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Año 1. Día 7. EUTANAZIA

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«Eutanazi: Diccionario de la neolengua española. Adj. Dícese del ciudadano del IV Reich, tras la Reforma de la Unión Europea. Perteneciente o relativo a Eutanazia».

El genocidio de ancianos que quiere aprobar Holanda antes de que acabe 2020 es un rasgo genuino del nihilismo que impera en Europa. La cultura de la muerte, que popularizó el Partido Socialista Obrero Alemán en los años 30, sólo alcanza su dimensión natural cuando se implementa como política de exterminio. La vanguardia puritana del pueblo elegido que reclama el “derecho a la muerte” no va a parar hasta lograr imponerlo como “obligación” para la mayoría de los ciudadanos. Sobrevivir más allá de los 70 años será considerado un delito, salvo para unos pocos privilegiados que acrediten lo mucho que pueden seguir aportando a la sociedad.

El Paradigma Nazi nace, como tal, en Sachsenhausen, al norte de Berlín. El lugar que bautizan, literalmente, como Sajonia Viva, no era sólo un campo de concentración, ni una escuela taller para futuros cuadros y capos de la Schutzstaffel, era un lugar de “redención” por el trabajo. Los socialistas de Adolf Hitler se burlaban de la proclama religiosa de los luteranos en la cancela del campo, pero idearon todas las formas posibles de exprimir al ser humano hasta la muerte. Construyeron 43.000 campos como Sachsenhausen al servicio de las empresas alemanas y allí explotaron, agotaron y asesinaron a 15 millones de trabajadores y prisioneros.

El deber de eutanasia, cuando el viejo ha sido estrujado y ya no le encuentra sentido a una vida de mierda, es un acto de misericordia para con un individuo cansado. La pastilla letal es un beneficio para sus herederos, un ahorro para la Administración y un alivio para la Naturaleza. El tiro de gracia sin prescripción médica previene toda la contingencia ideológica relacionada con el envejecimiento y evita el contagio de dudas religiosas.

© Belge

Año cero. Día 15. El achique de espacio

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Operación torero muerto. La mofa de los apparatchiks del PSOE es una obscenidad política. Acular al bicho en tablas para cortarle la coleta, dicen. En el mismo momento que Pablo Iglesias se giró hacia la bancada socialista para mentar a Felipe González, su acusación quedaba grabada en bronce. La venganza del PSOE ha sido apropiarse del discurso y programa de Podemos. Achique de espacio.

Franco volverá al Pardo 44 años años después de fallecer. La Sentencia del Tribunal Supremo , en su obscena unanimidad, es una enmienda a la Transición. Una gran victoria política para Pablo Iglesias. Si el Supremo valida implícitamente que el Pacto de la Transición fue ilegítimo, está socavando los pilares de la Constitución de 1978. ETA tenía razón, decía el líder de Podemos. Ahora también lo dicen el PSOE y el Tribunal Supremo.

Nadie parece interesado en recalcar lo más obvio. La misma sentencia que dinamita la legitimidad de la institución monárquica con carácter retroactivo es la que blanquea a un presidente de gobierno que no salió de las urnas y usurpó el papel de Jefe de la Oposición para saltarse el espíritu y la letra de la Constitución. Lo de menos es si trasladan los huesos de histórico Jefe de Estado al panteón familiar de El Pardo o hacen caldo de cocido con ellos.

El príncipe Juan Carlos de Borbón nació en Roma, y allí vivió sus primeros años. La impronta italiana en su personalidad es esa “finezza” tan sutil que resulta difícil de traducir. El español suena cínico a fuerza de ser pragmático, pero el italiano lo es por sobredosis de sabiduría. A los 100 años todos son calvos, si, pero el italiano aprecia que “Cuando finaliza el juego, el Rey y el Peón vuelven a la misma caja”. Es la misma distancia que va del pacto político de la Transición a la sutil venganza de Juan Carlos I. En contra de la voluntad del anterior Jefe del Estado, que deseaba reposar en El Pardo, lo mandó inhumar en la misma caja que los humildes soldados abandonados en los campos de batalla y en las fosas comunes.

La Sentencia del Tribunal Supremo es inmoral por cuanto adultera la Memoria Histórica y blanquea que el Ejército Republicano abandonaba a sus soldados movilizados allí donde caían muertos. Miles de campesinos alistados a la fuerza fueron enterrados sin identidad en improvisadas fosas comunes. El gobierno republicano nunca fue juzgado por el crimen de contravenir sistemática y deliberadamente la Convención de Ginebra.

