los lectores y usuarios que quieran participar en la Quiniela semanal solo tienen que manifestar su interés.

La Quiniela

Partido Pronóstico Pronósticco Pronóstico Resultado
Celta Español 2 2 2
Villarreal Sociedad 12 1X X2
Barcelona Alavés 1 12 1X
Eibar Huesca X2 1X 12
Rayo Sevilla 1 1 1
Valencia Atklético 1X X2 12
Bilbao Leganés X2 1X 12
Lugo Málaga 1 1 1
Elche Granada 2 2 2
Alcorcón Gijón X2 12 1X
Oviedo Extremadura 1 1 1
Mallorca Osasuna X2 12 1X
Zaragoza Majadahonda 1 1 1
Las Palmas Reus 1X 1 X
Madrid Getafe 3-1 3-1 3-1

3 columnas 7 dobles reducidos. 36 euros


Lista provisional de Participantes 2018/2019

Bote + premios Participante Total Jugado 2017/18 Jornada 1
50 Cascoporro 125 euros 3
10 euros + 1,94 Andrés 122 euros 3
17 Tartesos 121 euros 3
Charly 82 euros
47 Konstancio 86 euros 3
Dave 82 euros
Kikova 126 euros
16 euros + 2,32 Sawalhas 122 euros 3
47 euros Belge 139 euros 3
100 Vincent 121 euros 3
165 + 20,83 euros Capodimonte 202 euros 3
Santiago 79 euros
Lechu 144 euros 3
Alfonso 188 euros 3
+18,80 euros Club InLucro 22,5 euros 6

3 columnas reducidas (36 euros)


Ganarás el pan con el sudor de tu frente. Por Arnelas

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Ese fue el castigo bíblico que Dios impuso a Adán y Eva. Y ese es el origen de la economía. Quien quiere pan debe entregar algo a cambio.

En el mundo occidental la ración básica de supervivencia es la barra de pan, como en Asia lo es la escudilla de arroz. Una economía colapsa si no es capaz de proporcionar como mínimo la ración básica de supervivencia a toda su población.

En ocasiones he hecho el ejercicio de calcular aproximadamente el valor de la vivienda básica de nueva construcción en zonas de crecimiento de población (piso de 60 m2 en barrio “obrero”) en valor constante, pero expresando el valor en barras de pan. Es asombroso comprobar que apenas cambia en los últimos cincuenta años. Los valores anteriores no tienen significado real, a causa de la guerra civil y la posguerra (en la guerra hubo quien cambió una casa por una hogaza de pan, para no morir de hambre)

En la economía moderna el capital ha entrado a saco en el negocio del pan, intentando sustituir la verdadera moneda, el pan hecho por el panadero en una panadería, por falsa moneda, el pan industrial que nos venden en los hipermercados por debajo de coste, hecho a base de masa congelada.

En la aldea de mi madre, en Galicia, hacían un pan extraordinario, insuperable. El panadero, un hombre bueno hasta decir basta, y que trabajaba de joven en una panadería a unos cinco kilómetros de la aldea, se estableció por su cuenta y abrió su propia panadería cuando se casó.

Harina de calidad. El agua de su pozo. Levadura natural de masa madre. Amasado a mano. Horneado en horno tradicional de leña. Un festín. Aquel pan se podía comer dos o tres días después y seguía estando estupendo.

En Vizcaya, en los años sesenta, las panaderías de las zonas urbanas empezaron poco a poco a ser sustituidas por “despachos de pan”, donde alguien que no era panadero vendía algo de aspecto parecido al pan, pero que no era pan de verdad. Lo voy a llamar “aquello”.

“Aquello” se producía en grandes instalaciones llamadas panificadoras industriales. La mayor de ellas se llamaba Harino Panadera, S.A.

Cuando Harino Panadera creció lo suficiente y la acción sindical ya no era perseguida, su plantilla consiguió librar los domingos. Por tanto ya no había pan, perdón, “aquello”, fresco los domingos, sino que se vendía “aquello” duro, hecho el sábado. Tendría yo por entonces catorce o quince años. Estábamos a mediados de los setenta, con Franco recién enterrado, como quien dice.

