En la mayoría de los países desarrollados, 2 de cada 3 personas dependen de los Presupuestos Generales del Estado y del dinero que su Administración sea capaz de recaudar. En España, emplea a 3 millones de personas, subvenciona la actividad de 1 millón de empresas y abona 10 millones de pensiones públicas. Ocurre lo mismo en los demás países del entorno monetario. Con el tiempo, la Administración ha usurpado la legitimidad del Estado y se ha convertido en una Empresa. Cada 4 años finge elegir a su Consejo de Administración, con gran aparato ideológicos y fuegos artificiales. Lo llama democracia.El momento político se intuye con facilidad, en función de lo cruentas que sean las batallas que se libran. Si ya no corre la sangre y no se oye el chasquido seco de la guillotina, es que la Empresa ha quedado bajo control. La renovación del Consejo de Administración, cuando toca, es una pachanga protocolaria y mediática de resultado previsible.De aquí a la cita con las urnas el 28 de abril, vamos a publicar un pequeño barómetro puntual del momento electoral de las distintas fuerzas que aspiran a controlar la Administración. Se basa en observaciones directas del tablero y en el análisis de las distintas tendencias, puntuando de 1 a 10 la estrategia política de cada partido.1-2: Muy mala, negativa3-4: Mala, negativa5-6: Aceptable, regular, neutra7-8: Buena, positiva9-10: Excelente, muy positiva
Parece que al fin se plantea abiertamente la hipótesis más obvia: Que el 11-M se pensó en la Francia de Chirac, se preparó en Marruecos, alguien lo ejecutó, y el PSOE de Zapatero aceptó el regalo y lo tapó. Francia obtendría la renuncia de España a las condiciones de Niza y se quitaría de enmedio una España que se apoyaba en EEUU (recordemos la foto de las Azores) y le obstruía en su construcción de una Europa controlada por el eje Chirac-Schroeder. Y sí, este tipo de estrategias no son tan ajenas a la tradición de Francia. Recordemos el santuario de ETA, dando cobijo a los criminales que atentaban en España, o el apoyo al terrorista Arafat, destrozando Palestina para usarla contra un Israel afín a EEUU. Marruecos obtendría un cambio de postura de España respecto del Sahara. Y Zapatero conseguiría el gobierno y a cambio de ponerse a las órdenes de Chirac en política exterior. Sé que parece excesivamente falto de escrúpulos, pero recordemos el árbol y las nueces de Arzalluz. Los dirigentes de partidos a veces hacen estas vilezas. Y, quede claro, no serían Francia, Marruecos o el PSOE. Sino algunos franceses, marroquíes y socialistas. Gente concreta y prácticas concretas que convendría depurar.
9 millones de españoles han dejado de nacer desde 1982. La estadística es elocuente. Ninguna guerra, por larga y cruenta que fuera, habría dejado tal saldo de vidas perdidas, semejante vacío en la sociedad contemporánea. Pero ha sido una tragedia silente. No se escribieron artículos, no se publicaron libros, no se firmaron manifiestos. No estaba entre nosotros Emile Zola para reprochar al PSOE su política de desnatalidad y convertirse en testigo de cargo. “Puisqu’ils ont osé, j’oserai aussi, moi. La vérité, je la dirai, car j’ai promis de la dire(…) Mon devoir est de parler, je ne veux pas être complice”.La desnatalidad está preñada de nihilismo; va más allá de promover el aborto e intervenir la planificación familiar: bajo su disfraz maltusiano, busca perpetrar una política de limpieza étnica. La obsesión por controlar la población de católicos pobres, de negros y demás razas inferiores sometidas es muy característica de la colonización anglosajona y protestante. Pero es la Alemania luterana, que llega tarde al genuino reparto colonial, la que lleva esa obsesión nihilista por el espacio vital hasta su paroxismo. El Partido Nacional Socialista Obrero Alemán de Adolf Hitler llevó los conceptos marxistas de esterilización, contracepción y eutanasia activa hasta el delirio político.Entre 1988 y 2017, se han practicado 2.273.168 abortos legales en España. La cifra la facilita el Foro de la Familia y no contempla los viajes al extranjero ni las intervenciones clandestinas de los primeros años. Es un dato espectacular que conviene matizar y explicar. En los últimos 10 años,
Al hilo del debate que se ha abierto sobre la optimización del voto, es útil recordar lo que decíamos en febrero: “Una campaña electoral de perfil bajo, descafeinada por las vacaciones de Semana Santa, puentes festivos y romerías tradicionales en media España, tiene como principal objetivo forzar unas tablas en el Congreso que mantengan la herida abierta de cara a la noche del 26 de mayo y a la sentencia del Supremo por el 1-0, pero con un Senado favorable. A nadie se le escapa que la composición de la Cámara Alta del 26 de junio de 2016 resultó providencial para frenar el Golpe de Estado institucional y frenar reforma feudal de la Constitución por la puerta de atrás. La clave para entender lo que puede y no puede ocurrir el 28 de abril está en el análisis del voto estructural. Un pacto de facto entre PSOE y Podemos, que favorezca el voto útil en las provincias necesarias, deja a la Marca Unidos Podemos bastante debilitada en el conjunto de España, pero le permite al Psoe de Sánchez pasar de los 95-100 a los 115-120 diputados, hacerse con la mayoría absoluta en el Senado y construir un relato favorable de cara a las elecciones municipales y autonómicas. Aunque no sea un resultado suficiente para reeditar una mayoría de gobierno con sus actuales socios, le brinda a Pedro Sánchez y al Psoe una coartada política y moral para seguir gobernando en funciones con los Presupuestos de Mariano Rajoy y convocar unas nuevas elecciones a finales del mes de octubre de 2019. Y este será, con toda probabilidad, el momento en que saquen de la chistera el conejo de la reforma feudal y la necesidad de ir a unas elecciones constituyentes. La excusa electoral para ello es obvia: la única coalición que suma votos para gobernar la conforman PSOE, Ciudadanos y Podemos