El verdadero sarcasmo de que Sánchez quiera identificar a los campesinos que dejaban tirados en las cunetas es que pretende malversar el Gasto Público para comprar votos y llenar el pesebre en beneficio de los mismos socialistas y nacionalistas que se aprovecharon 40 años del régimen franquista. La bochornosa unanimidad del Tribunal Supremo nos aboca a una Reforma de la Constitución sin consenso y nos adentra sin remedio por la senda del Totalitarismo Marxista.

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La colonización marxista del Reino del Kongo

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Ya sea por razones fisiológicas, por sesgo cognitivo o pereza ideológica, suele ocurrir que lo evidente es lo último que se ve. Un buen libro cumple su función cuando descubre al profano la lógica oculta de las cosas que pasan. Congo lo es. Desde la primera página, es un bofetón de realidad con la mano abierta. El tono elegido para el relato es idóneo.

Empezaré por una anécdota extraña. Cuenta David Van Reibrouck que el invento de un humilde veterinario escocés salvó a Leopoldo II de la quiebra más absoluta. Un golpe de fortuna extraordinario. El libre comercio había arruinado a Leopoldo II, al convertirlo en propietario de un territorio tan vasto como el continente europeo del que no conseguía extraer ninguna renta. El neumático de Dunlop revolucionaba toda la Industria, convertía el Estado Libre del Congo en el primer exportador mundial de caucho y al monarca belga de origen alemán en el hombre más rico de la Vía Láctea.

La extracción del preciado latex de las lianas de caucho devino una despiadada servidumbre, una manera de pagar impuestos al Rey de los Belgas. Los habitantes del inmenso Reino del Kongo fueron reducidos, de facto, a la esclavitud. Los funcionarios y empleados del Monarca iban a comisión en el lucrativo negocio y no dudaban en emplear la fuerza y la violencia para incrementar la producción. En lugar de incentivos, los nativos recibían balas. Locura y terror en el corazón de las tinieblas.

Los mercenarios locales, armados por Leopoldo II, disparaban con pólvora del Rey. Para evitar los abusos, y que se dedicaran a la caza furtiva para alimentar a sus propias familias, los funcionarios belgas les obligaban a justificar cada bala que disparaban. De ese modo nació la curiosa costumbre de amputar la mano derecha a los recolectores de caucho a los que asesinaban por no cumplir con la producción de latex asignada.

La globalización y la revolución industrial empezaron, como se ve, de un modo absurdo. El libre comercio en África Central provocó un genocidio y una catástrofe humanitaria sin precedentes, cuyas consecuencias se prolongan hasta hoy. A tientas, y sin proponérselo realmente, Leopoldo II de Sajonia-Coburgo-Gotha había inventado una nueva forma de colonización.

El Reparto de África

La colonización tardía del Congo fue el preámbulo del siglo XXI. Por resumir: los sueños de la razón positivista y de la globalización comercial producen monstruos. La locura nihilista que se deriva del Idealismo Alemán lleva dos siglos causando estragos en todo el planeta. La taxonomía tribalista que ha desolado Europa y África, con barniz de ciencia etnográfica, no es sino la enésima mutación del rancio feudalismo germano. Nos engañaron a todos con la historia de las naciones y pueblos europeos y nos han tomado el pelo con el cuento de las tribus africanas. Con las mismas coartadas científicas, los mismos embustes culturales y las mismas finalidades políticas.

Fue algo realmente fortuito.Fue el azar y no la necesidad el que impulsó a Leopoldo II de Sajonia-Coburgo-Gotha a inventar una nueva fórmula de colonización. Bélgica, un estado tampón creado para separar a católicos y protestantes de Francia y Alemania, era demasiado insignificante para aspirar a nada en el nuevo reparto colonial de los territorios del ancho mundo. Berlín, la capital del Reich, llegaba tarde a la fiesta y no sabía muy bien cómo romper la baraja. Leopoldo II era hijo de Leopoldo, un ambicioso y calculador príncipe alemán al que Francia había vetado en España. Tras quedar apartado del trono Inglés, y rechazar el de Grecia, había acabado por aceptar ser el Rey de los Belgas. Y de alguna manera extraña, todas las grandes cancillerías de la época debieron considerar que quedaban en deuda con aquel providencial aliado.