En verano, cuando íbamos de vacaciones al pueblo, comíamos aquel pan primoroso, hecho por un panadero que se levantaba junto con su yerno a las cuatro de la madrugada y sudaba como un cabrón en el horno de leña. Era tan bueno aquel pan que lo compraba toda la aldea y mucha gente de los alrededores. Lo distribuían las dos hijas hasta las casas en una furgoneta Citröen. Anteriormente lo había hecho la madre, en bicicleta primero, según me contaron, y en una Mobilette después, que yo llegué a ver. Los vecinos, que no tenían tiempo para ir a la panadería porque trabajaban el campo, dejaban una bolsa de tela colgada en la cancela de la casa, y cuando volvían del trabajo encontraban allí aquel tesoro.

El pan se pagaba a la semana, si se coincidía algún día con el reparto, y si no era posible se iba el sábado o el domingo a la panadería a pagar. Nunca a nadie le faltó su pan, y nunca al panadero le falló nadie al pago. Claro, que allí la gente aún dejaba la puerta de casa sin cerrar con llave cuando marchaban al campo. Eran otros tiempos.

Al mismo tiempo que en Vizcaya dejó de haber “aquello” fresco los domingos el panadero de la aldea, con nietos ya de mi edad, amplió el negocio, pensando en el futuro de aquellos nietos. Instaló una amasadora (hasta entonces amasaban a mano) y un horno eléctrico. Pero seguían haciendo también la misma cantidad de pan que antes a la manera tradicional, amasado a mano y en horno de leña. No había dinero suficiente para instalar maquinaria para sustituir todo su trabajo, sólo para la ampliación de capacidad.

Se notaba la diferencia, y la gente que sabía distinguir pedía el pan más auténtico.

Aquella panadería sigue existiendo. El panadero murió y ahora el negocio lo lleva el yerno (hasta que el cuerpo aguante, porque hace años que tiene edad para jubilarse) Se trasladaron a una nave más grande, a unos trescientos metros de la panadería original.

Ya no se amasa a mano, ni hay horno de leña. Pero la harina sigue siendo de primera y la fermentación se hace con masa madre.

Ya no reparten a domicilio, aunque hace poco tiempo que dejaron de hacerlo. Era extemporáneo ver bolsas con pan en las puertas de los bloques de pisos en Villagarcía de Arosa. Ahora son los clientes los que hacen seis o siete kilómetros hasta el obrador en la aldea.

El pan ya no es tan bueno como hace cuarenta años. Pero sigue siendo un pan extraordinario en comparación con lo que nos venden en la ciudad.

El precio de la bolla de pan es ahora de dos euros cincuenta. Esa bolla hace más de dos barras de “aquello”, de las que ahora cuestan un euro en la ciudad. El precio de una pieza de la mitad de tamaño, de espelta pero de masa congelada, en las franquicias de Bértiz, la más conocida de Vizcaya, es de tres euros cincuenta. Y no le llega a la suela del zapato al pan de verdad de la aldea.

Bértiz, que no vende a pérdida como los hipermercados sino que intenta ganar dinero con su pan, tiene mileuristas fabricando la masa congelada y horneando y despachando el pan.

Las panificadoras industriales quebraron cuando los hipermercados empezaron a vender pan a pérdidas, hecho a base de masa congelada y horneado en su propia “tahona” dentro del hipermercado.

Por el camino abrieron, cerraron, volvieron a abrir y cerrar… muchas “tahonas”, un palabro muy chic, incluidas las de los pioneros que se las tuvieron tiesas con los empleados de Harino Panadera en los ochenta, cuando empezaron a hornear pan los domingos porque la gente estaba ya harta de comer “aquello” duro.

Me río yo de la famosa idea de la “economía de escala”. Tanto máster en economía y resulta que incluso pagando salarios de miseria nadie es capaz de poner en marcha un modelo de negocio que pueda competir en calidad y en precio con una panadería tradicional. Debe de ser que el sudor del panadero es más valioso que un máster.

El cliente que no vive en Villagarcía, donde la panadería de la aldea abrió hace años un despacho de venta, paga dos euros cincuenta y un trayecto de doce o quince kilómetros entre ida y vuelta para ir a por pan de verdad.