Con el pretexto de cartografiar el río Congo, Leopoldo II había financiado sin fondo al explorador Morton Stanley y otros aventureros. Lo que tenía en mente era brillante: poder llegar al reparto de África en la Conferencia de Berlín con una propuesta ingeniosa. ¿Porque no crear en el corazón de África un gigantesco territorio a imagen y semejanza de Bélgica en Europa? ¿Un territorio neutral en el que el libre comercio estaría asegurado para todas las partes? Leopoldo II se ofrecía como garante y avalista del acuerdo. Así nació, con la bendición de la Alemania de Bismark, el Estado Libre del Congo. Era un No Estado: una finca privada de unos 10 millones de km2, administrada desde Bruselas.

La Colonización Marxista

Es difícil imaginar el reto que supone la gestión de una finca privada tan vasta como el continente europeo. De menos a más, la compleja administración de la propia casa, de una comunidad de vecinos o de una pequeña empresa, ya invita a la reflexión. Entre 1885 y 1906, el Rey Leopoldo II intenta crear el embrión de una administración desde la más absoluta nada, en una sociedad que no usa dinero para sus intercambios. Produce sudores fríos solo de pensarlo.

El terror no es una circunstancia política, es una pauta económica fundamental. Los expertos no se ponen de acuerdo sobre el número de víctimas, entre 10 y 15 millones de personas, pero sí sobre la causa del genocidio: la explotación del caucho. Es un rango similar al que dejó, en Ucrania, la colectivización forzosa del campo, y al de los 43.000 campos de trabajo que los alemanes construyeron en el Este de Europa entre 1940 y 1945. Las poblaciones asesinadas y atemorizadas huyen de sus casas y son hacinadas en arrabales de ciudades y campos de refugiados sin infraestructuras.

La pauta se repite idéntica, una y otra vez, en África, en Asia, en América Latina. Las milicias y los mercenarios pagados por la Industria siembran el terror entre los campesinos y provocan desplazamientos masivos hacia las ciudades. La desertificación del mundo rural y empobrecimiento de la dieta tradicional desploman la natalidad y aceleran el envejecimiento de la población. En el Congo de Leopoldo II, se pudo observar ese fenómeno, por primera vez y con total nitidez.

Otro rasgo propio del paradigma marxista y nacional socialista alemán, que ya se aprecia en el Congo, es su obsesión por controlar y manipular la composición étnica de la sociedad y limitar sus movimientos. Ingeniería social, avant la lettre. Como no existían clase obrera oprimida, burguesía explotadora ni malvados usureros judíos, se inventaron tribus características y se trajeron inmigrantes de otras regiones de África para trabajar en las minas de cobre y diamantes.

La tarea era ciclópea y Leopoldo II ya estaba exhausto y moribundo. En 1908 le endosaba la gestión de su propiedad al Parlamento Belga. El Estado Libre del Congo pasaba a ser oficialmente el Congo Belga, con una nueva política colonial muy similar a la de Sudáfrica: los blancos con los blancos y los negros con los negros.

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Año 0. Día 4. Barcelona, donde la espalda pierde su nombre

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Totalitarismo. Mil nombres para el sexo, solo uno para el amor.  Puede que sean mil etiquetas para no decir nada. Es estado de sumisión frente a la administración que se desboca.

Barcelona, la Ciudad de los Prodigios, a punto de tener un Regidor de Esquerra Republicana. La corrupta burguesía mandó emisario al norte para contratar al mejor mercenario. Pero Francia les ha vendido paquete por liebre, mulo paticojo.  194.461 votos: el listón mínimo que debe superar, lejos de los 868.365 que consiguió Arrimadas. Chupado: se queda  con 133.427. ¡Mon Dieu! ¡Qué ridículo! No es nada fácil pregonar virtudes y señalar herejes cuando se pierden 735.000 votos.

Con esa resaca de 6 concejales, el corrupto gremio quiere blanquear a Colau. Les hace gracia la chica que un día okupó el Consistorio para poder amargarle al Rey Felipe VI sus visitas oficiales.  Le faltaron los ovarios de la Forcadell, para recibir a Otegi y hacerse la foto, pero nobody is perfect.

El Liverpool humilla al Barça de Messi, Manuel Carlos Vals Galfetti se nos viene a las Españas a hacer de viejo verde, y Ernest Maragall, ya parece el listo de la familia: ¡algo grande está pasando en Barcelona!