Eso sí. Allí no se puede comprar ninguna “bagette”, ni “chapata”, como nos venden en las ciudades. Las piezas se siguen llamando barras y bollas, como toda la vida. Ni se puede tomar café, como en Bértiz y similares. No es tan chic, ni tan moderno.

La panadería de la aldea sigue siendo el sustento de las familias de la siguiente generación, que ahora son las dos hijas y el yerno de aquel hombre bueno, y dos de sus nietas. El negocio ha pagado una vida digna a todos ellos, sus casas, sus coches, los estudios de sus hijos,…

Y yo sigo comprando allí el pan cada vez que puedo. Por ejemplo, mañana pienso ir a saludar a las nietas, y a comprar una bolla de dos euros cincuenta.

¿Pan duro? ¿Pan de chicle? Los cojones. Sólo un miserable se conforma con “aquello” pudiendo comer pan de verdad.

(c) Arnelas

En defensa de las licencias de Taxis y de los precios regulados

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Rescatamos, por su interés y actualidad, un hilo abierto por Arnelas en Twitter, al calor de la polémica provocada por el derecho a la huelga del colectivo de taxistas. Al margen de casos particulares y circunstancias, la batalla del Taxi encierra una bonita metáfora sobre la deriva que está tomando la anglobalización.

“La ilustrativa historia de Unión Pacific y South Pacific. Por Arnelas.

La gente que pide que desaparezcan los servicios regulados, en realidad no sabe lo que pide. Los servicios que son regulados lo son porque son servicios que se consideran básicos y se pretende que todo el mundo tenga garantizado el acceso al servicio.Un ejemplo es el servicio de Correos. Si sólo hubiese empresas privadas de mensajería habría muchos lugares de difícil acceso, despoblados, etc… sin servicio de correo. Otros ejemplos: la luz, las farmacias, los estancos,…Algunos servicios acabaron siendo públicos o regulados porque la libre competencia no garantizaba el “servicio universal”

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De la Economía como Dogma religioso

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El principal truco del Diablo es hacer creer que no existe. Al hilo de un pequeño debate abierto con Carles Sirera Miralles en Twitter, no he podido por menos que recordar la enseñanza de mi profesor Jean Jacques Bude, en la Universidad Libre de Bruselas. Toda su cátedra de Psicología Social versaba sobre el constructo de la Economía moderna que se deriva del relato religioso al final de la Edad Media, cuando colisionan los paradigmas del Justiprecio y de la Usura.

Apunta Carles Sirera que la pretendida Ciencia Económica, disfrazada de rigurosa econometría y preñada de fórmulas matemáticas, se basa en la asumpción de una narración histórica sin la menor entidad científica. Ninguno de los postulados que cimentan la reflexión académica y las teorías económicas ha sido verificado por los historiadores.

En alguno de los párrafos iniciales de La Estafa del Euro explicada a un niño de 6 años aludo a que las diferentes generaciones de nuestra civilización occidental que se han sucedido en los últimos 2500 años siempre se han interpretado a sí mismas como modernas y actuales. El neopositivismo de las teorías de la modernidad y de sus distintos avatares es un mero reflejo del sectarismo fundamentalista y etnocéntrico que alimentan los sacerdotes del templo. Semos los mejores, los más libres, los más modernos, los más avanzados y los más guapos: hay que seguir avanzando en la misma dirección.

Pero ¿qué hay realmente detrás del relato económico de la modernez? El éxito de la anglobalización – según la feliz expresión que le leo a Sirera – no se debe a la validez de sus principales tesis económicas, morales y religiosas, sino a dos tipos de circunstancias históricas más o menos afortunadas. Las epidemias de Peste en la Europa Septentrional liberan a muchos siervos del yugo feudal: se origina una feroz competencia por asegurarse la reducida mano de obra disponible. Se transita así del concepto de la “disponibilidad” del esclavo sumiso al de la “utilidad” del trabajador mercenario.De un modo “natural” se desarrollan en esos países los “burgos” y “ciudades” de tipo feudal, frente al modelo de urbanismo “democrático” o popular del Sur meridional, que acaba propiciando el Corso para suplir la fuerte despoblación y la escasez de personal en talleres, campos y fábricas.

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